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La muerte y resurrección de Cristo y el matrimonio, Luis y Hannia Fernández

En esta semana especial, y específicamente este día viernes, el mundo celebra y recuerda la muerte y resurrección de Cristo Jesus, el Hijo de Dios.
La muerte y resurrección de Jesucristo nos dio la oportunidad de ser salvos y tener acceso a todas las bendiciones del cielo como hijos de Dios. Pero para obtener esos beneficios, debemos entregar nuestra vida a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Él es el único camino al cielo y no hay nadie más.
En el matrimonio, es necesario morir a nuestros deseos y pasiones y resucitar a una nueva vida en Cristo, o sea a la manera de Dios. No podemos seguir con los rudimentos del mundo, tenemos que avanzar a una nueva vida, que solamente en Cristo puede ser mejor y victoriosa.
Cristo Jesus sacrificó su vida por el bienestar de nosotros. Igualmente en el matrimonio debemos sacrificar nuestra manera de ser por el bienestar de nuestro cónyuge. Si los dos lo hacen con la verdadera intención de obedecer al Señor, ese matrimonio se convertirá en un matrimonio bendecido, lleno de amor, de gozo y de paz.
Efesios 5:21-33, dice: «Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama, pues nadie odió jamás a su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero yo me refiero a Cristo y a la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido». 
Dios manda a los hombres a amar a sus esposas así como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella hasta la muerte y muerte de cruz. Cristo Jesús se entregó de esa manera, porque era la única forma de redimir el pecado de la humanidad. Igualmente el hombre debe entregarse a amar a su esposa, servirla, apoyarla, levantarla, atenderla para derramar sobre ella el manantial de vida de la Palabra de Dios y convertirla en una mujer gloriosa que de testimonio de la presencia del amor de Dios en su vida. Dios igualmente manda a las mujeres a vencer su tendencia a irrespetar a su esposo, a tratar de gobernarlo y de que hagan lo que ellas quieren. Deben entregar esa actitud a Cristo en la cruz y resucitar a una nueva vida como mujeres sabias que edifican su hogar con sabiduría y amor.
Que en estos días que recordamos y honramos la muerte y resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, podamos en obediencia a su Palabra morir a esas actitudes que han estado afectando nuestro matrimonio y podamos resucitar la Palabra de Cristo Jesús en nuestras vidas para obedecerla, hacer su voluntad y obtener matrimonios saludables.
Feliz día de Resurrección.
¡Tu matrimonio y tu familia es el regalo más preciado que Dios te ha dado. Cuídalo!
Luis y Hannia Fernández
Pastores y consejeros
luisyhannia@libresparaamar.org

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