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Las papas calientes de Jorge Mario Bergoglio (II)

(Germán Novelli Machado – Pastor y periodista venezolano).-

En nuestra pasada entrega, comenzamos a enumerar los desafíos que deberá enfrentar el Romano Pontífice Jorge Mario Bergoglio, una verdadera tarea titánica con la meta de recuperar parte de la credibilidad perdida en los últimos años, pero que la historia nos dice, que son de muy vieja data.
Dejamos a la vista dos enfoques concretos. Política y Finanzas, los cuales también han sido impregnados con los escándalos sexuales que van de la pedofilia hasta el libertinaje sexual de algunos miembros, desde cura párrocos hasta las más altas cumbres de la jerarquía romana.
Una radiografía nos indica que el estilo de vida de algunos clérigos está distante de lo que es la praxis y estilo de vida que el Señor de la Iglesia dejó como legado, para que sus seguidores sirvieran de modelo a un mundo postrado entre el oscurantismo sincretista y la inmoralidad.

El Evangelio de Cristo o romanismo sin evangelio
El ajedrez político que el Papa Francisco de Argentina debe jugar, pensando cómo mover cada una de las piezas, para evitar un jaque mate, que derrumbaría, como es evidente, la totalidad del poderío que por más de un siglo ha tenido el Imperio Romano, donde de un pescador sin sandalias, que no tenía donde recostar su cabeza, sobran los zapatos de marca y faltan cabezas para tantas emplumadas almohadas.
A raíz de la publicación del libro La teología de la liberación, del peruano Gustavo Gutiérrez, la Iglesia Católica entendió la urgencia de volver la mirada a los más pobres del reino. Eso hizo que sacerdotes, no sólo colgaran las sotanas, sino que en vez del rosario y el confesionario, empuñaran un fusil.
Muchos católicos sinceros vieron en la praxis del evangelio social la panacea de regresar a los sectores más empobrecidos, pero en nada consideraron el V Mandamiento como tampoco la necesidad de la regeneración espiritual. Su enfoque fue humanista, socialista, pero sin trascendencia espiritual y la redención que Cristo conquistó en la cruz, se limitó a la justicia social discursiva, una utopía que no ha logrado resolver los problemas de pobres, que requieren mucho más que los esfuerzos del hombre para cambiar su clara realidad: el pecado.
Frente al llamado de Jesús al arrepentimiento y la fe, los teólogos de la liberación de la teología, proclamaron, un nuevo evangelio, en el que la conversión quedó excluida y la confesión de fe reducida a una declaración política de evidente corte marxista.
Es cierto que la Iglesia dejó de mirar a los pobres, aunque oraban por ellos en las catedrales, pero no los conocían y se negaban, algunos curas y obispos, a comulgar con el hambre. El cambio de opción preferencial se enfocó en  el asistencialismo, olvidando la necesidad de todo ser humano de confesar su pecado y volverse, mediante la acción exclusiva del Espíritu Santo, a la obra de Cristo, como lo dijo el pastor José Ruiz, «llenan el infierno de almas con la barriga llena y el corazón vacío del perdón de Cristo. Un evangelio sin cruz, ni Cristo, con fusil y Carlos Marx. Anatemas».

Bergoglio debe poner orden en casa
La tesis de pedir perdón no tiene sentido si no hay confesión, arrepentimiento, ni propósito de enmienda. Tremenda tarea que pasa por frenar los manejos dolosos, no sólo de los bienes materiales, sino también de las declaraciones doctrinales.
No es verdad que Jesús dio a Pedro como persona la primacía de la fe, sino que por la fe, Pedro declaró a Cristo, es decir, la roca es la confesión no la persona.
Tampoco es verdad los dogmas surgidos del interés comercial, con un nombra y destituye santos, sino que la santidad es también un don de Dios que procede de la fe, dada por la Palabra y en gracia de Dios por Cristo.
Es totalmente falso que la comunión sea útil para vivos y muertos, como tampoco que las buenas obras sean un abono de salvación, ni la idolatría grosera, las penitencias o la renuncia o votos de pobreza, obediencia y castidad lo que distingue a un seguidor de Jesús.
Es la negación de Dios afirmar que hay una cabeza humana de la Iglesia con la autoridad para explicar, normar ex cátedra, los principios de la Biblia, porque ella, por ser Palabra de Dios, se explica sin contradicciones y de manera infalible por sí sola, donde los textos más difíciles son explicados en pasajes más sencillos.
¿Dará esos pasos el nuevo obispo de Roma? La verdad no soy optimista. Por ahora sigo pensando como Lutero: «Mientras yo no sea rebatido a través de las Sagradas Escrituras o con razones evidentes, ni quiero ni puedo retractarme, porque ir contra la conciencia es tan penoso como peligroso. ¡Dios me ayude! Amén».

Mal de muchos, consuelo de tontos
La única forma para refutar estas verdades bíblicas, que ha esgrimido Roma por muchos años, ha sido acusar a los protestantes o evangélicos, para decir que no son los únicos que tiene problemas, como si excusarse, como Adán y Eva, provoca la libertad del pecado o la justificación del pecador.
Los grupos cristianos, de los sectores mencionados y otros, tienen similares situaciones, casi todas, que resolver ante Dios, porque son esclavos de pecados similares. Esta verdad ha sido aprovechada por el enemigo de nuestras almas para desacreditar, no la fe, porque es un don de Dios, sino la sinceridad de ellos de cara a la Biblia.
Sin embargo, el tercer artículo del Credo Apostólico, aceptado por todos los cristianos, dice: «Creo en la comunión de los santos, la santa iglesia cristiana…». Es decir, que frente a los desvíos de unos y otros, la Palabra tiene promesa, no de Pedro, sino de Jesús, que «las puertas del hades no prevalecerán contra ella».
¿Qué es esto de la comunión de los santos y la santa iglesia cristiana? Es sencillo, donde haya bocas que confiesen a Cristo como Salvador, ellos son parte del pueblo santo, sin mancha, ni arruga que será presentada como la novia del que vino y ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
La Santa Iglesia Cristiana está formada por personas de todos los pueblos de la tierra que han lavado sus ropas en la sangre del Cordero de Dios que quitó, en la cruz, el pecado del mundo. Esa es y no otra la fe que salva, ese es el evangelio que explica, distinguiendo Ley y Evangelio, la Palabra de Dios con toda su pureza.
novelli_ve@msn.com

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