lunes , noviembre 19 2018
Home / Análisis / La misión del Espíritu Santo (Juan 16:5-11)

La misión del Espíritu Santo (Juan 16:5-11)

(Germán Novelli M. – Pastor y periodista).-

El Día de Pentecostés es una festividad muy importante para la Iglesia de Cristo y por ende de cada persona que confiesa ser cristiano.

Hace más de 2 mil años atrás, a las nueve de la mañana, unas 120 personas se encontraban en un aposento alto en espera de la promesa de Jesús, de enviarles el Consolador, el que los Guiaría a toda verdad.

En esta ocasión estudiaremos, meditaremos y aplicaremos a nuestra vida, con la ayuda de Dios, la enseñanza de Nuestro Señor sobre:

¿Cuál es la misión del Espíritu Santo?, basada en Juan 16: 5-11.

El Espíritu Santo convence de pecado

«Pero ahora voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: “¿A dónde vas?”. Antes, porque les he dicho estas cosas, tristeza ha llenado sus corazones. Pero yo les digo la verdad: Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, se los enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado…. De pecado, por cuanto no creen en mí…»

Los seres humanos tenemos facilidad para ver las fallas de otros y no las nuestras.

También tenemos criterios sobre lo que es y lo que no es pecado. Es decir, hacemos esfuerzos para acomodar la Palabra de Dios a nuestro estilo y no que cada actitud y acción sea dirigido por la Palabra de Dios.

Por ejemplo, cuando estudiamos los Diez Mandamientos, y leemos el V Mandamiento, en el que Dios ordena no matar. En forma rápida y fácil concluimos: “Estoy bien con Dios, porque yo no soy un criminal”.

Frente a esta conclusión humana y carnal, Jesús enseña en Mateo 5: “que ofender, insultar o maldecir a un semejante es matarlo… y tiene como destino el infierno”.

¿Qué hacemos? Pasamos por alto las palabras de Cristo y creemos nuestras propias mentiras.

El trabajo del Espíritu Santo es desenmascarar al diablo y las mentiras que el enemigo ha sembrado en nosotros. El diablo quiere mostrarnos que no hemos ofendido a Dios, que no necesitamos a Jesús.

Esto es rechazar la obra de Cristo, su Sacrificio por nosotros en la cruz. Juan 3:36, “el que rechaza al Hijo de Dios ya ha sido condenado por no creer en Cristo”.

El pecado no tiene tamaños. Sin embargo, si hay una medida de pecado, el mayor es no creer en Cristo.

Cuando somos convencidos de pecado, el Espíritu nos lleva a la verdad que es Cristo. Una verdad que nos convence de que somos pecadores, que necesitamos un Salvador y que, en Jesús, por su amor y gracia, tenemos el perdón de los pecados. “El que tiene al Hijo tiene la vida y no vendrá a condenación porque ha pasado de muerte a vida”.

El Espíritu Santo usa la Palabra para darnos la buena noticia de salvación en Jesucristo. Cuando vemos la obra del Espíritu Santo en la perspectiva bíblica, sabemos que la promesa de Cristo es verdad.

En Pentecostés, tres mil personas se declararon culpables por la muerte de Jesús, culpables de pecado, esa confesión fue obra del Espíritu Santo, que los sacó de su error, entonces creyeron en Jesús y fueron bautizados.

La Misión del Espíritu Santo (Juan 16:5-11)

El Espíritu Santo convence de justicia

«Pero ahora voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: “¿A dónde vas?”. Antes, porque les he dicho estas cosas, tristeza ha llenado sus corazones. Pero yo les digo la verdad: Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, se los enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de justicia…. de justicia, por cuanto voy al Padre y no me verán más».

Otra de las tendencias del mundo de hoy es justificarse así mismo. “Yo no tengo tantas culpas”.

Eso fue lo que me dijo en una oportunidad una persona que está en la cárcel, cuando le hable del evangelio. Recuerdo que este hombre agregó: “Además, jamás he matado a nadie. En esta cárcel hay gente peor que yo”.

El Espíritu Santo nos confronta con la Palabra de Dios: “Nuestras propia justicia es como trapos de inmundicia”.

