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La crisis “buena”

Siempre se ha asociado crisis con problemas, dificultades, grandes retos y no menores riesgos; y en parte es verdad, pero no es toda la verdad. Aunque usted no lo crea, después de que el hombre le fallara a Dios en el principio, las crisis son aupadas por el propio Señor para sacar de ellas el mejor provecho para cada ser humano. Dios no es culpable de las crisis, pero las usa para nuestra enseñanza. Veamos.
La palabra crisis viene del griego ‘krisis’, que significa: Separación, distinción, elección, discernimiento, disputa, decisión, juicio, resolución, sentencia. Viene del verbo ‘krinein’, que significa: Separar, distinguir, escoger, preferir, decidir, juzgar, acusar, explicar, interpretar, resolver.
En principio, esta palabra no tiene un significado negativo. La crisis es el momento en que la rutina ha dejado de servirnos como guía y necesitamos optar por un camino y renunciar a otro. Etimológicamente crisis es todo lo contrario a aceptar un destino inevitable; el tiempo de la crisis es el de la decisión, la inteligencia y la valentía. La diferencia está en cómo afronta la gente su propia crisis.
Como lo decíamos, Dios aupa las crisis para nuestra bendición; de hecho, espera que acudamos a Él cuando estemos en medio de una o cuando veamos venir una. El salmista ilustra muy bien lo que venimos hablando en el Salmo 121. La base de este Salmo es la confianza que debemos tener en que Dios nos guarda siempre, cualquiera sea nuestra crisis. Dios tiene la soberanía sobre todo, incluyendo la crisis.
«Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra», se pregunta David al inicio del Salmo; pero inmediatamente se contesta, declarando realmente de dónde viene su socorro o ayuda en la crisis. A manera de respuesta, Dios declara que si confiamos en Él plenamente, cualquiera sea nuestra crisis o la de nuestra nación, sucederá que:
– Dios nos guardará en nuestro caminar para que no resbalemos ni caigamos.
– Tendremos la seguridad de que Dios ni duerme ni se descuida al guardarnos, hasta cuando dormimos o estamos inconscientes, Él es nuestro guardador o protector.
– Su protección es como la de un guardaespaldas, estará a nuestro lado siempre, aunque a veces parezca que no.
– Dios promete guardarnos del camino, de las inclemencias del sol, de lo que viene de noche con la luna (trampas, brujería, robo, maldad).
– También promete mantenernos libres y vencedores en medio de las crisis. Hasta guardará nuestra salida y entrada hasta la eternidad.
El apóstol Pablo asegura en Romanos 8:28, que no hay mal que venga contra nosotros que Dios no lo permita con un propósito, pero hay una condición: Es para aquellos que han sido llamados por Él con un propósito en su Reino y han rendido su vida a Jesucristo. Nadie puede estar más seguro que aquel que ha recibido a Cristo como su único Señor y Salvador.
Valdría la pena leer lo que Pablo escribe magistralmente en Romanos 8:31-39; será un bálsamo a nuestra alma atribulada por la crisis, sea personal, familiar y hasta nacional.
Por lo general la crisis viene por una vida rutinaria que es interrumpida por algún evento que nos estremece y nos obliga a reaccionar, pero en el fondo su finalidad es buena aunque no lo parezca; aclaramos, siempre y cuando acudamos a Dios y confiemos plenamente en Él, pues el Señor jamás nos fallará.
Si las crisis producen resultados positivos, y son «buenas» en cierta forma, sería propio señalar que la única crisis que es negativa, destructiva y que lleva a condenación eterna es la que se enfrenta sin Dios, dándole la espalda al amor salvador y sanador de Jesucristo.
¿Cómo enfrenta sus crisis? A partir de hoy hágalo con la ayuda de Dios, inténtelo. Jesucristo resucitó y está a la derecha del Padre para interceder por nosotros, no siga llevando su crisis sol@, porque ésta de ser «buena» pasará a ser mortalmente mala… ¡Usted decide!

director@verdadyvida.org

@georgesdoumat

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