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Ni en el infierno, Eduardo Padrón

El consejo de Dios es que comiencen a compartir. Que dejen de acomodar las cosas y las relaciones para su provecho e inicien una vida que sea de beneficio para otros

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Un cuento cuyo origen se le asigna a la Secta hebrea de los Jassidim creada en el siglo XVII, nos dice que durante una oración, se escuchó decir al rabí Apta lo siguiente: «Señor, tengo plena conciencia de que no poseo la más mínima virtud, ni tengo ningún mérito para entrar al Paraíso de los Justos después de mi muerte. Si Tu voluntad es enviarme al Infierno en medio de los malos, tú sabes de sobra que no estoy hecho para entenderme con ellos. Por eso te ruego que, antes de arrojarme a mí al Infierno, saques de allí a todos los hombres que lo habitan».
El personaje de nuestro cuento hizo una petición que posiblemente sería, de hacerse realidad, la misma que harían muchas personas hoy. ¿Por qué? Son varias las razones que podrían mencionarse, sin embargo, compartiré solo una y, tal vez, solo tal vez, alguien diga: «eso es conmigo». ¿A cuál razón me refiero? A la incapacidad de llevársela bien con otros. Sí, es cierto que allí, en ese tenebroso lugar llamado el infierno, será imposible congeniar con alguien. Pero lamentablemente, en esta vida hay personas que tampoco lo logran, aunque las condiciones les favorezcan. ¿Eres acaso una de ellas?
Hay personas que no pueden o no desean congeniar con otros. Están llenos de un sentimiento de hostilidad, competencia, egoísmo y además, almacenan una buena dosis de agresividad. Esa, que manifiestan en sus hogares, en la oficina y en la calle. Solo se sienten bien cuando todo funciona a su favor, cuando las cosas están saliendo como les gusta o cuando sus caprichos y deseos son satisfechos. Son vivos ejemplos de cuando hay una evidente ausencia de virtudes y mucho fracaso en las relaciones humanas. No obstante, tal posición de fuerza y de aislamiento oculta en lo más profundo de sus vidas, infelicidad y frustración. En el fondo desean ser felices, pero no saben cómo.
El consejo de Dios para ellos es que comiencen a compartir. Que dejen de acomodar las cosas y las relaciones para su provecho e inicien una vida que sea de beneficio para otros. La Biblia da dos buenos consejos en torno a esto. Primero dice: «Den a otros, y Dios les dará a ustedes…». Y segundo: «Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes…». Estas son reglas de oro que, si las practicas con fe y perseverancia, te sacarán del cieno de la frustración y del aislamiento en el que te encuentras.
Pero una cosa más, estas reglas fueron escritas para mejorar tus relaciones con los demás, pero Dios tiene una que mejorará tu relación con Él. El Señor Jesucristo dijo: «De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida». Cree esta verdad y ábrele tu corazón a Jesús. Tu relación con Dios cambiará en ese mismo instante.

Eduardo Padrón
Pastor, maestro y escritor
Min. Educación y Cambio

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