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La Biblia del Oso, la obra cumbre del reformista de Reina, José María Miura Andrades

El 26 de abril de 1562 se celebró un auto de fe en Sevilla, sede del monopolio del comercio de los territorios americanos con la Corona de Castilla.
En el auto de fe, entre otras cosas, fue quemada la efigie de Casiodoro de Reina y su nombre fue incluido en el Índice de los libros prohibidos como autor de primera clase, dogmatizador y herexiarca o maestro de herejes. En 1569 se publicaban en Basilea (Suiza), por el impresor Thomas Guarín, 2.600 ejemplares de la primera Biblia traducida al castellano.
En la portada se usó una marca tipográfica en desuso de otro impresor (Apiario) que representaba a un oso apoyado en un árbol libando la miel de un panal de abejas. Por ello, la primera Biblia traducida al castellano por el fraile jerónimo sevillano Casiodoro de Reina se conoce como la Biblia del Oso. La ciudad de Sevilla podía ser definida, desde las primeras décadas del siglo XVI, como la capital económica de la Corona de Castilla, por controlar el monopolio comercial del Nuevo Mundo y ser el puerto de arribada de las riquezas de Las Indias.
En Sevilla se vivía un ambiente cosmopolita, abierto a los nuevos horizontes y al replanteamiento del mundo conocido. En ese panorama, humanista y receptor del erasmismo, se forma Casiodoro de Reina. También en él se producen los primeros casos, reprimidos por la Inquisición, de protestantismo.
El humanismo cristiano erasmista contó con figuras como Juan Gil, conocido como el doctor Egidio, profesor en Alcalá y, desde 1530, canónigo magistral de Sevilla, quien derivó hacia una mística de la justificación por la fe y se convirtió en uno de los más amplios difusores de esa sensibilidad religiosa en Sevilla. Fue juzgado por la Inquisición en 1552, acusado de luteranismo, del cual abjura y vuelve, sin mayor problema, a la canonjía.
En 1560 lo desentierran para ser quemados sus huesos junto con los de Constantino Ponce de la Fuente. Este último, formado en la Universidad de Alcalá, en 1548 pasó a ejercer el cargo de capellán del rey en la corte de Carlos V, hasta 1553. Durante este tiempo, viajó como tal con el príncipe Felipe (futuro Felipe II) por media Europa. Al regresar a Sevilla ocupó la Canonjía Magistral, vacante tras la muerte del Doctor Egidio.
Poco después, al descubrirse el foco luterano de Sevilla en el verano de 1557, la Inquisición le procesó por luterano. Casiodoro de Reina en Sevilla el episodio reformista tuvo particularidades muy singulares, ya que estuvo implicado todo un monasterio de la orden jerónima, el de San Isidoro del Campo, que practicó en secreto la Reforma.
Muchas de las obras peligrosas de la biblioteca de Constantino Ponce fueron a parar al monasterio de San Isidoro del Campo, cuyos frailes, catequizados por el doctor Egidio, se proclamaron luteranos. Perseguidos por la Inquisición, la comunidad de San Isidoro, entre ellos fray Casiodoro, huyó a Ginebra el año de 1557. Desde allí, Casiodoro, ahuyentado por el rigorismo calvinista (que había quemado al científico Miguel Servet unos años antes), se trasladó al Londres de la reina Isabel I.
Decepcionado de la experiencia inglesa se dirige a Amberes, más tarde a Basilea y con posterioridad a Frankfurt, con un sinfín de paradas menores, periplo que nos habla de un espíritu libre, con mal acomodo entre las distintas corrientes del protestantismo.
Durante 12 años de idas y venidas, Casiodoro preparó la edición de la Biblia al castellano. La traducción se forja en esa Castilla convulsa pero profundamente influida por la revolución que supuso el humanismo cristiano y por la convicción de que la luz del Renacimiento debía entrar en el saber católico. Casiodoro de Reina es el fraile jerónimo que desde el monasterio sevillano decidió empezar para Castilla el mismo proyecto que había llevado a cabo Lutero en Alemania.
Inicia la traducción de la Biblia -cuando la Iglesia Católica prohibía cualquier versión en las lenguas vernáculas o “vulgares”- cobijado por el humanismo, el erasmismo, el biblismo y el gusto por el estudio de las Escrituras que subyacía en la comunidad jerónima sevillana de San Isidoro del Campo, en el monumental edificio que aún hoy se levanta frente a las ruinas romanas de Itálica, patria de los emperadores romanos Trajano y Adriano.
No en vano San Jerónimo tradujo la Biblia al latín, dando lugar a la Vulgata. El titánico esfuerzo tiene su culminación en la edición de 1569 en Basilea. La Biblia del Oso, el mayor logro del sevillano Casiodoro, ocultó la azarosa vida de su autor. Bajo el genérico Reina-Valera ha permanecido olvidado para sus lectores. La Inquisición borró con su deseo y su desidia todo lo que pudiera facilitar el conocimiento de su vida. La Academia no le ha prestado la atención que merece.
Murió en Frankfurt en 1594, 25 años después de ver la luz su mayor logro. Su hijo, Marcos, le sucedió en la labor pastoral de la comunidad luterana de habla francesa en Frankfurt. En 1596, dos años después de su muerte, se había agotado la primera edición de su obra. Para el traductor, la Biblia del Oso era poner la Palabra de Dios en manos de los lectores castellanos, en la creencia de que ello transformaría a los creyentes y al país. También era un modo de liberar a las almas de la tiranía de una iglesia corrupta y favorecer la restauración de una Iglesia Cristiana partiendo de sus miembros.
Para los lectores, la Biblia del Oso o la más conocida Biblia Reina-Valera (la versión calvinista de la Biblia traducida por Casiodoro de Reina y revisada y editada en 1602 por fray Cipriano de Valera, otro de los huidos del monasterio sevillano de San Isidoro del Campo) supuso un hito, no solo por ser la primera versión en castellano de la Biblia sino por establecer unos cánones lingüísticos avalados por el reformismo español desde el siglo XVI. La obra no solo es protagonista de un hecho religioso. Lo es de un episodio de la Historia de la Cultura Hispana y por ello Universal.
José María Miura Andrades
Universidad Pablo de Olavide. Sevilla. España

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