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Michelle Aguilar: “Dios es quien me define”

(SoySegundo/ VyV – REDACCIÓN).-

Para Michelle Aguilar, la joven norteamericana ganadora del programa, ‘El mayor perdedor’ (The biggest loser), la pérdida de peso no se enfocaba sólo en su peso corporal, sino también en sus cargas espirituales.
Michelle creció en un hogar tranquilo y feliz, lo que ella conocía como «una familia cristiana», con unos padres amorosos y una vida de felicidad. Pero a la edad de 18 años, su mamá la llamó por teléfono, mientras Michelle estaba en el trabajo, para informarle que se iba de la casa.
Aguilar no entendía de dónde venía esta decisión de su madre, pues para ella, su familia era completamente feliz. En ese momento, Michelle comenzó a sentirse confundida y muy herida. Esa confusión la comenzó a atormentar hasta el punto de pensar que algo que ella había hecho había ocasionado que su mamá la abandonara.
Michelle comenzó a internalizar su dolor, a sentirse sola, sin nadie con quien buscar consejo, a sentirse rechazada y debido a todos estos sentimientos, ella tomó la decisión de decirle a su mamá que se veía obligada a amarla desde lejos porque no le volvería a hablar jamás; estaba llena de rencor.

Desorden alimenticio
Cuando se molestaba o se deprimía por la situación pensaba que podía comerse algo sabroso que la hiciera olvidar el asunto, pero luego se sentía culpable. A medida que comía se sentía mal por lo que estaba comiendo y también por el hecho de comer constantemente, y eso la hacía sentir aun peor, «era como un círculo vicioso», dijo Michelle; «necesitaba consuelo, entonces comía porque creía que eso me ayudaría, pero me daba cuenta que no funcionaba y pensaba que debía comer más y tampoco funcionaba», agregó.
«Creo que cuando te sientes mal y no tienes el control de tu vida, es muy fácil recurrir a la comida para mitigar el dolor», confesó. Aguilar engordó alrededor de 50 kilos en poco tiempo. «Asumí que la sonrisa en mi rostro tapaba mis sentimientos reales. Las personas me preguntaban cómo estaba y yo decía que estaba bien con una sonrisa, nadie sabía cómo me sentía y esa sonrisa ayudaba a terminar la conversación y seguir con mi vida», expresó.
Confiesa que muchas veces al entrar en su carro sencillamente comenzaba a llorar desconsoladamente porque sabía que su vida era una farsa, su sonrisa era falsa. «En mi mente pensaba que si le contaba a alguien lo que me estaba pasando y cómo me sentía, me abandonarían también».

El mayor perdedor
El mayor perdedor (The biggest loser) es un programa realizado y transmitido en EE.UU donde las personas deben trabajar en parejas y en una competencia para ver quién pierde más peso en un período de tiempo.
Michelle supo del programa a través de una amiga que había asistido a una invitación abierta. Ella se vio interesada, «pensé que el programa me ayudaría a perder 20 kilos de mi peso y después irme a casa y sentirme bien por ello».
Recibí una llamada del programa que básicamente se centraba en que quien perdiera el mayor porcentaje de peso ganaría 50 mil dólares. Hablé con mi papá al respecto y él me aconsejó que llamara a mi madre para asistir al programa con ella.
En ese momento sentí que Dios me estaba dando una segunda oportunidad para recomenzar mi vida y cambiar de adentro para afuera, «esta puede ser una buena opción si estás dispuesta a hacerlo», dijo Michelle sobre el mensaje que le dio el Señor. «Llamé a mi mamá y le dije que esta podía ser una buena oportunidad para hacer algo juntas», dijo Michelle.
Desde el inicio de la competencia, Dios comenzó a trabajar en Michelle. Ella debía perdonar y sacar toda amargura y rencor de su corazón para poder dejar atrás ese desorden alimenticio que le causaba su obesidad y no le traía felicidad.
La competencia era padres con hijos contra esposos y esposas, y Michelle observaba cómo todos tenían una muy buena relación familiar y una gran conexión entre ellos, pero al ver a su mamá sólo podía reconocer la fuente de su dolor y de su problema alimenticio. «Todos estaban con alguien a quien amaban y yo estaba en el programa con una persona a quien básicamente no conocía», recordó.

Su encuentro con Dios
Durante la competencia, llegó el momento de participar en uno de los retos donde debía lanzarse en un tanque de agua y aguantar el mayor tiempo posible mientras este se vaciaba. Cuando Michelle se lanzó al agua, recibió un golpe en la boca que le partió un pedacito de un diente. Este fue el detonante, «cuando el diente se me rompió fue como si me hubiesen quitado la coraza y me dijeran: Mírate ya no puedes sonreír, ¿qué piensas hacer ahora?», pensó en ese momento.
Este fue un momento decisivo en su vida, quería retirarse y dejarlo todo porque sentía mucho dolor «físico y emocional». Recuerda hablar con Dios esa noche y preguntarle «¿qué quieres que haga?».
«Estaba acostada, completamente quebrantada y entendí que yo no podía hacerlo sola. Le dije: ‘Dios, si puedes usarme, si tú quieres que yo me quede en la competencia, entonces me quedo y te lo doy todo a ti’», clamó.
A partir de ese momento, esa misma noche las cosas comenzaron a cambiar. «Fue como si mi cuerpo hubiese soltado todo lo que estaba aguantando, toda la basura que traía en mí, fue el momento de soltar todo».
Michelle continuó en la competencia y ganó, perdió 50 kilos en total, más de lo esperado. «Cuando me presenté en la final era una persona totalmente cambiada. Comencé a caminar verdaderamente en el amor y el perdón hacia mi mamá, así que no era la balanza de peso lo que me iba a definir ni la sonrisa en mi cara me definía… sino que Dios todo el tiempo era quien me definía», expresó.
Finalmente, con el amor de Dios, Michelle perdonó a su mamá, rompió con toda amargura, falta de perdón y tormento en su vida y pudo ser libre del desorden alimenticio que padecía.
«Saber que verdaderamente puedo entregarle todo a Dios, de que Él es suficiente en mi vida y de que Él no se apartaría de mi lado jamás, sólo demuestra que el yo tener el control de mi vida es realmente no tenerlo, porque Cristo es primero en mi vida y sé que con Él yo estoy completa».
Michelle vivió experiencias negativas en su vida que la llevaron a un desorden alimenticio, si estás en la misma situación o conoces a alguien que esté en ese lugar, recurre a Dios para que puedas ser sano, Jesús dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6, RVC), ábrele tu corazón a Jesucristo y así llegarás al Padre celestial, quien a fin de cuentas es el único que puede definir tu vida en verdad.

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