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Lo mejor de ti sale en los peores momentos, Aris Segovia

Si conocieras el poder sobrenatural que puso Dios en ti desde el vientre de tu madre, ya habrías superado la crisis que llevará tu nombre a la montaña más alta

/ Freepik

Me gusta mucho, la palabra que dice: TODO ayuda para bien.
En los momentos de crisis, es difícil ver la solución. También en el momento de la guerra, es tan difícil ver su final; como ver la Salida.
Los seres humanos somos incomprensibles, generalmente vivimos aferrados al problema cuando en el problema mismo está la solución.
Nos vamos deteriorando tanto con los años que es difícil darnos cuenta en qué momento la piel comenzó a arrugarse y es en la etapa de la vejez cuando nos damos cuenta que perdimos tanto tiempo en cosas tan vanas y tan simples.
Si al menos pudiéramos escuchar un buen consejo y no solo escucharlo, sino ponerlo en práctica, de seguro no duraríamos tantos años llorando, «EN EL PROBLEMA».
Lo peor de todo es que en medio del problema nos repetimos a cada instante: «YA LO SUPERÉ», mientras la otra persona, el supuesto problema, disfruta el placer del problema; es decir, no le importa para nada el problema y vive y disfruta su momento, mientras tú te sumerges en la tristeza, la soledad y la desesperación; al punto de hacerlas tus aliadas y mejores amigas.
En medio del problema muchos llegan a suicidarse, «abortos espirituales».
¿Quieres un consejo…?
Cada vez que tengas un problema, levanta tus manos al cielo, dile a Dios ‘SORPRÉNDEME’ y emprende tu huida en sentido contrario. Así, serás tú quien disfrute el placer del problema. A esto es a lo que yo llamo: disfruta el proceso.

  • Es necesario en medio del desierto, ver las lagunas imaginarias que te ofrece el camino. Son muchas, solo que tus lágrimas no te dejan admirar su belleza. Descansa en los muros del camino, no veas las montañas o los muros que se te presentan como obstáculos; sino más bien como divinas oportunidades para impulsarte. Los nadadores y competidores de salto alto, deben subir a peldaños muy, muy altos y mientras más alto sea el peldaño, mayor será el riesgo, pero mientras más a la orilla se pare para lanzarse, más hermoso y con mejor puntuación será su salto.
  • Las competencias rigurosas requieren mayor entrenamiento y constancia; camina más rápido, levántate más temprano. Ejercita tu mente en nuevos retos y tareas, y si alguna viene a tu mente ejecútala de prisa, pues tu enemigo siempre, pero siempre, usará tu problema como recurso para vencerte.

En medio del problema, aprópiate de tu fuerza, la que viene de tu interior, esa que no sabías que existía, el poder oculto en ti que no conocías, ese que viene de Dios, el que hace que tus amigos digan: «¡eres un verg*tario…!».
En estas crisis se han levantado muchos Ford, Newton y muchos Einstein invisibles, lo mejor de ti sale en los peores momentos.
Por eso inequívocamente la Biblia dice: «para los que aman a Dios TODAS las cosas AYUDAN para bien».
No le des tregua a tu enemigo, el gigante que está contra ti, no lo hará contigo y su intención es vencerte, avergonzarte y destruirte.
Si conocieras el poder sobrenatural que puso Dios en ti desde el vientre de tu madre, ya habrías superado la crisis que llevará tu nombre a la montaña más alta.
Los mejores científicos, se mencionan solos en la historia, sus acompañantes, auxiliares o ayudadores, tal vez existieron, pero cuando más solos estuvieron, fue allí donde encontraron llevar su nombre a la fama.
Vamos, ánimo, estás a tiempo de descubrirte.
Me gusta una frase que mi mami repite con frecuencia: «no hay problema sin solución, sino solución sin problema», al principio no lo entendía y hasta me daba risa, (mi mamita inventa unas cosas), pero no, ella no está equivocada, donde está la solución; ya no hay problema.
Disfruta tu proceso, suelta el gigante Poderoso que hay en ti.
Cuando David venció a Goliat, no miró sus 3 metros de altura, miró el lugar de su debilidad (su cabeza), no pensó en las armas con las que Goliat podía vencerlo, pensó en el poder y la fuerza con la que ya había vencido osos y leones. Saúl no creía en él, pero sin saber ni darse cuenta, le pidió a Dios le acompañara y David estaba seguro de quién iba delante de él.
Ordenó todo detrás de él y fue a enfrentar a su enemigo y lo derribó.
Y tú, ¿qué esperas para vencer los gigantes que no te dejan avanzar…?

Aris Segovia
Profeta

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