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La paciencia

Primero se hacen las peticiones, después sigue la fe sin la cual es imposible agradar a Dios, pero ahora necesito tener paciencia hasta recibir la respuesta del Señor

hacerse presente la paciencia en nosotros como fruto del Espíritu Santo y nuestra fe producir paciencia en medio de la prueba / Freepik
Con origen en el vocablo latino patientia, la palabra paciencia describe la capacidad que posee un sujeto para tolerar, atravesar o soportar una determinada situación sin experimentar nerviosismo ni perder la calma. De esta manera, puede decirse que un individuo con paciencia es aquel que no suele alterarse. Cuando una persona o situación acaba con la paciencia de alguien, consigue que el sujeto alcance un estado de hartazgo, que se canse y que no soporte más esa realidad. Las consecuencias pueden ser muy variadas, y van desde brotes de violencia hasta el mero alejamiento, el dejarse rendir.
La paciencia también representa la facultad de aprender a aguardar por alguien o algo sin perturbarse durante la espera (“Tuve mucha paciencia, decidí quedarme en la empresa y, finalmente, me ascendieron”), la capacidad de llevar a cabo diferentes planes o tareas sin permitir que la ansiedad arruine el objetivo (“Con paciencia, pude completar el rompecabezas de 2.000 piezas”) o la lentitud con la cual se desarrolla una actividad que exige precisión y minuciosidad (“El secreto para decorar una torta es hacer cada paso con paciencia”).
La paciencia, en definitiva, guarda una relación estrecha con la calma y con la paz. Una persona paciente, según las definiciones teóricas, es aquella que sabe esperar y logra tomarse las cosas con calma. Lo contrario es un sujeto impaciente, que es ansioso y que desea todo de forma inmediata. (Autores: Julián Pérez Porto y Ana Gardey – Destacado nuestro)
Paciencia (gr. “makrothumía”, “paciencia”, “firmeza”, “constancia”, “resistencia”; “upomone”, “paciencia”, “constancia”, “fortaleza”, “perseverancia”, “firmeza”). Paciencia es la cualidad de resistir con firmeza, con la confiada expectativa de un fin deseado, a pesar de las dificultades, del desánimo y de las circunstancias desalentadoras y, a menudo, del sufrimiento. La paciencia se basa en la esperanza (Romanos 8:24-25; 1ª Tesalonicenses 1:3). En vista de que “a través de muchas tribulaciones entraremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22), y particularmente por cuanto la entrada en ese reino venidero de gloria involucra un prolongado período de espera, la paciencia o constancia perseverante llega a ser una virtud cristiana cardinal (Hebreos 10:36; Juan 1:3-4). (Diccionario de Biblia y Teología – Destacado nuestro).
Las palabras griegas upomone y makrothumia se traducen como paciencia, pero ellas no son exactamente sinónimas. Upomone es la cualidad de soportar las pruebas. Los que poseen esta virtud están libres de cobardía y desaliento. Es principalmente una actitud del corazón con respecto a las cosas. Makrothumia es una actitud con respecto a las personas. La paciencia es una faceta del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22 [VHA: longanimidad]); es una virtud que Dios aprecia de manera especial en los seres humanos y que parece desarrollarse mejor en las pruebas (Romanos 5:3-4; Santiago 1:3-4), constancia; fortaleza; Santiago 5:11 (perseverancia). Ambos términos se aplican a Dios (Romanos 2:4; 1ª Pedro 3:20), aparentemente siempre en relación con las personas. (Diccionario Bíblico Evangélico – Destacado nuestro).
Es la virtud que ejerce Dios cuando no castiga inmediatamente las ofensas que le hacen los hombres. “Dios, tras haber pasado por alto, en su paciencia los pecados pasados, ahora reclama de los hombres que se arrepientan” (Romanos 3:25; Romanos 9:22). Equivale a longanimidad, en lo cual Dios es rico (Romanos 2:4). Él es misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia (Éxodo 34:6). El hombre, entonces, debe seguir el ejemplo de Dios, ejerciendo la paciencia con los demás (Proverbios 14:29; Proverbios 15:18). Mejor es el que tarde en airarse que el fuerte (Proverbios 16:32). Los cristianos han de ser pacientes para con todos (1ª Tesalonicenses 5:14). Nuestro comportamiento debe ser con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor (Efesios 4:2), porque la paciencia es un componente del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22; Colosenses 3:12).
