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¿La ‘salvación nacional’ de Guaidó o la de Jesucristo?

La salvación nacional no vendrá de la mano de Guaidó ni de ningún político, vendrá del propio Señor Jesucristo cuando se cumpla lo que expresa la Biblia en 2 Crónicas 7:14

Alguien debería decirle a Guaidó que el único ‘Acuerdo de Salvación Nacional’ que funcionará es el de la humillación y el arrepentimiento nacional ante el Señor, incluidos los actuales políticos de ambos bandos / EFE

Desde hace varias décadas Dios viene hablando a través de calificados profetas acerca de la salida a la grave crisis espiritual de Venezuela, la cual vendrá directamente de su mano todopoderosa y no a través de ninguna negociación humana y mucho menos por la intermediación de ningún hombre nacional o internacionalmente.
Cuando Juan Guaidó asumió la presidencia de la Asamblea nacional en enero de 2019 con su estribillo: “Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”, el Señor volvió a recordarle a los venezolanos que no pusieran su mirada en ningún hombre como “salvador” de Venezuela, y pese a eso muchos surfearon en la ola efervescente de la popularidad del flaco de La Guaira, cristianos incluidos.
A dos años y cuatro meses de aquel fervoroso movimiento encabezado por Guaidó lo que ha quedado son sinsabores y una población desconcertada; es obvio, porque cuando se desatienden las directrices divinas tarde o temprano llega la desilusión con su gama de sentimientos encontrados, tal y como sucede en la actualidad.
Pues bien, ahora Guaidó trae a la mesa ‘el Acuerdo de Salvación Nacional’ que “debe darse entre las fuerzas democráticas representadas por el Gobierno Interino, la Asamblea Nacional la plataforma unitaria, los actores que conforman y sostienen al gobierno de Nicolás Maduro y la comunidad internacional», según el líder opositor.
Guaidó sostuvo que este plan debe contener la convocatoria a elecciones libres y justas. “La presidencial, las parlamentarias, las regionales y municipales con observación y respaldo internacional”.
Asegurando que “este acuerdo solo será posible si contamos con mayor presión, tanto nacional como internacional, que garantice un proceso de negociación que contemple, junto a nuestros aliados, garantías para todos, para todos los actores”. ¿Estará el atribulado pueblo venezolano entre ‘todos estos actores’? ¿Y Dios, estará en la agenda negociadora de Guaidó o pensará él que es el salvador de Venezuela?
Otras de las exigencias de este salvífico acuerdo es que se debe permitir la entrada de ayuda humanitaria, vacunas contra la COVID-19; así como “debe darse la justicia transicional y el levantamiento progresivo de las sanciones, condicionados al cumplimiento de estos objetivos fundamentales del acuerdo”. Como le diría el Señor a la mujer sirofenicia: «¡Grande es tu fe…!».
A veces nos preguntamos si alguno de los cristianos que están alrededor de Guaidó no le han hablado al oído para recordarle que «si el Señor no edifica la casa [Venezuela], de nada sirve que los edificadores se esfuercen. Si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que los guardias la vigilen» (Salmo 127:1). La salvación nacional no vendrá de la mano de Guaidó ni de ningún político, vendrá del propio Señor Jesucristo cuando se cumpla en Venezuela lo que expresa la Biblia en 2 Crónicas 7:14:
«Si mi pueblo se humilla, y ora, y busca mi rostro, y se arrepiente de sus caminos malvados, los oiré desde el cielo y perdonaré sus pecados y restauraré el país».
Partiendo de la humillación de su pueblo (los creyentes en Cristo) y de todo venezolano dentro y fuera del país, y se clama con actitud de arrepentimiento de toda la maldad, corrupción, brujería, idolatría, asesinatos, robos, entre muchos otros cometidos en el país; entonces Dios oirá desde los cielos y traerá perdón, salvación y restauración a Venezuela.
Alguien debería decirle a Guaidó que el único ‘Acuerdo de Salvación Nacional’ que funcionará es el de la humillación y el arrepentimiento nacional ante el Señor, incluidos los actuales políticos de ambos bandos. Quiera Dios que no llegue tras una confrontación nacional que nadie quiere, porque de que llegará, llegará; así lo ha prometido el Altísimo, pero si los políticos siguen en su obstinada posición sectaria la restauración de Venezuela vendrá de la manera que nadie lo desea y todos ellos quedarán fuera.
¡Dios tenga misericordia de Venezuela!

Georges Doumat B.

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