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Ligirofobia

(Héctor Márquez – Psicólogo Clínico y Teólogo).-

Llegó diciembre y la familia Camacho está reunida alrededor de la mesa preparando hallacas, dulces y disfrutando de la grata tertulia… Todos los miembros de esta familia comparten con alegría las distintas tradiciones de la época decembrina, excepto Valdivia, la tercera de los cuatro hermanos que están reunidos en el hogar materno. Ella está encerrada en el cuarto, no quiere salir pues está aterrada a causa de los ruidos de cohetes, Bin Laden, silbadores y toda clase de fuegos artificiales que afuera de la casa se escuchan… Intenta usar tapones en los oídos para no escuchar las detonaciones que le hacen sentir un miedo incontrolable… Su familia lamenta y critica incomprensiblemente que ella no comparta el momento navideño con ellos a causa de ese «tonto nervio», mientras la chica no hace más que evitar a toda costa escuchar estos fuertes ruidos al tiempo que la invade una sensación de terror… Valdivia sufre de ligirofobia.
La ligirofobia es el miedo incontrolable, generado por un sentimiento de pánico a los sonidos altos. Por desgracia algunos casos muy severos incluyen el miedo a la propia voz de la persona, a la de otras, o a sonidos que forman parte del día a día.
Una de las causas más comunes del origen de la ligirofobia deviene por algún evento traumático asociado a la ansiedad que produjo en el sujeto un sonido estrepitoso. Aunque en algunos casos esta condición pudiera tratarse de un aspecto químico cerebral o genético.
Los síntomas de esta enfermedad del psiquismo varían según la gravedad, somatizándose con náuseas, sudoración, arritmia cardíaca, sequedad de la boca, sensación de ahogo o asfixia, y una ansiedad tan intensa que incluso algunos experimentan la incapacidad temporal para hablar.
Ante la ligirofobia lo más conveniente es buscar ayuda profesional psicológica.
En el Libro inspirado de arriba, Job describe así la sensación de su miedo: «Lo que temo viene sobre mí, y lo que me aterroriza me sucede. No tengo reposo ni estoy tranquilo, no descanso, sino que me viene turbación» (Job 3:24-25). El infortunado y luego afortunado Job entendió que Dios abriga con su sombra protectora y da paz a quienes lo buscan de corazón (Salmo 91:1).
La inquietud: Un caballero me refiere: «Dr. Márquez, suelo viajar por razones de trabajo cada 15 días aproximadamente… desde hace dos meses para acá he venido sintiendo miedo… durante el vuelo siento taquicardia, se me enfrían las manos y siento como si me faltara el aire… ¿Qué me recomienda para no tener más este miedo?…»
Mi respuesta: «Si los síntomas que describe se desvanecen cuando el avión aterriza y usted baja de él, estamos hablando de un episodio ansioso que usted vive como producto de algún pensamiento obsesivo respecto a la vulnerabilidad de ser transportado en una cápsula (avión) donde las garantías de supervivencia no dependen de sus habilidades sino de circunstancias ajenas a su persona. Usted no parece ser claustrofóbico ni aerofóbico dado que después de unos años viajando es recientemente cuando le aparecen estos síntomas. Supongo entonces que vivió usted algún evento de peligrosidad o amenaza de muerte que impactó su intrapsiquismo, quizás le ocurrió en uno de sus viajes aéreos. Le sugiero buscar ayuda psicológica para aprender a manejar pensamientos obsesivos. Espero haberle sido útil».

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