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Mi fe y pensar en la crisis actual

(Euclides Fuguet Borregales – Pastor y abogado).-

Gobernantes y comunidades en Venezuela son claros en sus afirmaciones: «El pueblo evangélico es la reserva espiritual y moral de la Nación. Están instalados y sirven a Dios hasta en los barrios más peligrosos del País. Son voluntarios entre los sistemas educativos, penitenciarios, de salud, comunidades indígenas, cuerpos militares y de seguridad y no perciben salario por su labor espiritual. No perciben remuneraciones por sus trabajos y están siempre dispuestos para hacer la obra de Dios en cuanto al bien espiritual, moral y ético de los nacionales y extranjeros que en esta Patria residen».
Nuestra fe en Dios, en la seguridad de la salvación y la sanidad que otorga nuestro Señor Jesucristo, el consuelo y guía permanente del Espíritu Santo, han transformado nuestra forma de pensar, actuar, y conducirnos en la sociedad en que vivimos y laboramos.
El conocimiento en el Ser Supremo y la sumisión consciente y profunda de la voluntad a Él han cambiado nuestra vida. El individuo transformado por Dios mejora notablemente su conducta social, su hogar, su acción en la comunidad en que se moviliza diariamente, en la sociedad general y el País.
Si el verdadero Espíritu de Dios está vigente en los individuos que integran las comunidades nacionales, entre los que forman parte de los Poderes Públicos Nacionales, Regionales o Municipales autónomos y soberanos constitucionalmente, entre quienes son parte de las instituciones y agrupaciones religiosas, sociales, políticas, militares, económicas, que hacen vida en aldeas, pueblos y ciudades venezolanas, si Dios mora en cada corazón y se realiza Su voluntad habría respeto mutuo entre los ciudadanos, existirá una aplicación real y efectiva de las leyes, una valoración sincera y responsable de los derechos humanos y garantías al ser humano, por los Poderes Públicos, que están previstos en la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela y en los Acuerdos, Pactos y Tratados Internacionales que tienen rango constitucional.
Esos derechos y garantías protegen la vida, el hogar, la familia y garantizan las libertades religiosas, de expresión, de conciencia, de comunicación, de tránsito, de información, de trabajo, la divulgación de creencias y pensamientos religiosos, políticos, económicos, sociales y comunitarios.
Este análisis y otros razonamientos nos conducen a una acción Estatal sana en beneficio del bienestar común social educativo, sanitario y en materia de la seguridad individual o colectiva que es su verdadero objetivo. De una justicia imparcial, impartida por los jueces sin discriminaciones ni impunidad como patrón normal para los delincuentes de ninguna naturaleza.
De legisladores que sancionen leyes útiles y de provecho para la comunidad sin violar los derechos que les garantiza la normativa legal nacional. En las cuales los empresarios, emprendedores y los inversionistas encuentren seguridad jurídica para los negocios y sus inversiones que resulten en una producción nacional agropecuaria e industrial suficiente para cubrir las necesidades del País y se logre un pleno empleo.
Estas condiciones de bases firmes, sólidas en lo legal, moral y espiritual en cada persona, nos llevarán a una mentalidad dispuesta al perdón entre los individuos, inclusive entre los religiosos y los políticos extremistas. El perdón nos conducirá a una reconciliación nacional entre los venezolanos, destruyendo la polarización vigente que nos oprime, nos divide, inclusive familiarmente, causa temor, cuyas consecuencias futuras podrían ser impredecibles y aún fatales, si no le ponemos coto a tan malsana acción del ser humano.
La reconciliación abrirá el camino de la unidad entre todos. Unidad y amor que es el mandato que Jesucristo, el Señor,  nos ofreció cuando dijo: «Amaos los unos a los otros». Unidad que transformará los hogares, hoy en crisis, la conducta y el comportamiento de los individuos a todo nivel de edad y de formación educativa.
Dios dijo «conoce la Biblia, que es la verdad y al conocer la verdad conocerás la libertad y serás libre». El Señor nos ofrece la libertad de decidir, de escoger y por ello tenemos diversas formas de conducta, de pensamiento y florecen diferentes formas de creer y expresar las ideologías y caminos del pensamiento humano a través del tiempo. Sin libertad no hay vida. Siendo Jesús el único camino hacia Dios, la única verdad y la única vida, nos dio los principios que nos rigen.
La Biblia es un libro de libertad, de ella tomaron los sabios y los libertadores, en cualquier país del mundo y las naciones reunidas para dictar «La Convención Universal de los Derechos Humanos», que abrió caminos para otras convenciones continentales del mismo carácter. En algunas naciones esos principios son letra muerta, que no se respetan, ni se obedecen ni se practican. Intereses de toda índole que gobernantes y gobernados lo impiden.
Si hay pleno ejercicio de los derechos y garantías constitucionales hay libertad y una fe profunda en el Dios todopoderoso enfocaremos y nos dirigiremos, tendremos la llave para abrir la mente dispuesta a la posibilidad y realidad del perdón, la reconciliación, la unidad y como fin último lograremos la paz entre los individuos de nuestro País. Dios nos bendecirá, oirá las oraciones y clamores. Él terminará con las acciones desviadas de gobernantes y gobernados. Su misericordia nos alcanzará.
Cuando el rey Salomón, dedicó el templo a Dios, le pidió que perdonara a su pueblo y le diera sabiduría, Él le contestó así: «Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos u atentos mis oídos a la oración en este lugar, porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que en esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre…».
Debemos decir una oración: «Señor, Venezuela es tu templo, eres el Señor de Venezuela, perdónanos y bendícenos. Señor, míranos y óyenos y estén atento tus ojos y oídos con nosotros. Te rogamos, en el nombre de tu amado Hijo Jesús, te lo imploramos. Amén».
Los venezolanos y extranjeros viviendo entre nosotros, los religiosos de esta gran comunidad llamada Venezuela, entre ellos nosotros los pastores evangélicos, conocemos nuestra realidad, estamos informados ampliamente, somos individuos pensantes y no estamos aislados, estamos unidos por una causa común: el bienestar espiritual de la Patria. Somos profetas, analizamos las situaciones y las denunciamos ante quien corresponda, pero nadie nos escucha. Los gobernantes están sordos, los políticos también. Ambos bandos nos buscan cuando hay elecciones. Nuestros miles de profesionales pueden aportar ideas y soluciones. Los pastores son permanentes promotores de los ejes mencionados que complementan y encuadran la libertad.
No podemos callarnos. Es nuestro deber ante Dios y ante el pueblo que le sigue. Ante sus criaturas y sus hijos. Por tanto afirmamos que «Cristo es la solución para una Venezuela en crisis».
Oremos todos ante Dios: «Dios nuestro, en el nombre de Jesucristo, Señor de Venezuela, te rogamos por la libertad, la unidad y la paz del País. Por cada hogar constituido, por cada familia, por cada aldea, pueblo y ciudad, por las autoridades que nos gobiernan en todo nivel, para que tú Señor, nos guíes con tu Espíritu Santo, por los mejores caminos, por el desarrollo integral de la Nación. Cuando nos cubrimos con la Sangre preciosa de Jesucristo, le ordenamos a las potestades, principados y legiones de demonios de asesinato, de robo, de violación, de odio, de violencia física y verbal, de impunidad, de ilegalidad, de división, que salgan de nuestro suelo patrio y podamos tener la paz que anhelamos de corazón y en verdad. Somos hijos de Dios y lo afirmamos. Cancelamos toda violencia en Venezuela. Amén».
eucarfuguet@gmail.com

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