También se usa el término para señalar la capacidad humana para soportar las calamidades de la vida. El creyente debe tener por sumo gozo cuando se halla en diversas pruebas, sabiendo que así su fe produce paciencia. (Santiago 1:2-3). Son llamados a imitar a aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas (Hebreos 6:12). El verbo esperar muy usado en los Salmos, habla de ello. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él (Salmo 37:7). Se pone como paradigma la paciencia de Job (Santiago 5:11), y se señala que fue una característica del apostolado paulino (2ª Corintios 6:4; 2ª Corintios 12:12). Para hacer la voluntad de Dios se necesita ejercer la paciencia (Hebreos 10:36). Los creyentes deben esperar con paciencia la segunda venida de Cristo (Santiago 5:7). La paciencia caracteriza a los verdaderos cristianos (Apocalipsis 1:9; 2:2-3, 2:19; 3:10; 13:10; 14:12). (Diccionario Bíblico Cristiano – Destacado nuestro).
Virtud humana y cristiana que mueve a llevar con tranquilidad y serenidad, con paz, los diversos avatares, agradables o desagradables, de la vida y del trabajo. La paciencia tiene estrecha relación con la fortaleza, la tolerancia, el aguante, el saber soportar y resistir las adversidades. Por eso supone actitud comprensiva con las personas y con los hechos. Establece vínculos directos con la resignación, la serenidad, la conformidad, la fidelidad y la esperanza. Es capacidad de mantener la paz si los obstáculos la perturban y ellos suponen fortaleza. Es muy diferente de la “ataraxia” (actitud griega de indiferencia e imperturbabilidad) y es muy distante de la superioridad ante los demás. La paciencia es compatible con el interés por las cosas y el deseo de pronto resolución de los problemas. Pero el interés es compatible con la fortaleza de la mente para dominar el nerviosismo, la intemperancia o la irritabilidad.
En el Nuevo Testamento se habla hasta 23 veces de la paciencia como aguante (anextos o enjomai) y 25 veces de la paciencia como serenidad (makro-zumeo o makor-zumia). El mensaje queda claramente expuesto con sentido teocéntrico: “Dios tiene paciencia sobre todos” (Lucas 18:7). Por eso “premia al que sabe tener paciencia hasta el final” (Mateo 10:22) y se irrita ante el que no sabe ser paciente con sus deudores, como refleja la parábola del criado que pedía “paciencia a su señor a quien debía cien talentos y no supo tener paciencia con el compañero que le debía 100 monedas” (Mateo 18:23-35). (Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado – Destacado nuestro).
Bajo este término debemos incluir por lo menos tres palabras griegas, hupomone, makrozumia y anoche. Son palabras bíblicas que no se encuentran en el griego clásico y son específicamente cristianas en su connotación. La paciencia es primeramente característica en Dios. Es su gran longanimidad ante el mal y la maldad en el hombre (Éxodo 34:6; 1ª Pedro 3:20). Esta cualidad lleva a revivir la propia paciencia del hombre en el obrar de los justos propósitos de Dios (Romanos 2:4; 2ª Pedro 3:9,15). Existe una esperanza segura en un juicio futuro por Jesucristo. La ira divina está suspendida por un tiempo para dar la oportunidad de arrepentimiento a los hombres y para que obedezcan la voluntad de Dios.