El Espíritu Santo declara que nuestras excusas no sirven para nada. No vamos a ser juzgados por haber pecado más o menos. Tampoco en una corte donde el abogado probará que no somos un peligro para la sociedad. Frente a Dios todos somos culpables.

El Espíritu Santo da la certeza de que “Sin santidad nadie verá a Dios”.

Las personas ignoran la justicia de Dios y la sustituyen por la de ellos mismos. Las justicias nuestras no sirven para nada, la razón es que “La justicia de Dios se revela por fe de principio a fin”.

Juan 16:10, «en cuanto a la justicia, porque voy al Padre y ustedes ya no podrán verme».

Jesús dice que él va al Padre, este es un resumen de la obra de Jesús por nosotros, de la justicia de Dios revelada en Cristo.

Jesús fue al Padre después de la cruz. Subió a los cielos, después de la cruz, porque en la cruz, Jesucristo el justo murió por los pecados del mundo.

“La justificación es por la fe, es por medio de Cristo que somos declarados justos, entonces del cielo nos declaran que estamos en paz con Dios”.

Esta es la doctrina más importante de toda la Biblia, que hemos sido justificados por Cristo y por Cristo tenemos entrada al cielo.

El Espíritu Santo convence de juicio

Juan 16:11, «y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado».

Hemos visto dos aspectos de la Misión del Espíritu Santo.

Primero, nos convence de pecado y nos hace ver que en Cristo tenemos el perdón.

Segundo, el Espíritu Santo nos dice que nuestras justicias no sirven para nada, que Cristo es nuestra justicia.

Juan 16:11 y en cuanto al juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado.

El error de la gente en tiempos del Señor, fue crucificar a quien creí a un falso profeta, un endemoniado. Esa condena fue una muestra de su rechazo a Cristo como Mesías.

El mismo error se comete hoy, cuando se afirma que Cristo fue un hombre importante, un maestro de religión, un sabio. El error y pecado está en no creerle como Salvador. Esa es la trampa del demonio en la que mucha gente está enjaulada y será condenada por ello.

La victoria de Cristo es la derrota de Satanás. El juicio del mundo ya ocurrió en la cruz. Jesús fue levantado, no como un derrotado sino como vencedor. Cristo esta ahora sentado a la derecha de Dios.

El Día de Pentecostés, miles escucharon y entendieron claramente, porque el Espíritu Santo sembró en cada uno de ellos la fe: «Cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: —Hermanos, ¿qué debemos hacer? —Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo» (Hechos 2:37-38).

Estas personas se percataron que habían matado al Cristo, el Espíritu Santo usó la ley para llevarlos al Evangelio y puso fe en sus corazones, por eso preguntaron cómo ser salvos y la respuesta fue clara: Para ser declarados inocentes en el juicio es necesario arrepentimiento y fe.

La Palabra de Dios amarra al diablo y da libertad a los que creen. Es creer, sólo creer en Cristo lo que nos justifica, por eso nadie condenará a los hijos de Dios.

Observemos el potente mensaje que hay en el evangelio, para nosotros, también para todo el mundo.

El pecado no es otra cosa que no creer, rechazar a Jesús. El Espíritu Santo nos lleva a creer.

La justicia de Dios es fe, fe en la obra que Cristo hizo por nosotros, no fe en lo que, aparentemente hacemos bien. No somos salvos por lo que hacemos, somos salvos por lo que Cristo hizo por todos. “Dios cargó sobre Cristo el pecado de todos nosotros, no solo nuestros pecados, sino los de toda la humanidad”.

El juicio es la cruz. En la cruz quedaron clavados todos nuestros pecados.

Este es el mensaje que debemos llevar al mundo, es la gran comisión. Es la Palabra de Dios, usada por el Espíritu Santo, la que obra arrepentimiento y fe. Es la Palabra de Dios la que encadena al diablo.

Nuestra tarea es proclamar en el mundo estas verdades, con alegría porque hemos sido perdonados y somos vencedores.

¿Desean ver el trabajo del Espíritu Santo en vivo, en directo y a todo color? No hay otra manera sino predicar la Palabra de Dios.

¡Soli Deo Gloria! Amén.

novelli_ve@msn.com

About redaccion

Check Also

El sometimiento a la autoridad en Romanos 13

Dios reclama que nos sujetemos al principio de autoridad, pero no reclama que nos sujetemos …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *