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La sombra del árbol navideño tapa la verdadera Navidad

(John MacArthur – Pastor y escritor).-

La comunidad donde vivo no suele ser noticia de portada internacional muy a menudo, perolos encargados de un complejo residencial para jubilados local se ganaron el titular a toda plana en la conocida página web de noticias «Drudge Report»: «Árbol de Navidad prohibido», exclamaba el titular.
Algún responsable del complejo residencial decidió que las decoraciones navideñas son emblemas sectarios y las prohibió en todas las áreas comunes. A los miembros del personal se les ordenó quitar el árbol de navidad que los residentes ya habían decorado.
Quizá lo más sorprendente de esta historia es que fue capaz de llegar a cubrir tantos titulares.
Cada año, los «gruñones» del secularismo militante se quejan de las decoraciones navideñas en lugares públicos, y cada Navidad parece que surgen más historias como ésta. Los pleitos y protestas sobre las decoraciones se han convertido en una tradición navideña tan importante como los postres navideños. Por supuesto, los árboles navideños no son realmente símbolos religiosos. No hay un mandato bíblico, ni credo, ni precepto eclesiástico para decorar los árboles -o para intercambiar regalos tampoco. No sabemos con certeza la fecha del nacimiento de Cristo, así que, incluso el 25 de Diciembre no tuvo un significado especial para la iglesia hasta al menos tres siglos d.C.
Estas son simplemente tradiciones que los cristianos han observado durante generaciones.
Como por ejemplo lo es el romper un plato en una boda griega: estas cosas son costumbres culturales, no ritos religiosos.
Ciertamente no hay nada sagrado en las decoraciones navideñas, y si no me crees, date un paseo con el coche por el típico barrio americano de noche durante estas fiestas. Verás jardines y casas cubiertas de nieve artificial, luces brillantes y figuras de fantasía como Papá Noel, Rudolf el reno, el muñeco de nieve «Jack Frost», el Hombre de Jengibre, elfos, Cascanueces, Charlie Brown y, por supuesto, el «Grinch».
Efectivamente, la Navidad en la cultura popular americana está plagada de folclore, sentimientos e iconos que producen nostalgia que no tienen absolutamente nada que ver con la fe genuina. Las tradiciones navideñas más populares no tienen más de 150 años. Una de esas tradiciones, que data de la época de Dickens, es la exploración sentimental de la pregunta: ¿Cuál es el verdadero significado de la Navidad?
El verdadero significado de la Navidad incluso tiene su propia entrada en la Wikipedia. De acuerdo con este artículo, «la práctica en la cultura pop es evitar manifestar abiertamente una opinión religiosa y cambiar el ‘verdadero significado’ en una actitud benevolente e introspectiva».
La verdad de este análisis está ampliamente ilustrado en una creciente jauría de populares películas navideñas. Desde los clásicos favoritos (emitidos repetidamente en maratones de 24 horas) a los pedantes dramas retransmitidos de casa en casa vía televisión por cable cada mes de diciembre, Hollywood alimenta por la fuerza a los telespectadores a una gravemente sesgada noción de la Navidad. Sólo el canal de películas clásicas anuncia 12 nuevas películas navideñas este mes. De una forma u otra, la mayoría de ellas ofrecen su punto de vista del verdadero significado de la Navidad.
Todas ellas están equivocadas.
Francamente, si todo lo que conocieses sobre la Navidad viniese de los adornos de los árboles, de las decoraciones de las casas y de las películas navideñas, no tendrías la menor idea de que esta fiesta tuvo que ver con el nacimiento de Cristo.
El hecho de que la gente piense en los árboles de Navidad como símbolos religiosos es prueba de que los cristianos no han presentado el mensaje de una manera clara.
Para los creyentes, esto debería ser un tema mucho más urgente de preocupación que la llamada «guerra navideña».  Los secularistas que no pueden soportar la visión de un árbol navideño no plantean una amenaza real a la iglesia o su misión. Lo que debería realmente pesarnos que en una cultura salpicada de iglesias y plagada de cristianos profesantes, no hemos sido capaces de abrirnos paso a través de la confusión y comercialización de la fiesta más grande del año y de mostrar al mundo lo que estamos celebrando verdaderamente.
La Navidad trata del nacimiento de Jesucristo. No es solamente una historia conmovedora sobre un bebé en un establo debido a que su familia había sido rechazada en el mesón. De acuerdo con el Nuevo Testamento, el Bebé es Dios hecho carne, viniendo voluntariamente a vivir entre la humanidad, como un siervo, a fin de cargar con el peso de la culpa de los demás y pagar por ello sacrificando su vida: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:1,14).
«Aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:6-8).
«De otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la fundación del mundo; pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo» (Hebreos 9:26).
«Y vosotros sabéis que Él se manifestó a fin de quitar los pecados, y en El no hay pecado» (1ª Juan 3:5).
«Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (Hebreos 1:3).
Haciendo eco de las palabras del apóstol Pablo: «Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero» (1ª Timoteo 1:15).
De esto realmente trata la Navidad, y el 25 de diciembre es tan buen día como otro cualquiera para reservarlo para una celebración especial. «Porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor» (Lucas 2:11). En otras palabras, la «paz en la tierra, buena voluntad para con los hombres» proclamado por los ángeles no es meramente acerca de paz entre naciones y buena voluntad entre los hombres. Se trata de paz con Dios y gracia de Él hacia nosotros a pesar de nuestro pecado.
Incluso el nombre de Jesús significa «Salvador» . «Porque El salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:21). En otras palabras, el corazón del verdadero significado de la Navidad es una promesa de salvación. Completa y gratuita redención de la culpa y la consecuencia del pecado «para todos los que creen» (Romanos 3:22). Esas son las «buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo» (Lucas 2:10).
Si pierdes esto de vista no podrás captar el verdadero sentido de la Navidad completamente. Aférrate a esto y no sólo obtendrás vida eterna, sino que también podrás disfrutar la verdadera «paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento» (Filipenses 4:7).

Traducción: Tan Molina
©Protestante Digital

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