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La naturaleza humana

(Rodolfo Grössl Díaz – Articulista español).-

Esta mañana estaba leyendo la epístola universal de Santiago al pueblo de Israel. Me llamó la atención el pasaje Santiago 1:5-8 «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará. Dios es generoso y nos da todo con agrado. Pero debe pedirle a Dios con fe, sin dudar nada. El que duda es como una ola del mar que el viento se lleva de un lado a otro. No sabe lo que quiere, por lo tanto no debe esperar nada del Señor, 8 pues el que duda es inestable en todo lo que hace».
Es interesante observar que quién escribe este pasaje es Santiago uno de los hermanos de Jesús, que no creyó en Jesús, sino hasta que éste resucitó. Lo cual quiere decir que él está comunicando una experiencia por la que él atravesó, para que el pueblo de Israel no dudara de quién es Jesús, y digo es, porque no nos olvidemos que Jesucristo está vivo.
Y ustedes se estarán preguntando qué tiene que ver esto con el título de este artículo; pues que así somos los seres humanos, inestables en todo lo que hacemos, que dudamos constantemente de nuestras creencias y luego cuando nos va mal, la salida más fácil es echarle la culpa a Dios o a cualquier otra persona que se nos ocurra en el momento de nuestros males.
Muchas veces le pedimos a Dios muchas cosas, sobre todo materiales; sin embargo vemos a Santiago aconsejarnos que pidamos sabiduría a Dios, que está dispuesto a dárnoslas con agrado, pero que lo hagamos sin dudar, porque a Dios no le agrada las personas indecisas, inestables, que dudan de su existencia. Y esto me trae a la memoria el pasaje del Antiguo Testamento 1 Reyes 3:3-15 que una vez confirmado Salomón rey de Israel, una noche en sueños se le apareció Dios y le dijo que pidiera lo que quisiera que él se lo daría y qué sorpresa para nosotros que Salomón le pidió sabiduría y no riquezas; pero Dios le concedió la sabiduría y además riquezas y gloria como no había tenido, ni tendría, ningún otro rey.
Vemos entonces cómo le agrada a Dios que sea nuestro corazón y no estoy diciendo con esto que las riquezas sean malas, porque si no Dios no se la hubiera dado a Salomón y en cantidades enormes; sino lo que quiero resaltar es que en nuestra vida diaria tenemos invertidas las prioridades que Dios quiere que tengamos. Ya lo dijo Jesucristo cuando le preguntaron al respecto, y lo encontramos en Marcos 12:28-31: «Uno de los escribas, que había estado presente en la discusión y que vio lo bien que Jesús les había respondido, le preguntó:(J) ‘De todos los mandamientos, ¿cuál es el más importante?’. Jesús le respondió: ‘El más importante es: ‘Oye, Israel: el Señor, nuestro Dios, el Señor es uno’. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas’.(K) El segundo en importancia es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’.(L) No hay otro mandamiento más importante que éstos».
Que sencillo parecen estos dos mandamientos, pero tan difícil de regir nuestras vidas por ellos.
Así es la naturaleza humana. Refleja la lucha diaria entre nuestros deseos y los que Dios ha puesto en nuestro corazón, tal como lo dice su Palabra.
Que Dios los bendiga abundantemente.
ruddy1952@gmail.com

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