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Mi mente, ¿lejos de Dios?, Yanintza Aguilera de Yervez

Sabemos que nuestro país está pasando por un momento crítico, es un momento que nosotros como seres humanos no lo podemos obviar pues afectan en gran medida nuestra mente. Muchos pensamientos nos acorralan y nos torturan por la simple razón de que no sabemos realmente cuándo va a pasar, cuándo va terminar, lo que no saben es que el problema radica en que estamos fuera de la voluntad de Dios y no creemos que Él es el único que puede hacer mucho por nosotros, cualquiera que sea tu situación.
Por ello, nuestra mente se ve agonizando y se va llenando de pensamientos que limitan nuestra conducta, que absorben todo nuestro ser. Es aún más grave cuando nuestros pensamientos se convierten en obsesiones, dando cabida al Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).
Siento en mi corazón escribir para aquellos que en estos momentos están siendo oprimidos por la incredulidad, el temor y la inseguridad; ocasionándoles pensamientos torturadores, así como también deseos de tomar acciones desesperadas; como consecuencia de no tener fe en que Dios puede hacer mucho por sus pensamientos.
El TOC se clasifica en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSMV) como un Trastorno de Ansiedad, que se manifiesta con obsesiones, compulsiones o ambas, que causan perturbación significativa en el área social o personal. Entendiendo esto, muchos especialistas en la materia concluyen que este trastorno tiene sus raíces en la «preocupaciones», es decir; cuando pones en primer lugar pensamientos que son repetitivos, que te martirizan y que no permiten llevar una vida tranquila. Así están muchos, se dejamos llevar en la debilidad de sus mentes por preocupaciones que afectan en gran medida su psique.
El llamado es a no preocuparse. La preocupación es pecado porque ignora el poder de la oración y obstruye la fe (Filipenses 4:6). Aquellos que nunca han creído en Jesús como su Salvador son esclavos del pecado, como la preocupación, y no pueden liberarse a sí mismos (Romanos 6:17-22). Los creyentes que luchan con la preocupación crónica tienen que entender su libertad en Cristo para tener victoria sobre el pecado (Efesios 6:10-18). Una vez que recibimos a Jesús como nuestro Salvador, somos una nueva creación en Cristo. Los cristianos deben caminar en el Espíritu para despojarse de su naturaleza terrenal y empezar a pensar y actuar como Jesús (Colosenses 3:1-10). A esto se le llama tener la mente de Cristo (1ª Corintios 2:15-16). Con la mente de Cristo podemos poner nuestra mirada en las cosas de arriba (2ª Corintios 10:5; Colosenses 3:1-3; Filipenses 4:8). A medida que crecemos en Cristo, empezamos a entender la soberanía de Dios y Su carácter. Venimos a creer plenamente en Él y por tanto soltar nuestras preocupaciones.

¿Cómo vencer esos malos e incomodos pensamientos que continuamente te torturan?

1. Introduciendo en ellos la Palabra de Dios por medio de su lectura.
Cuando tus pensamientos son influenciados por el poder sobrenatural que la Palabra posee, tus emociones y deseos son subordinados a lo que Dios dice.
2. Ante esos pensamientos obsesivos que hoy no te dejan en paz, atácalos con la espada que es la Palabra de Dios.
3. Cuanto tu velas continuamente poniendo atención a la Palabra de Dios, tus pensamientos se iluminan y a la vez se nutren; además tu fe se estimula enormemente porque recibes la palabra justa que necesitas para el momento que vives.
«Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo» (2ª Corintios 10:5). Haz un esfuerzo consciente para llenar tu mente con pensamientos buenos, puros y sanos.

Yanintza Aguilera de Yervez
Psicóloga Clínica
yanimade@hotmail.com

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