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“La Biblia no dice ‘no abortarás’”

Una réplica a este argumento que han difundido mujeres que se definen como cristianas y que abogan “por el derecho a decidir”

primer ser humano que “reconoció” al Mesías recién concebido fue un embrión

En el pasado artículo ya expuse los argumentos científicos que considero que respaldan que el embrión, desde la concepción, es una vida humana en esencia y potencia. En el presente quiero abordar las razones que la Biblia presenta respecto a la decisión de abortar o no hacerlo.
El argumento “La Biblia no dice ‘no abortarás” que encabeza este blog es una idea que han difundido mujeres que se definen como cristianas y que abogan “por el derecho a decidir”. Argumento que se ha repetido en el reciente debate por la nueva Ley aprobada en Argentina. Pero ¿es así?
La clave vuelve a ser la misma que ante la ciencia, solo que en vez de buscar respuesta en razonamientos biológicos lo haremos mirando a las Escrituras ¿cuándo comienza para Dios a ser el embrión un ser humano?

ANTIGUO TESTAMENTO

Veamos en primer lugar el Antiguo Testamento. El aborto aparece como una posibilidad natural, de la misma forma que surgen las enfermedades dentro de la naturaleza caída (Génesis 31:38, Éxodo 21:22-24, Job 3:16, Salmo 58:8, Eclesiastés 6:3). En este sentido, el aborto se contempla como una desgracia, y la bendición de Dios era que no se produjese (Éxodo 23:26).
Hay diversos textos que contemplan al no nacido como persona, y recomendaría leerlos por su enorme claridad y belleza: Jeremías 1:5, Job 31:15, Salmos 22:10 y 119:73, Isaías 49:1 y 5 son sólo algunos de ellos.
En concreto, en el Salmo 139 se expone que el embrión es creación de Dios (v. 13), y que existe una continuidad de identidad antes y después de nacer (vv. 1-2, 10-13).
Hay quienes quieren explicar los textos del Antiguo Testamento como un lenguaje poético o simbólico. Y aunque ciertamente hay poesía en la forma de relatarlo, creo que sin embargo es patente en ellos la idea de la persona presente desde el inicio de la vida (de la concepción) ante Dios mismo como dador de la vida.

NUEVO TESTAMENTO

Pero para quienes puedan dudar ante los textos referidos, les presento una palabra griega que es clave: bréfos.
Pues bien, en el Evangelio de Lucas 1:41 y 44 expone que el “bréfos” de Isabel (el embrión de Juan el Bautista) saltó de alegría en su vientre al oír el saludo de María (prima de Isabel) que la visitaba después de la anunciación. El primer ser humano que “reconoció” al Mesías recién concebido fue un embrión.
Lucas no era solo médico, sino que usaba un lenguaje muy riguroso y exacto, enormemente preciso. Por eso es importante que también trata como “bréfos” al niño recién nacido (Lucas 2:12,16). Y usa el mismo término para los niños que traían a Jesús (Lucas 18:15) para que les bendijera. No hay distinción en el uso del término griego del Evangelio de Lucas que diferencie al ser humano en el vientre de la madre del ya nacido.
Así pues, Lucas aplica el mismo concepto, con continuidad, al ser que existe desde antes de nacer hasta la adolescencia, momento en que se consideraba que ya conocía las Escrituras y por tanto termina su edad de inocencia. La palabra griega paidiòn (de donde deriva pediatría o pedofilia) se refiere a niños de más edad.

CONCLUSIÓN

Entiendo que la Biblia establece de forma clara un valor y dignidad para el embrión como ser humano, sin distinguirlo en cualidad o derechos respecto al ya nacido.
La respuesta a la frase “La Biblia no dice ‘no abortarás” es: “La Biblia dice ‘tiene vida propia’”.

Continuará: en el próximo artículo trataré “Hipocresía y aborto”.

©protestantedigital.com

Pedro Tarquis
Médico y comunicador

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