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Los pastores son unos…

Son hombres y mujeres llamados directamente por Dios para apacentar su grey, enseñar las Sagradas Escrituras y liderar congregaciones (hablamos de los divinamente llamados, no los de autoimpuestos o los colocados por voluntad humana u organizacional). Por ser líderes públicos son los más expuestos al escrutinio de los demás, muchas veces con la más inmisericorde lupa de los que viven consiguiendo agujas en los pajales, pero que pocas veces les ven como seres humanos tan débiles y falibles como sus escrutadores.
Los pastores viven en el ojo del huracán a lo largo de su ministerio. Si algunos de los miembros de su congregación falla, a ellos les cae -injustamente- parte de esa culpa, con el cuento de que «son ovejas de fulano(a) de tal», como si los pastores les enseñaran u ordenaran pecar. Así como a nadie se le enseñó a ser padre o madre, a los pastores tampoco, esas tareas se aprenden en el ejercicio de sus funciones; es falso que los seminarios bíblicos enseñen a pastorear, como las guías y libros menos enseñan a ser padres.
Existe una visión monofocal de aquel que lidera una congregación, por un lado las religiones -católicos incluidos- tienen a un hombre orquesta, por otro está el ministerio del pastor en la Iglesia de Jesucristo, quien es el guía o padre espiritual, pero con funciones bien delimitadas en la Biblia, es uno más en el cuerpo de Cristo, nunca el único o supremo. Así como reconocemos que hay excesos en algunos pastores, falta de ética, inmoralidad (por el mismo tema de que son falibles), hay muchísimos otros que son hombres y mujeres de Dios a carta cabal; no por eso la gente tiene derecho a «tirar la primera piedra» del juicio, como tampoco los pastores la pueden tirar.
La generalización siempre ha sido mala consejera; sin embargo, muchos la tienen como tutora, y desde ese estrado impío comienzan a decir: «Los pastores son unos…». Es cierto lo que dice el apóstol Pablo que los cristianos «somos carta leída al mundo», pero no significa que seamos una página de Facebook cualquiera. Si la gente supiera que no existe un ministerio más complejo y difícil que el pastoral -porque trabaja con la materia prima más compleja: el ser humano-, muchos callarían antes de emitir sus juicios y prender grandes incendios con su lengua.
Repito, si hay algún pastor(a) que haya fallado, eso no significa que el resto sea igual.
Así como Dios advierte en la Biblia acerca de los malos y falsos pastores, también ordena: «Acuérdense de sus pastores, que les dieron a conocer la palabra de Dios. Piensen en los resultados de su conducta, e imiten su fe… Obedezcan a sus pastores, y respétenlos. Ellos cuidan de ustedes porque saben que tienen que rendir cuentas a Dios. Así ellos cuidarán de ustedes con alegría, y sin quejarse; de lo contrario, no será provechoso para ustedes» (Hebreos 13:7,17).
Se nos manda a pensar en el resultado de su conducta, no a juzgarlos y destruirlos públicamente con la lengua; ¿le parece una mala conducta la de ellos?, pues búsquese a otro pastor(a). ¿Su fe es digna de imitar?, entonces hágalo; obedézcales y respételes, no olvide que pastorean cabezones buenos y malos, sensatos y necios, recatados o calumniadores, a ninguno desprecian, a todos reciben. Seamos dignos de ser pastoreados, porque ellos van a darle cuentas a Dios por nosotros, nunca dice Dios que usted va a dar cuentas por ellos.
Antes de volver a decir: «Los pastores son unos…», tenga cuidado de no caer usted bajo juicio divino, pues es Dios quien juzga a los pastores no los hombres, y menos aquellos que son inmisericordes y que de seguro jamás tolerarían -de ser pastores- a ninguna oveja como ellos, que son sus más acérrimos críticos.
Es usted quien debe velar por su testimonio y salvación. Le escribió Pablo a su discípulo amado: «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello. Si haces esto, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen» (1ª Timoteo 4:16); si usted cree que el pastor(a) que tiene no se cuida y no enseña una doctrina bíblica sana, ore, use su libre albedrío y búsquese otra congregación; no una perfecta, porque no existe, como no es perfecto usted, y mucho menos quien la pastorea.

director@verdadyvida.org

@georgesdoumat

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