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La cura máxima para la depresión, Otoniel Font

La cura máxima para la depresión es un encuentro con Dios

Lo que vemos en 1 Reyes 19, es preparativo para que Elías fuera sanado. Elías fue llevado a encontrarse con el Señor. El descanso, el ángel que Dios le envió para darle comida; todo eso fue proceso para que Elías tuviera un encuentro con Dios. Cuando Elías tiene el encuentro con el ángel, todavía sigue deprimido, pero cuando tiene el encuentro con Dios, desde ahí todo cambia.
Elías pasa un proceso de cuarenta días. La salida de la depresión no fue un proceso de un día para otro. Dios te puede sanar de cualquier cosa en un instante, pero hay cosas que toman un proceso. A Elías le tomó cuarenta días llegar al momento de ese encuentro con Dios; Elías camina por cuarenta días. Es importante ese proceso, porque a veces queremos soluciones muy rápidas a cosas que van a tomar un poco de tiempo, y te desesperas porque no entiendes que hasta que no estés en el momento apropiado para poder experimentar ese encuentro con Dios, realmente no lo vas a tener. Si Dios hubiese llegado a Elías desde el primer momento, Elías no habría sido tan receptivo como lo fue luego de cuarenta días. El número cuarenta en la Biblia es uno significativo, es el número del final de la prueba, el final de un período de transición; es el momento en que se supone que estemos listos para ir a un nuevo nivel. Se supone que el pueblo de Israel pasara cuarenta días en el desierto para entrar a la tierra prometida; esa prueba los estaba preparando para poseer la tierra. Cuarenta días estuvo Jesús en ayuno para entrar en el ministerio, en un nuevo nivel. Tiene que haber esa transición en tu vida donde realmente estés preparado en tu interior para moverte a una nueva dimensión, para salir del lugar en el que te encuentras y ascender a un nuevo lugar. Elías pasa por ese proceso.
No siempre el proceso de la salida de la depresión es instantáneo; va a tomar un momento, te va a tomar cuarenta días caminar, comer correctamente, impulsarte con la inspiración que te dio el ángel; pero va a pasar el momento donde estarás preparado, te encuentres con Dios, y en adelante tu vida llegue a un nuevo nivel. Si tú eres capaz de esperar y pasar ese proceso, tendrás tu encuentro con Dios.
Dios le pide a Elías que salga de la cueva. Después de caminar por cuarenta días, Elías llega al monte de Dios, al lugar del encuentro con Dios, el monte Horeb, donde Dios le había hablado a Moisés, donde le dio las tablas; era el monte Sinaí, donde Dios se mostraba. Aquel monte era un espectáculo, la Biblia dice que aquel monte ardía, aquello se veía desde lejos, la gente vio a Dios hacer allí cosas gigantescas. Pero Elías llega al monte de Dios, al lugar donde se puede encontrar con Dios, y lo primero que hace es meterse en una cueva. Muchos van a la iglesia, al lugar de encuentro de Dios, pero en su mente están en una cueva. Están en el monte de Dios, donde Dios se mueve, donde visiblemente Él hace cosas, pero en su mente están encuevados. Cuando Elías llega allí, en vez de estar abiertamente en la presencia de Dios, se encierra en una cueva; y lo primero que Dios le dice es: “Sal de esa cueva”. Hay varias cosas que podemos inferir que significa esa declaración:
Dios no es un Dios de cuevas. Él no hace las cosas en cuevas. Dios no se mete en la cueva con nadie. Dios necesita que tú salgas. Tú tienes que entender que tienes que salir, tienes que dar el primer paso y decidir ponerte vulnerable una vez más para permitir que Dios se encuentre contigo.  Para tú tener ese encuentro genuino, tienes que salir de la cueva, de ese encierro mental. ¿Por qué Dios no es un Dios de cuevas? Él no quiere reforzar en tu vida la actitud de encerrarte. Si Dios trata contigo cuando tú te encierras, Él refuerza tu actitud de huir de los problemas.
Aquel ambiente no era propicio para recibir dirección divina. El ambiente de una cueva no es un lugar propicio donde Dios te pueda hablar, espiritualmente hablando. Pedro y Pablo estuvieron en la cárcel y Dios les habló; la diferencia es que ellos, en su mente, no estaban presos. Ellos estaban presos físicamente, pero en la mente, en el espíritu estaban libres. José estuvo preso, Daniel estuvo en el foso de los leones, pero en su mente y su interior, era gente que estaba libre. No se trata del aspecto físico, sino del emocional y espiritual donde nos encerramos. Hay un ambiente propicio para que Dios te hable. Tú no tienes una reunión de negocios en cualquier lugar. Se te puede predicar la Palabra en cualquier lugar, pero seamos honestos: Si el sonido está bueno, es más fácil; si hay buena temperatura, es mejor; si el estacionamiento es bueno, es mejor. El ambiente tiene que ser propicio. Dios le dice a Elías: Aquí encerrado en esta cueva y donde tú estás en tu mente, no es un lugar propicio; sal de ese lugar y exponte a un momento donde yo pueda hablarte apropiadamente.
Dios quería hablarle a Elías en público. Dios estaba queriendo decirle con esto: “Ya no hay manera de que tú te escondas”. Y el día que Dios encendió la luz en tu vida, ya no hay manera de volverte a esconder. No hay tal cosa como que tú puedas retroceder, meterte en la cueva; no hay forma.
Luego de que Dios te levanta y comienza a hacer grandes cosas contigo en público, no hay tal cosa como retroceder y meterte en una cueva. Si Dios va a tratar contigo, lo va a hacer en público porque serás un testimonio una vez más para la gloria de Dios.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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