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La obstinación

El gran problema del ser humano es que quiere obtener todos los beneficios de Dios, pero no se preocupa por conocer cuál es la voluntad de Dios para con ellos, y si la conocen, no se esfuerzan por obedecerla; argumentando que un Dios bueno no puede castigar a sus hijos. Dios levantó al profeta Jeremías en la época de mayor apostasía del pueblo, y su mensaje fue de advertencia; o se vuelven a Dios, o aténganse a las consecuencias.
«Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos: Porque dijeron esta palabra, he aquí yo pongo mis palabras en tu boca por fuego, y a este pueblo por leña, y los consumirá» (Jeremías 5:14).
El profeta Jeremías continuamente tenía que confrontarse con el pueblo de Israel y de Judá, porque no les hablaba lo que ellos querían escuchar, sino del sentir del corazón de Dios.
El profeta fue fiel en advertirles sobre los juicios divinos, más el pueblo se mantuvo firme en su obstinación, y esto equivalía a unir el fuego con la leña.
Aunque Dios le había prometido a Su pueblo que lo pondría por cabeza y no por cola, Dios le recuerda que la iniquidad (ingredientes para la hechicería y brujería) la raíz de todos los males, los privaría de todos los privilegios que tenía como pueblo escogido, y sus pecados (conjuros) invalidaban tanto las bendiciones, como las promesas que ellos habían recibido de parte de Dios; dejándolos en el campo peligroso del enemigo.a
Los líderes espirituales tienen la responsabilidad de llevar medicina al pueblo de Dios, pero para que esto se lleve a cabo, se requiere la presencia del Espíritu Santo en sus vidas. Como pastores, profetas, evangelista, apóstoles, maestros debemos entender que nuestra labor va más allá de dar un simple mensaje, pues debemos preocuparnos por la restauración espiritual, emocional y hasta física de cada una de las personas que Dios trae a nuestras comunidades. Debemos evitar darles recetas equivocadas con el fin de quitarlos del camino, haciéndoles creer que todo está bien y que nada malo les va a acontecer.
«Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos» (Jeremías 6:16).
Dios quiere que sus hijos hagan un alto en el camino y reconozcan en verdad que se han desviado de la senda; al igual que el viajero que decide detener la marcha y averiguar cómo llegar a la ruta correcta a pesar de haber avanzado un gran trayecto por el camino equivocado.
El Señor le está pidiendo a Su pueblo: «Vuelvan al camino correcto».
Apreciado amigo si esta es su situación, no permanezca obstinado pensando que nada grave le va a acontecer. Vuelva su corazón a Dios.
Sopla un viento nuevo…

David Guerra
Pastor

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