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Mi epitafio, Eduardo Padrón

En el artículo Teólogos de mármol escrito en Diarios de avivamiento, Gabriel Edgardo Llugdar comparte lo que llamó Epitafio del teólogo:
Aquí yace una boca de oro.
Predicó con elocuencia lo que nunca vivió.
Enseñó magistralmente lo que nunca aprendió.
Habló maravillosamente de Aquel a quien nunca conoció.
Definió con maestría la Gracia que siempre le faltó.
Sobrado en todos los talentos, careció de amor
En su boca hubo oro, pero mármol en su corazón.

Esta lectura trajo a mi memoria lo que una vez escuché de alguien que, señalando una de esas iglesias ―que no sé por qué razón a pesar de que lucen tan opulentas y bellas en su estructura reflejan muy poca vida― decía que su pastor no creía lo que predicaba. Era un profesional que cumplía con el papel que había aprendido.
Admito que un juicio como este podría estar influenciado por algún prejuicio o una “mala inquina” ―como decía mi abuela―. Además, luce riesgoso por obviar la advertencia apostólica y aventurarse a emitir descripciones tan impertinentes (1ª Corintios 4:5). No obstante, salvando los señalamientos personales, el Epitafio del teólogo podría ser y sin duda será la descripción perfecta de muchos en el último día.
No me siento cómodo al ponerme en los zapatos de quienes con sus argumentos tipo “eso lo hicimos en tu nombre” (Mateo 7:21-23) o las del tipo “yo no sabía” o “yo creía” (Mateo 25), recibirán el justo pago de unas vidas estériles en la fe después del acertado escrutinio del Señor Jesucristo. ¡Vaya sorpresa escatológica! ¿¡Habrá excusas y razones también al final!? Lo que sí creo es que de esta forma el Epitafio del teólogo podría verse como advertencia, denuncia e ineludible juicio.
Buscando un poco a esa gente famosa que escribieron sus epitafios, encontré unos cuantos muy interesantes; algunos llenos de la ironía y el estilo de vida con la que vivieron sus autores. Así que, pensé, si tuviéramos que redactar el nuestro ¿qué escribiríamos? ¿Qué reflejaría? Es posible que este sea el reto ―si puede verlo así― que nos aguijonee hasta el final. Interesante, ¿no le parece? Le dejo el ejercicio y póngale usted el punto final a esta reflexión.
“Mi epitafio sería: “______________________”

Eduardo Padrón
Pastor, comunicador y escritor
edupadron@gmail.com

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