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Los “Acuerdos de Abraham” y el cumplimiento profético

/ EFE

El pasado 15 de septiembre de 2020 se marcó en el calendario profético bíblico como un día trascendental, debido a la firma de los históricos “Acuerdos de Abraham” entre Israel, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, en la Casa Blanca, convirtiéndose en la tercera y cuarta de las naciones árabes que declaran intenciones de establecer relaciones diplomáticas plenas con Israel.
El acuerdo firmado entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, anunciado un mes antes, es descrito por la Casa Blanca como «un tratado de paz, relaciones diplomáticas y normalización total». Sin embargo, el acuerdo entre Israel y Bahréin para establecer relaciones diplomáticas plenas solo se describe como una declaración de intención de hacer la paz ya que el acuerdo entre los países se anunció apenas unos días antes del 15 de septiembre y no se dio el tiempo suficiente para crear un acuerdo formal.
Un tercer documento firmado por líderes de Estados Unidos, Israel, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin titulado como “Acuerdos de Abraham”, en referencia al patriarca Abraham, el padre de Israel, del judeo-cristianismo y reclamado por los musulmanes como el padre de su religión a través de Ismael, considerado «el padre de las naciones árabes» e islámicas.
Los Acuerdos marcan la primera vez en dos décadas que Israel ha firmado un acuerdo de paz con otro país del Medio Oriente, siendo el anterior con la vecina Jordania en 1994. El primero de los acuerdos de paz de Israel con naciones árabes, es el conocido como «los acuerdos de Camp David», firmados por el presidente egipcio Anwar el-Sadat y el primer ministro israelí Menachem Begin, el 17 de septiembre de 1978, luego de doce días de negociaciones secretas con la mediación del presidente de EE. UU. para la época, Jimmy Carter.
Según declaró el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vienen en breve otros acuerdos que se firmarán con otras naciones árabes, entre ellas, posiblemente, esté Arabia Saudí, nación que ha mostrado un acercamiento con Israel tras varias reuniones en esa dirección. De ser así, el gobierno de Trump se anotaría grandes victorias diplomáticas.
Sin embargo, la Biblia apunta en otra dirección, la del cumplimiento profético que daría sustento al ‘gran acuerdo de paz futuro’ promovido por el anticristo entre Israel y las naciones árabes, incluidas Palestina y el Líbano; sobre el cual descansará el avance de su perverso gobierno mundial de siete años, que será uno hegemónico cuyo mayor logro será unificar lo religioso, con lo político, económico y militar.
Estos acuerdos mundiales, que hasta ahora cuentan con la buena pro de Egipto, Jordania, Emiratos Árabes y Bahréin, terminarán de concretarse, cuando el anticristo asuma su gobierno mundial, en torno a un acuerdo de paz de todos con Israel, siendo el centro de las negociaciones la disputada ciudad de Jerusalén, la cual se convertirá en el ‘trono’ del gobierno de este perverso ser que Israel aceptará como su Mesías, hasta que durante los últimos tres años y medio de su septenio de gobierno se quite la careta y se muestre tal cual es: como el hijo de Satanás, la bestia apocalíptica.
El apóstol Pablo nos advierte: «En cuanto a los tiempos y las ocasiones, no hace falta, hermanos míos, que yo les escriba. Ustedes saben perfectamente que el día del Señor llegará como ladrón en la noche; De repente, cuando la gente diga: «Paz y seguridad» [tras el gran acuerdo de paz de Israel con todas las naciones árabes], les sobrevendrá la destrucción, como le llegan a la mujer encinta los dolores, y no escaparán» (1ª Tesalonicenses 5:1-3. Énfasis añadido).
Ya el profeta Ezequiel había anticipado hace más de 2.500 años que varias naciones tratarán de atacar Israel y despojarla de sus riquezas en los tiempos del gobierno del anticristo, profetizándoles a estos países enemigos: «Prepárate y apertréchate, tú y todo el ejército que se ha reunido contigo, y mantente alerta. Dentro de algunos años vendré a visitarte para que vayas a la tierra que recogí de entre muchos pueblos [Israel]. A sus habitantes los saqué de esas naciones, y los libré de la espada. Ahora habitan en los montes de Israel, que siempre estuvieron en ruinas, y todos ellos viven despreocupados. Pero tú invadirás esa tierra. Tú y todas tus tropas, y todos los ejércitos que te acompañan vendrán sobre ella como una tempestad, ¡la cubrirán como una nube!
Así ha dicho Dios el Señor: “Cuando llegue el día, te vendrán a la mente ideas y pensamientos malvados, y dirás: “Voy a invadir un país indefenso. Voy a atacar a gente tranquila, que vive despreocupada. Todos ellos habitan en ciudades sin murallas, ni puertas ni cerrojos”. Y los despojarás de todo y tomarás botín entre ellos, y pondrás tus manos sobre tierras antes desiertas y ahora pobladas, y sobre el pueblo que recogí de entre las naciones, y que ahora tiene ganado y posesiones, y habita en el corazón de la tierra”» (Ezequiel 38:7-12. Énfasis añadido).
Israel será atacada, en la que se conoce como «la guerra de Gog y Magog» (Ezequiel 38-39), tras ese final acuerdo de paz promovido por el anticristo, cuando de manera «tranquila, despreocupada, en ciudades sin murallas ni puertas ni cerrojos», Israel será atacada, pero Dios mismo desde los cielos responderá con fuego y destruirá todos los ejércitos de las naciones enemigas. Posteriormente vendrá la develación del engaño del anticristo, quien se hará pasar por el Mesías de Israel, cumpliéndose así todo lo dicho por nuestro Señor Jesús en Mateo 24 y en el libro de Apocalipsis (capítulos 6 al 21).
Lo que recién se firmó en la Casa Blanca y los demás ‘acuerdos de paz’ que se firmarán muy pronto, son el preludio de la manifestación final y cumplimiento profético de las Sagradas Escrituras para la segunda venida de Jesucristo a juzgar a las naciones y sentarse en su trono en Jerusalén para reinar por mil años en completa paz, seguridad, justicia y equidad (Isaías 2,11,19,65; Apocalipsis 20:1-10; entre otros). ¡Maranatha! ¡El Señor viene ya…!

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