En segundo lugar, la paciencia es cultivada por los santos (Apocalipsis 13:10). La palabra es tanto pasiva como activa en su significado. Tiene una variedad de matices en sus énfasis. Hay implicado más que un mero aguante. Ha sido descrita como la «constancia masculina bajo la prueba» (cf. 1 Macabeos 8:4). Recuerda la persistencia romana que nunca firmaba la paz ante la derrota. La paciencia mantiene a un hombre erguido con su cara al viento. Cambia las duras pruebas en gloria porque capacita al cristiano para ver la meta más allá del dolor. De esta manera, él enfrenta la dilación sin depresión, la opresión sin represalias y el sufrimiento sin ceder. Esta virtud, la ha aprendido de Dios, quien es paciente con él en su debilidad, fracaso y pecado. (Colosenses 1:11).
En tercer lugar, la paciencia es recomendable en el ministro cristiano (cf. 2ª Corintios 6:4; 1ª Timoteo 1:16; 2ª Timoteo 3:10; Tito 2:2). Esta gracia, tan prominente en Jesucristo, debe reproducirse en sus siervos. (Vocabulario de las Epístolas Paulinas – Destacado nuestro).
En mi opinión esta pandemia del Covid-19 presente en los países de los cincos continentes que se han sumado a la cuarentena obligatoria, anunciada por gobiernos de todo el mundo en los últimos meses y en la mayoría de estos inició en el mes de marzo de este año, ha evidenciado de una manera muy clara e inequívoca que los miembros de las iglesias del Señor Jesucristo en cualquier país donde ha llegado esta pandemia, no hemos sido pacientes, prudentes, serenos, tranquilos y llenos de paz conforme lo establece la gloriosa Palabra del Señor y se indica en todas las definiciones arriba señaladas sobre el tema de la paciencia y lo que debe ser la conducta y ejemplo de nosotros los ministros del Señor en primer lugar, y luego de la feligresía en medio de esta cuarentena, ya que la mayoría de las oraciones, peticiones, rogativas, súplicas, clamores acompañados de ayunos, que hemos hecho en este y en cualquier país del mundo delante del Dios de amor, misericordia y bondad están saturadas de ansiedad, angustia, impaciencia, nerviosismo, temores, preocupaciones, inseguridad, dudas, desánimos; y lo más grave aún con declaraciones y promesas muy parecidas al pensamiento positivo, que todo está resuelto, la crisis de la pandemia del Covid-19 ya terminó y todos seremos felices.
Algunos fueron más osados y retaron a Dios al no protegerse, ni seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y hoy lamentablemente están muertos. El mejor ejemplo de esto es la información que circuló por las redes sociales sobre los 32 pastores y misioneros en Nicaragua, que al parecer murieron por causa del Coronavirus desde el 9 de mayo hasta el 13 de junio de este año. Otros proclaman que el avivamiento está a la vuelta de la esquina y una inmensa cantidad de mensajes motivacionales cargados de buenas intenciones, que a mi entender, no proceden del Dios vivo y verdadero ni de su preciosa Palabra; porque en vez de hacerse presente la paciencia en nosotros como fruto del Espíritu Santo y nuestra fe producir paciencia en medio de la prueba, lo que surge es incredulidad, angustia y nuestros pensamientos se disparan hacia Dios con un sin número de preguntas que no obtienen respuesta.
Por otro parte, la Palabra de Dios nos recomienda que debemos tomar como ejemplo de aflicción y paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor, pero lo que me llama poderosamente la atención es que la mayoría de los ministros y  pueblo del Señor están basando sus prédicas en el Antiguo Testamento y pocas veces predican en el Nuevo Testamento, es decir, no hay un equilibrio en sus mensajes y muy poco se oye predicar o enseñar sobre la paciencia, que en mi opinión, es la piedra fundamental de las oraciones y la fe; primero se hacen las peticiones, después sigue la fe sin la cual es imposible agradar a Dios, pero ahora necesito tener paciencia hasta recibir la respuesta del Señor, para que así se cumpla la palabra que dice: “A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas”. “Y habiendo esperado (Abraham) con paciencia alcanzó la promesa”. “Porque es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Gálatas 5:22; Santiago 5:10; Hebreos 6:12; Hebreos 6:15; 10:36).

Orlando Anzola Aguilar
Ministro del Evangelio
despiertatetuqueduermes@hotmail.com

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