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La Iglesia de la gloria primera…

La forma de vida de los primeros cristianos remueven muchas cosas dentro de mí, y me siento en deuda con mi Señor, con todos esos verdaderos campeones de la fe

«Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa. Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros. Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor. La salutación de mi propia mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén» (Colosenses 4:15-18).

Soy un enamorado y apasionado de la Iglesia de la gloria primera… la Iglesia de los comienzos.
Cuando llegué al Señor lo que más me atrapó definitivamente después del Señor y su gracia, fue encontrarme con la Iglesia de los comienzos. Tan solo poder estudiar e imaginar la vida de los primeros cristianos me cautivó, me atrapó. Y de muchas maneras, me hizo tener empatía y un sentimiento muy familiar con todos ellos. Me hizo que también que me comprometiera no solo con mi Señor Jesucristo, sino también con la memoria de todos estos primeros hermanos que les tocó ser cristianos y dar testimonio de la resurrección del Señor en un tiempo tan hostil, difícil y tremendo…
Los logré ver como mis maestros, mis ejemplos, mis camaradas, mis compañeros de milicia y mis hermanos.
Sabía con claridad que la historia que había alterado tanto mi vida, la historia de Jesucristo que me había hecho cambiar el rumbo de mi vida, jamás hubiese llegado a mis oídos y a mis manos y a mis ojos, a mi mente y corazón sin la participación y el tremendo sacrificio de miles y miles de hermanos y hermanas que se encargaron de mantener vivo el evangelio y llevarlo a toda tribu, lengua y nación, bajo condiciones totalmente y radicalmente diferentes a las del siglo XX y XXI.
Hoy nos quejamos de este encierro, y esta cuarentena forzada y muchos quieren que termine todo ya para volver a sus vidas normales, como antes.
No hermanos, ya nada será como antes. Porque estoy seguro de que Dios tiene un propósito grande con todo esto. Que aquí nada es casual y accidental. Esto que está matando a buenos y malos, a ricos y a pobres, a ateos y consagrados cristianos y aún pastores y siervos de Dios tiene un propósito grande.
Y lo peor que pudiera pasar no es contraer el virus y sobrevivir o morirse, no, lo peor que pudiera pasar es que esto termine y tu sigas en lo mismo o vuelvas a lo mismo de antes de la pandemia. Que no hayas aprovechado este tiempo para reflexionar seriamente en Dios, en su Palabra, ponerte a cuentas y pedir la unción del Santo que te enseñe y oriente. Y que te haga tomar decisiones radicales de tu amor, compromiso, pasión y entrega al Señor y a su obra, para ser parte del gran despertar, el gran avivamiento que vendrá y estar listo para cuando venga Cristo.
Hace poco pasaban en televisión la última película que pasaron en el cine del apóstol Pablo y Lucas. La volví a ver y lloré. Lloré mucho, porque todo lo concerniente a la forma de vida de los primeros cristianos remueven muchas cosas dentro de mí, y me siento en deuda con mi Señor, me siento en deuda con todos esos verdaderos campeones y campeonas de la fe, que por cierto muchos murieron de una manera horrible en la obra misionera…
Al final de la película se aprecia cuando las comunidades cristianas hacían copias a mano ¿de qué otra forma la hubiesen podido hacer?, de las cartas y textos de la Biblia y cuando un número de copias estaban listas, salían los misioneros con esas cartas a llevar la buena nueva a toda lengua, tribu y nación.
La verdad es que esta generación de primeros cristianos son una nube de testigos que espera mucho más de cada uno de nosotros los que hemos alcanzado la generación que verá el Retorno de Cristo a la tierra.
Esta carta de Pablo a los Colosenses en esos versículos da un asomo a esa realidad:
1) El saludo a los hermanos «con nombres», se conocían, y a la iglesia que está en su casa.
Los hermanos de la Iglesia de la gloria primera se conocían y se congregaban en las casas.

2) El apóstol Pablo que sabe que no hay más copias de esa carta que él le ha hecho a los Colosenses, les pide que también se lea en la iglesia de los Laodicenses, y que la de Laodicea la leyeran también los Colosenses.
Uffff me toca duro el corazón esta parte. En la generación del siglo XXI donde tenemos tantas traducciones de la Biblia entera en nuestras casas, librerías, teléfonos, en audio y en todos los colores, con muñequitos, ilustrada, en diferentes versiones…

3) En esta Carta exhortan a Arquipo, para que cumpla el ministerio que recibió del Señor. Seguro no lo estaba haciendo.
Lo tremendo es que esa exhortación la leía todo el mundo, en una iglesia, y en otra y ahora mismo, más de dos mil años después yo lo estoy leyendo y millones de personas lo han leído…
«¡Que raya para Arquipo!», dirían algunos.
Hay personas que no les gusta que las confronten y las exhorten y las corrijan y hasta se van de las iglesias si eso pasa. Cuando es un privilegio que alguien como el apóstol Pablo, Juan, Ygnacio Alastre o Keison Carrillo me exhorte, me amoneste, me corrija. Eso dice que le importa mi vida. Gracias Señor…

4) La salutación de mi propia mano, de Pablo. Que tremendo. No todas las cartas él las escribía, algunas las dictaba. Pero en esta se toma la molestia de saludarlos con su propia mano.
Cuanto esfuerzo hacen los apóstoles verdaderos para hacerles llegar su amor y su palabra, e instrucciones así esté preso, como era este caso. Pero la Palabra de Dios no está presa ni en cuarentena…
Por cierto, la salutación es de mi propia mano, de Keison. No tengo a quien dictarle.

5) Acordaos de mis prisiones.
¿De qué forma ustedes creen que Pablo les pedía que se acordaran?, orando, por supuesto, pero también en lo material y financiero, como lo agradece a los hermanos de Filipos en la iglesia de los Filipenses en el capítulo 4.
Hoy agradezco, oro y bendigo con todas las fuerzas de mi corazón a todos los hermanos que esta cuarentena no ha sido una excusa para dejar de practicar sus principios financieros, a los que aunque se fueron de Venezuela nunca jamás se han desvinculado de la casa de su Padre y del padre de la casa. Y me han enviado una y otra vez para mis necesidades ministeriales que son inmensas, la nómina, el sostenimiento de la iglesia, de pastores, de misioneros, las pensiones, la obra social que es tanta, en fin, para que la obra de Dios no se detenga… amén.

6) La gracia sea con vosotros…
Nada como la bendición de nuestras autoridades espirituales y nuestros apóstoles…
Los quiero mucho…
Los amooooooo mucho…
Los extraño full…
Les mando un abrazo grande a todos…

La salutación es de mi propia mano… 

Keison Carrillo
Apóstol

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