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Las marcas de la religión, Otoniel Font

Lo que Dios ha prometido darte, te lo va a dar solo por su gracia. Tú no tienes que ser lo que otro pretenda que tú seas. La gracia de Dios está sobre tu vida

Algunos de nosotros podemos relacionar tanto nuestros momentos más alegres como los más difíciles, con la iglesia.  Superar una iglesia y la religión de algunas personas, es algo muy complicado, muy duro.  El mayor reto que tenemos hoy no es evangelizar, sino reconciliar a la gente con la iglesia, cómo amar y entender la importancia de lo que hacemos, cómo sanar, comprendernos, darnos la mano y alcanzar como grupo la transformación que todos debemos experimentar.
Es muy triste que tengamos marcas en nuestros corazones. Aún en la iglesia cometemos errores que hacen que la gente no sea totalmente transformada y no puedan alcanzar todo lo que Dios tiene para ellos. En vez de convertirnos en los Jacobs de alguien, somos los que nombramos a la gente de forma incorrecta; en vez de convertirnos en aquellos que sacan a la gente de donde están, sin darnos cuenta, los obligamos a ser quienes no son.
Cuando Jacob y Esaú estaban en el vientre de su madre, Dios declara claramente que Jacob sería el bendecido.  No sabemos por qué, pero Dios lo escoge a él. Esaú nace primero, así que parece que la palabra de Dios no se iba a cumplir, porque la tradición decía que el primero en nacer recibía la bendición, y Jacob nació segundo. Llegado el momento de que el papá dé la bendición, se puso pieles para volverse velludo, y que su papá lo bendijera como si fuese su hermano. Qué triste cuando la religión nos hace creer que tenemos que ser quienes no somos para recibir lo que hemos recibido por gracia; qué triste cuando alguien quiere hacerte creer que tienes que llegar a su estándar para recibir lo que Dios ha decidido darte solo por su gracia; qué triste cuando se te trata de forzar a ser alguien que tú no eres, solo para agradarle a otro. La religión es experta en hacer eso.
La religión es experta en tomar un molde y decirte: Solo así se puede recibir algo de Dios. Creemos en la disciplina, en la educación, pero ¿quién es la gente para detener lo que Dios quiere hacer contigo? ¿Quién es la gente para decir que es solo su estándar lo que va a determinar lo que Él quiere hacer en tu vida? Deja que la gente sea como sea, y que Dios les dé lo que quiera darles, aunque no cumplan con tu esquema, con tus parámetros. Hasta que tú no seas capaz de esto, nunca tú mismo te sentirás apropiado para recibir todo lo que Dios tiene para tu vida. Tú tienes que ser capaz de ver gente que tú conoces, que conoces de sus errores, y ver lo que Dios hace con ellos, cómo los usa, y no juzgar porque el día que lo hagas, estás diciendo también que tú no deberías tener lo que Dios te ha dado porque, al fin y al cabo, lo que Dios te ha entregado, ha sido por su gracia.
No pretendas ni hagas que la gente trate de entrar únicamente por un esquema, por un paradigma. Si Dios dijo que iba a bendecir al segundo, cambiemos la regla para que el segundo sea el bendecido, y no como nosotros queremos que se haga simplemente para perpetuar una tradición. Si Dios dijo que te va a bendecir, no importa que hayas nacido segundo, que te hayan llamado Jacob, que haya gente por encima de ti; si Dios dijo que te va a bendecir, no tienes que pretender ser otra persona que tú no eres para que Dios te dé lo que Él ha dicho que te va a dar, para obtener lo que Dios quiere que tú tengas. No tienes que ser otra persona para ser feliz, para vivir en relación con Dios; es todo lo contrario.
Otro error que vemos mucho en las iglesias, es uno de ignorancia; este le costó la vida a un joven llamado Mefi-boset. Este era un niño cuando David sube al trono a ser el rey de Israel. David es el escogido por Dios, pero en aquel tiempo estaba Saúl, el que el pueblo había escogido. Pero Saúl comete un error y Dios lo descarta; y su hijo Jonatán estaba supuesto a subir al trono, pero Jonatán dijo: Si Dios escogió a David y no a mí, hago pacto con David; se hizo su amigo y le pidió que, cuando él no estuviera, cuidara de sus hijos; y David lo juró. Una mujer había tomado a Mefi-boset, y salió corriendo, y el niño se cayó y quedó paralítico. Aquella mujer lo que quería era protegerlo; de hecho, lo cuidó; pero a él le habían dicho que lo matarían si supieran quien él era. Pero un día David preguntó: ¿Habrá alguien de la casa de Jonatán a quien yo pueda hacerle misericordia? Llevaron a Mefi-boset ante el rey, pero Mefi-boset lo que dijo fue: Yo soy un perro, no soy nadie. Esa es la autoestima que tenía; alguien, por ignorancia, por protegerlo, lo había lisiado por el resto de sus días. Si esa mujer hubiera sabido el pacto que había, Mefi-boset nunca hubiera sido lisiado y nunca hubiera comido con los esclavos. Esa es la ignorancia de la religión.
La religión muchas veces es ignorante al no entender el pacto que Dios tiene con nosotros. La religión nos juzga por quiénes somos, de dónde venimos, dónde nacimos; nos hace pensar que todo va a ser de acuerdo a lo tradicional. Pero la verdad es que el Dios al que tú le sirves tiene un pacto que va más allá que de quién tú seas hijo. Dios prometió cuidar de ti, guardarte. Por mucho tiempo, no te enseñaron que Dios quiere prosperarte, que te quiere alegre, sano; que la vida de un cristiano se puede disfrutar. Te enseñaron todo lo contrario, no por maldad, sino por protegerte, sin darse cuenta que lo que hacen es lisiarte. Los cristianos no tenemos que excluirnos de este mundo, sino caminar en este mundo y saber disfrutar de todo lo que Dios tiene para nosotros, saber vivir la vida de victoria, de paz, de gozo; sin tener que estar escondidos pensando que no merecemos nada.
Hoy es un buen día para permitirle a Dios borrar la marca que la religión haya hecho en tu corazón. Tú no tienes que ser otro para que Dios te dé lo que Él te ha prometido; recíbelo tal y como eres. Lo que Dios ha prometido darte, te lo va a dar solo por su gracia. Tú no tienes que ser lo que otro pretenda que tú seas. La gracia de Dios está sobre tu vida. No ignores todo lo que Dios ha prometido entregarte. Tú no tienes que vivir como esclavo, tú no tienes que vivir con esa tristeza por el resto de tus días; Dios hizo un pacto con su Hijo, Jesús, que hoy quiere moldear tu vida para darte el futuro que tanto tú deseas. Permítele a Dios reescribir la historia y que Él haga en tu corazón un nuevo tatuaje, una nueva idea, que Él marque tu corazón de una nueva manera, de forma tal que tú comiences a vivir una nueva historia por el resto de tus días. 

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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