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La misión de la Iglesia y el Covid-19, Wilmer Guédez

Nuestra asignación ante Dios y el mundo: asumir con valor nuestra responsabilidad espiritual en el abordaje de la crisis que provoca el Covid-19 / Freepik

“Para un hombre que vive con Dios nada es secular, todo es sagrado”- Charles Spurgeon

El pasado miércoles 11 de marzo, Tedros Adhanom, director de la Organización Mundial de la Salud, expresó: “Hemos evaluado que el Covid-19 puede caracterizarse como una pandemia”, al confirmarse que esta nueva enfermedad se ha propagado de manera acelerada a más de 100.000 casos de infectados entre 114 países.
El COVID-19 así como el H1N1, Zika, Ébola y otras enfermedades que han sido declaradas como pandemias requieren una intervención rápida y asertiva de todos, especialmente por parte de los que están en posiciones administrativas, gerenciales y asistenciales, facultados para activar protocolos que resguarden al más amplio espectro de la población mundial.
Ante los peligros inminentes que una pandemia representa, es natural que los medios de comunicación estén activados en visualizar todo lo relacionado a las medidas de protección, individual, familiar, regional, nacional e internacional; no obstante, quienes tenemos responsabilidades en nuestra asignación pro-vida, no solo consideramos las informaciones que tienen que ver con la protección de nuestra integridad, sino también, aquellas que nos indican cómo podemos cumplir nuestra función ministerial dentro del caos que nos rodea. De todo esto, se deriva la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos como Iglesia cumplir nuestra misión para la sanidad y salvación de nuestro pueblo en medio de las limitaciones presentes?
La Iglesia nunca ha dejado de cumplir su misión en medio de guerras mundiales, pandemias, terremotos, huracanes, pobreza extrema y otras catástrofes; al contrario, siempre ha encontrado la verdad que Charles Spurgeon resalta en su pensamiento: todo lo que ocurre en nuestro entorno tiene que ver con lo que Dios ama y demanda, que en vez de sentir que no es algo que nos corresponda, más bien sentir el peso de importancia de este servicio, como lo más valioso o sagrado en nuestra vida con Dios.
«Ustedes son la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse. Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa» (Mateo 5:14-15. NTV).
Es importante que todos colaboremos con las medidas preventivas, y de seguro nuestras reuniones convencionales se verán modificadas durante el tiempo en el que la ciudad y/o nación esté combatiendo la parte más peligrosa de propagación del virus, y aunque las puertas de nuestras sedes se cierren para esas actividades convencionales, La Iglesia estará abierta para cumplir su Misión con el pueblo que le rodea, es la hora de fortalecer la vida con las verdades eternas.
La misión de la Iglesia siempre ha sido desarrollada en medio de tempestades, las cuales siempre sacarán lo mejor y lo peor de nosotros, tal como también lo afirmaba y vivía el reconocido Martín Lutero durante la época de la peste negra escribió estas sabias palabras que pueden ayudar a informar la forma en que abordamos las cosas que suceden en nuestro mundo en este momento: “Le pediré a Dios misericordiosamente que nos proteja. Luego fumigaré, ayudaré a purificar el aire, administraré la medicina y la tomaré. Evitaré lugares y personas donde mi presencia no sea necesaria para no contaminarme y, por lo tanto, infligir y contaminar a otros y así causar su muerte como resultado de mi negligencia. Si Dios quisiera llevarme, seguramente me encontrará y he hecho lo que esperaba de mí, por lo que no soy responsable ni de mi propia muerte ni de la muerte de los demás. Sin embargo, si mi vecino me necesita, no evitaré el lugar o la persona, iré libremente como se indicó anteriormente. Mira, esta es una fe tan temerosa de Dios porque no es descarada ni imprudente y no tienta a Dios”. Las obras de Lutero; Vol. 43, pág. 132.
Ha llegado la hora en que todos los que vivimos en obediencia a Dios, desde nuestras casas, sin abrazos ni besos pero con profundo amor, podamos buscar todas las maneras posibles de cómo asistir a las familias de los pacientes que están en cuarentena. ¿Imaginas cómo puede sentirse un paciente en cuarentena sabiendo que hay alguien apoyando a los familiares a quien él/ella no puede ver o atender? Hay mucho en lo cual podemos servir siendo cautelosos en las normas de prevención. También hay mucho por hacer a favor de los que están llenos de temor por la inseguridad que sienten de lo porvenir, y en este particular se encuentran los adultos mayores que pueden estar viviendo solos y requieren el amor de Dios para sentirse seguros y ser orientados en torno a librarse de este virus. El próximo artículo lo dedicaré para exponer algunas ideas al respecto. Ve identificando las que Dios pueda colocar en tu mente.
A nivel organizacional, reitero, tomando todas las medidas de higiene, distancia en el saludo de manos, besos y abrazos, teniendo disponible el alcohol, agua y jabón para los protocolos de prevención pertinentes, nuestras sedes pueden convertirse en centros de operaciones del cuerpo de liderazgo para articular todas las gestiones que como comunidad de fe podamos hacer. Así como también la grabación de tiempos de exaltación a Dios y mensajes que nutran a la población en general. Todo esto representaría un conjunto de reforzadores para el sistema inmunológico, por el hecho de fortalecer actitudes positivas mediante la fe y la esperanza. Hago estas afirmaciones basándome en investigaciones científicas al respecto:
“La actitud positiva se canaliza en el organismo a través del buen funcionamiento de las células y tejidos. Una mentalidad adecuada fortalece el sistema inmunológico. Y, al contrario, cuando hay actitud negativa, el cortisol aumenta y es un inmunosupresor importante”, Dra. Ascensión Marcos.
La doctora Marcos, profesora de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones (CSIC), en un comunicado de la empresa Adelphi-Targis (2007), basó sus explicaciones en un estudio publicado anteriormente por la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences”.
Si nuestra labor aporta al sistema inmunológico, de igual forma tiene una incidencia directa en el sistema espiritual que opera alrededor de la vida que todos ven, el cual la iglesia conoce muy bien y está llamada a cuidar; porque todo lo que vemos fue creado de lo que no se ve, y es nuestra asignación ante Dios y el mundo: asumir con valor nuestra responsabilidad espiritual en el abordaje de la crisis que provoca el Covid-19 y exponer lo que Dios puede hacer y hará en medio de estos tiempos y los que vendrán.
“Nosotros necesitamos de vientos y tempestades para ejercitar nuestra fe, para arrancar las ramas podridas (es decir desintoxicarnos) de la autodependencia y enraizarnos más firmemente en Dios” Charles Spurgeon.
Sirva el presente mensaje para motivarte a ser parte del liderazgo activo que hace percibir esta poderosa realidad: La Iglesia está abierta, y ella está más cerca de lo que podían imaginar. A ustedes mis hermanos, pastores y líderes del mundo, les dejo con las frases del célebre himno “Firmes y adelante, huestes de la fe, sin temor alguno, que Jesús nos ve”, sin lugar a dudas, Dios nos ve.

Wilmer Guédez
Pastor y presidente de la Fundación COTEF, Valencia, Venezuela

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