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La oración rompe cadenas

(Liliana Daymar González – Periodista).-

Vivir en Venezuela no es nada fácil, en cada rincón del territorio nacional existe el miedo generalizado a no salir vivos de esta crisis. Ya no sólo es el miedo a no encontrar medicinas, a quedarnos sin alimentos, sin papel higiénico, sin electricidad, a la expropiación, a perder el empleo, a no conseguir cupo en la universidad, a no recibir dólares para viajar ni para importar insumos, a que nos roben; sino miedo a que nos maten, a que una bala perdida nos deje tendidos en el pavimento o nos metan presos por protestar.
Dice la Biblia en 2 Crónicas 7:15: «Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra».
Dios es fiel a su Palabra y Él ha prometido (oír) atender nuestros ruegos; (perdonar) liberarnos del castigo de nuestros pecados; (Sanar) curar, recuperar, restablecer y fortalecer a nuestra amada tierra (Venezuela), bajo la condición de que nos postremos delante de Él en oración, y arrepentidos de nuestras malas obras, busquemos su presencia e invoquemos su perdón.
Debemos buscar al único Dios verdadero, el creador de los cielos y la tierra e interceder por nuestra nación para liberarla de las ataduras demoníacas y anular los pactos que se hicieron con la muerte (Isaías 28:18).
Lectura del tarot, manos, adivinación, horóscopo, brujería, magia, hechicería, consulta a los muertos, idolatría, santería son algunas de las prácticas ocultistas habituales en Venezuela, se mueven incluso, en las altas esferas políticas del Estado, lo que le ha dado derecho legal a las influencias demoníacas para controlar las decisiones gubernamentales.
Deuteronomio 18: 9-12, nos advierte: «Que nadie de ustedes… practique la adivinación, ni pretenda predecir el futuro, ni se dedique a la hechicería ni a los encantamientos, ni consulte a los adivinos y a los que invocan a los espíritus, ni consulte a los muertos. Porque al Señor le repugnan los que hacen estas cosas. Y si el Señor su Dios arroja de la presencia de ustedes a estas naciones, es precisamente porque tienen esas horribles costumbres».
Debemos asumir que nuestra lucha no es contra sangre y carne (seres humanos), sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra huestes espirituales de maldad (fuerzas diabólicas) y para vencer tenemos que vestirnos con toda la Armadura de Dios (Efesios 6:12).
Cuando el pueblo venezolano, en medio del caos y la desesperación, adore en espíritu y en verdad (Juan 4:2), Dios todopoderoso romperá el yugo y las cadenas de la opresión.
Venezuela, tierra de gracia, «el Señor te bendiga y te guarde; el Señor te mire con agrado y te extienda su amor; el Señor te muestre su favor y te conceda la paz» (Números 6:24-26).
lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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