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La esposa de Jesús

Vuelve al tapete mediático mundial el tema de si Jesús tuvo una compañera sentimental o esposa, según se corrió en ambientes gnósticos en los primeros siglos de nuestra era, lo cual no sólo es falso, sino anti escritural y choca con la condición divina de nuestro Señor que fue puesto en el vientre de María cuando apenas era un cigoto y que su misión mesiánica no admite uniones carnales con la raza que Él creó y que venía a salvar. Jesús nació puro y se mantuvo puro siempre.

El asunto viene por el descubrimiento de un mensaje en un fragmento de papiro del siglo IV, del tamaño de una tarjeta de crédito, recuperado por la profesora Karen King, de la Harvard Divinity School, en el que supuestamente Jesús dice la frase “mi esposa”, probablemente una traducción al copto de un evangelio gnóstico -el copto fue el lenguaje de los antiguos cristianos de Egipto-, sin duda se trata de un evangelio apócrifo.

A pesar de que la misma divulgadora del descubrimiento, la reputada investigadora King, ha querido dar una interpretación definitiva sobre el significado o la importancia del hallazgo, muchos ya han vuelto a hacer volar su imaginación con el afán de degradar la imagen de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, una práctica ya milenaria.

El hallazgo se apoya en sólo ocho frases inconexas, que para el experto exégeta bíblico español, Xabier Pikaza “todo parece indicar, pues, que el papiro es auténtico, pero el hallazgo sólo demuestra eso: que, entre los gnósticos, se creía que Jesús había estado casado”. Pero para Pikaza, los gnósticos ni siquiera defendían un matrimonio “carnal” de Jesús, sino un “matrimonio místico” al estilo de la Carta a los Efesios de Pablo, que “presenta a la Iglesia como esposa de Cristo”. Es decir, que ni siquiera este hallazgo hablaría de un Jesús casado con María Magdalena, según este exégeta.

Si apelamos a la fuente inobjetable e infalible de la Palabra de Dios, contenida en la Biblia, podremos destacar algunos aspectos que derriban estos argumentos de tan insignificante fragmento de papiro con sólo ocho frases carentes de sentido:

En el corazón de Dios siempre ha estado mantener una relación íntima con su pueblo, aquellos a los que Él escogió para compartir la eternidad, tal y como el esposo comparte todo con su esposa. En el Antiguo Testamento Dios se refirió a su pueblo Israel como su esposa (Jeremías 3). Posteriormente al inicio del Nuevo Testamento, Juan el Bautista se refirió a Jesús como «el esposo» y sus discípulos e hijos como «la esposa» (Juan 3:28-29).

Ante los continuos cuestionamientos del liderazgo religioso de Israel hacia Jesús y sus discípulos, el mismo Cristo habló de los suyos como «la esposa» de Él que es el esposo (Mateo 9:15; Marcos 2:19-20); así como se señala en varias cartas apostólicas a la Iglesia como la «esposa del Cordero» (2ª Corintios 11:2; Efesios 5; entre otros), la cual se casará con «el esposo» durante las «bodas del Cordero» que se celebrarán en el cielo una vez Él venga a buscar a su Iglesia en el arrebatamiento previo a su segunda venida visible a la tierra a reinar por mil años (Apocalipsis 19:1-10; 21:1-4,9; 22:17).

La única esposa que tuvo, tiene y tendrá Jesús es su pueblo, la Iglesia y posteriormente Israel; aquellos a quienes redimió con su sangre pura derramada en la cruz del Calvario, pero es una unión «mística», espiritual. Jesús jamás se unió carnalmente a ninguna mujer en esta tierra, la única unión que Él tendrá con los que escoja de la humanidad es espiritual y por la eternidad, nunca carnal. Decir lo contrario es sencillamente una herejía, una blasfemia contra Dios.

Pueden aparecer los papiros que sean, pero la verdad contenida en la Biblia está por encima de cualquier «otro evangelio» o escritura de los hombres, la Iglesia corporalmente es la esposa del Cordero, «porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador» (Efesios 5:23). La unión matrimonial terrenal del hombre con la mujer es un tipo de la unión espiritual entre Jesús (esposo) y su pueblo redimido (esposa); y como no habrá muerte que nos separe, entonces es una unión por los siglos de los siglos.

Que digan los escépticos, científicos y ateos lo que deseen, porque los hombres «nada podemos hacer contra la verdad, sino a favor de la verdad» (2ª Corintios 13:8). Jesucristo es Dios, su única misión en esta tierra fue salvadora, aquellos que le reciben como su Señor y Salvador se convierten en su Iglesia y esposa espiritual.

@georgesdoumat

director@verdadyvida.org

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