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La verdadera amnistía

Apenas se juramentó como presidente interino, Juan Guaidó aprobó, junto con una mayoría significativa de parlamentarios, una ley de amnistía para aquellos militares y personeros gubernamentales que reconocieran su gobierno como el legítimo y constitucional. ¿Puede amnistiarse a cualquier persona, cuando la realidad dice lo contrario? ¿Podemos echar en el olvido cualquier acto indebido y violatorio de las más elementales leyes humanitarias, tanto nacionales como internacionales? Tal vez la respuesta humana e institucional sea afirmativa, pero ¿qué dice Dios al respecto?
Conocemos como amnistía el perdón de penas decretado por el Estado o Poder Legislativo como medida excepcional para todos los presos condenados por determinados tipos de delitos, generalmente políticos. Consiste en una anulación de la responsabilidad jurídica anteriormente determinada de delitos cometidos.
Bajo esa premisa, en Venezuela hemos venido teniendo amnistías oficiales u omisiones de justicia desde hace muchas décadas. Gente a quien se les «perdona» o simplemente se echa en el olvido sus faltas, corrupciones y hasta homicidios cometidos, con tal de que se alinee a una nueva corriente política o transformación estructural en lo político y administrativo. Eso, en vez de mejorar, ha empeorado la situación socio espiritual de la nación, decepcionando a la población, en especial a los afectados, quienes han clamado por justicia, una justicia que se les ha negado bajo la sacrosanta figura de la amnistía al culpable.
Ninguna ley o amnistía puede superponerse a la moral e infalible Palabra de Dios contenida en la Biblia. Los hombres no pueden ofrecer lo que solamente le corresponde a Dios dar. La verdad es que Dios perdona, sí, pero las consecuencias legales deben encararse, porque la violación de las leyes afecta a la otra parte involucrada. Podemos ver personas perdonadas por el Señor purgando sus penas terrenales en una cárcel. Dios es misericordioso y envió a su Hijo al mundo a morir en nuestro lugar para que por la fe en Él recibamos perdón y vida eterna; sin embargo, es un Dios justo, y su justicia debe satisfacer ambos lados (el agresor que se arrepiente y el agredido que clama por su justicia).
Es tal su grado de misericordia y perdón que «Dios muestra su amor por nosotros en que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Con mucha más razón, ahora que ya hemos sido justificados en su sangre, seremos salvados del castigo por medio de él. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, mucho más ahora, que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida» (Romanos 5:8-10). Eso es más grande que la amnistía humana e institucional, pero solo es potestativo de Cristo, el único que murió y resucitó, NUNCA de los hombres, sean estos sacerdotes, parlamentarios o jefes de Estado.
Es un grave pecado ofrecer amnistía a terceros solo por obtener una «estabilidad política» circunstancial, olvidando los delitos cometidos por los posibles amnistiados. Eso no lo acepta Dios, eso no es administración de justicia. Jesucristo, Dios hecho hombre, es el único que tiene la autoridad universal de perdonar pecados, pero también le ofrece al otro, al afectado, su mano de amor y restauración. La suya es la verdadera y eterna justicia, nada que ver con la amnistía circunstancial de los hombres.
¿Cómo piensan Guaidó y los parlamentarios hacerle justicia a los agraviados por aquel que será amnistiado? ¿Si uno recibe amnistía, qué recibirán aquellos afectados por las malas acciones del amnistiado? ¿Quién le devuelve los bienes o la vida arrebatada a los propietarios o familiares afectados? Estas y decenas de preguntas más deberían ser respondidas por estos «nuevos generosos» justicieros, quienes blandiendo leyes y amnistías que solo responden a intereses políticos circunstanciales, contrarían a la Biblia; con esto lo único que harán es acrecentar el malestar social que viene tras una mala aplicación de justicia, que desean disfrazar de amnistía.
El Señor exige un genuino arrepentimiento a quien clama por su perdón, seguido de una sincera confesión de los pecados cometidos (1ª Juan 1:9, 2:1); solo así recibiremos el perdón de Cristo. La amnistía temporal y eminentemente institucional no exige la confesión de los delitos (pecados) del amnistiado; por lo tanto, no tiene efecto alguno ante Dios. Que le quede bien claro a nuestros políticos.

Georges Doumat B.

-o-o-o- 1, 2, y 3 -o-o-o-

1 ¿MASACRE EN CIERNES? Con estupor y tristeza observamos cómo se viene tomando a civiles sin preparación alguna para una posible confrontación bélica con fuerzas extranjeras, desde jovencitos hasta los más ancianos están haciendo ejercicios militares, cuando todos saben bien que las guerras en estos días son de un alto nivel tecnológico. Eso significa que estamos exponiendo a nuestro pueblo a ser «carne de cañón», llevándolos a una masacre segura, como antaño ha sucedido en muchas naciones. Hacemos un llamado a la ponderación y a deponer actitudes de orgullo y soberbia, que no nos conducirán a nada bueno.
2 POLÍTICA Y RELIGIÓN. En la Venezuela actual el grado de sensibilidad política y la actitud de muchos líderes cristianos que asumen posturas políticas antibíblicas han hecho que se vea como incorrecto analizar, Escritura en mano, los asuntos que nos afectan. Charles H. Spurgeon dijo en una ocasión: “Solo los tontos creen que política y religión no se discuten. Por eso los ladrones siguen en el poder y los falsos profetas predicando”. Al diablo nunca le va a convenir que se le desenmascare y menos desde el púlpito y los seminarios.
3 LO DIJO Juan Calvino: “Cuando Dios quiere juzgar a una nación, les da gobernantes malvados”.
Y la Biblia DICE: “Samuel comunicó al pueblo que pedía un rey todo lo que el Señor había dicho. Les dijo: «El rey que ustedes ahora piden les quitará a sus hijos para ponerlos como soldados… También les quitará a sus hijas, para convertirlas en perfumistas, cocineras y panaderas. Además, les quitará sus mejores tierras… la décima parte de sus granos y de sus viñedos para pagarles a sus oficiales y a sus sirvientes… a sus siervos y siervas, y sus mejores jóvenes, y sus asnos y bueyes, para que trabajen para él… El día que ustedes elijan su rey, lo van a lamentar; pero el Señor no les responderá»” (1 Samuel 8:10-18. RVC).

 

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