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La soberanía de Dios

Desde la misma creación de Dios, éste le dio al hombre la autoridad para «fructificar, multiplicarse, sojuzgar y enseñorearse» sobre todo lo creado. Posteriormente cuando nacieron los sistemas de gobierno paganos, Dios le señaló a su pueblo, Israel, que Él era su Rey y que la última palabra y la soberanía era suya; hasta que Israel pidió rey como el resto de las naciones, que saliera de entre uno de ellos, y pese al desagrado del Señor éste le indicó al profeta y juez Samuel que «ungiera como rey de Israel a Saúl».
A partir de ese momento el Altísimo, auténtico soberano del universo, «creador de todo lo que hay, tanto visible como invisible», permitió que el mundo y también su pueblo eterno tuviera un sistema de gobierno para que fuera el administrador de los recursos naturales y que los distribuyera lo más equitativamente posible, cuestión que a todas luces nunca ha pasado. La salvedad siempre la tuvo con Israel, para quien no existía ninguna forma de gobierno humanamente propia, sino una teocracia (gobierno de Dios a través de sus siervos); y eso también falló porque el liderazgo de Israel quería parecerse a los gobiernos paganos y practicar todo el libertinaje que los enemigos de Dios practicaban -idolatría y culto a la personalidad incluidos. ¿El resultado?, ha estado a la vista durante siglos.
Es cierto que «Dios pone y quita reyes», como asegura la Biblia; al fin y al cabo «del Señor es la tierra y su plenitud, los hombres y los que en ella habitan». Pero tal y como nos lo revela la Palabra de Dios, la perfecta voluntad de Dios era que la humanidad se administrara por medio de autoridades delegadas por Él con quienes compartiría el gobierno en el mundo, pero única y exclusivamente bajo la dirección del Espíritu Santo (Pneuma, en griego); es decir, una ‘pneumocracia’ (o gobierno del Espíritu Santo). Pero el hombre no lo aceptó y continuó la rebelión contra su Creador, autogobernándose como mejor le pareciera.
Es por esta razón que no existe ideología política, ni sistema de gobierno que funcione, porque hasta la menos mala como lo es la democracia (gobierno del pueblo y para el pueblo) al levantarse sobre ideales humanistas y no según lo estableció Dios en su Palabra contenida en la Biblia, sencillamente nunca funcionará; por el contrario, el Señor revela en el Apocalipsis cómo la democracia llevará a la humanidad a un nuevo orden mundial sin Dios que sentará en el trono del gobierno mundial que se levantará muy pronto en el planeta a un hombre que será conocido como el anticristo.
En un futuro cercano, luego de siete años de catástrofes, hambrunas, guerras, control económico, persecución religiosa y acoso mortal a Israel, que signarán el gobierno del hijo del diablo (el anticristo); el Apocalipsis y varios libros proféticos del Antiguo Testamento revelan que regresará el Hijo de Dios, Jesucristo, pero ahora como Rey Soberano del universo y llamará a juicio a los reyes, presidentes y gobiernos mundiales; sanará las naciones y reinará teocráticamente -como siempre debió ser- en plena paz, provisión y seguridad, sentado en su trono en el Templo de Jerusalén, en Israel.
Hoy, Venezuela llora y lamenta la partida del Presidente Hugo Chávez, y es genuino este sentimiento; pero debemos aprender a leer y aceptar la voluntad de Dios para nuestra vida y la nación entera. No caigamos en juicios, no emitamos comentarios temerarios por su partida. Si Dios decidió llamarle Él sabrá por qué; nosotros simplemente debemos seguir adelante hacia aquello que el Señor nos ha establecido para Venezuela. Nunca olvidemos que «nuevas son las misericordias de Dios cada mañana»; Él es el Soberano de las naciones y lo será siempre, en sus manos está el dar vida y quitarla, el poner gobernantes y quitarlos.
Recibamos con madurez lo que dejó el Presidente Chávez, pero no cometamos el error de olvidar que la soberanía es de Dios y será su santa voluntad la que siempre se hará. Este país le pertenece a Cristo y Él tiene cosas muy grandes y poderosas para Venezuela. Nademos en favor de la corriente divina, nunca nadie ha salido airoso nadando contra ella… «¡El que tenga oídos para oír que oiga!».

director@verdadyvida.org

@georgesdoumat

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