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La muerte (científica) de Jesús

La «peor» muerte de la época. Solo los peores criminales murieron como Jesús. Y con Jesús todavía fue peor, porque no todos los criminales condenados a aquel castigo recibieron clavos en sus miembros.
Sí, fueron clavos… ¡y de los grandes! Cada uno tenía de 15 a 20 cm, con una punta de 6 cm. y el otro extremo puntiagudo.
Ellos eran clavados en las muñecas y no en las manos como dicen. En la muñeca hay un tendón que llega a nuestro hombro, y cuando los clavos fueron martillados, ese tendón se rompió obligando a Jesús a forzar todos los músculos de su espalda, por tener sus muñecas clavadas, para poder respirar porque perdía todo el aire de sus pulmones.
De esta forma era obligado a apoyarse en el clavo metido en sus pies que todavía era más grande que el de sus manos, porque clavaban los dos pies juntos. Y como sus pies no aguantarían por mucho tiempo sin rasgarse también, Jesús era obligado a alternar ese «ciclo» simplemente para lograr respirar.
Jesús aguantó esa situación por poco más de 3 horas.
Sí, ¡más de 3 horas! Mucho tiempo, ¿verdad? Algunos minutos antes de morir, Jesús ya no sangraba más. Sencillamente le salía agua de sus cortes y heridas.
Cuando lo imaginamos herido, imaginamos meras heridas, pero no; las de Él eran verdaderos agujeros, agujeros hechos en su cuerpo.
Él no tenía más sangre para sangrar, por lo tanto, le salía agua.
El cuerpo humano está compuesto de aproximadamente 3,5 litros de sangre (en un adulto).
Jesús derramó 3,5 litros de sangre; tuvo tres clavos enormes metidos en sus miembros; una corona de espinas en su cabeza y, además, un soldado romano le clavó una lanza en su tórax.
Todo esto sin mencionar la humillación que pasó después de haber cargado su propia cruz por casi dos kilómetros, mientras la multitud le escupía el rostro y le tiraba piedras (la cruz pesaba cerca de 30 kilos, tan solo en la parte superior, en la que le clavaron sus manos).
Todo eso pasó Jesús, solo para que tú tengas un libre acceso a Dios. Para que tengas todos tus pecados «lavados». ¡Todos ellos sin excepción! No ignores esta situación. ¡ÉL MURIÓ POR TI! Por ti que estás ahora leyendo este escrito. No creas que Él murió por otros, por aquellos que van a la iglesia o por aquellos monjes, curas, pastores, obispos, etc.
¡Él murió por ti! Acepta la realidad, la verdad de que JESÚS ES LA ÚNICA SALVACIÓN PARA EL MUNDO.
Dios tiene planes para ti, háblales a todos lo que Él pasó, únicamente para darnos la salvación. ¡Piensa en esto ahora! ¡Dios bendiga nuestra vida!

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