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Jesús nunca habría sido católico

La identidad del cristiano, las bases de la fe cristiana, están entrando en una situación que podríamos definir como de profunda confusión.

Y como dice un acertado refrán, se sale mucho antes del error que de la confusión.
¿Por qué confusión? Porque cuando acabamos de conmemorar la reafirmación de los aspectos fundamentales de la fe bíblica en el Jesús de los Evangelios (Sola fe, Sola Gracia, Sola Escritura) se consolida un movimiento virtual evangélico que minimiza estos aspectos (sin negarlos formalmente) uniéndose a una línea entusiasta de “unidad” visualizada y centralizada en el papa Francisco. Un Papa que es evidente que en nada coincide en su teología y en su práctica con los tres principios de la Reforma.
Al Papa no le importa, posiblemente porque sabe que mientras el abrazo de esta “unidad” se enfoque en el Vaticano, servirá para centralizar la “unidad” en la estructura de la jerarquía vaticana. Tampoco le importa a los relativistas, sean liberales o conservadores, que ven en la inmensa iglesia católico-romana (ICR) un poder que les sirva de apoyo a sus proyectos (de la misma forma que Israel se unía a Egipto cuando se sentía pequeña y débil) y el huir de una fuente de enfrentamientos y conflictos.
No se trata de malignizar a la ICR, ni de condenar a los católicos al infierno (sin duda hay genuinos creyentes dentro de la ICR de la misma forma que pertenecer a una iglesia evangélica a nadie asegura la salvación: sólo Jesús salva).
Pero tenemos el deber ineludible de anunciar el Evangelio tal y como Jesús lo hizo. Los relativistas dicen que ya que nadie posee la verdad (y tienen razón) debemos ser cuidadosos y relativos en nuestras afirmaciones (olvidando que el Espíritu nos guía a la verdad). Llevándolo a un extremo, es el mismo razonamiento de quienes vienen a decir que ya que en el fondo todos somos corruptos, aceptemos esta realidad a nuestro alrededor. Por este mismo argumento, ya que todos tendemos a la infidelidad o la violencia (aunque sea de pensamiento) aceptemos el adulterio y el asesinato.
Jesús nunca habría sido católico, en el sentido de que su mensaje es contrario totalmente a los tres aspectos centrales de la teología de la ICR: tradición por encima de la Biblia, salvación con la colaboración de las obras y méritos humanos, otros mediadores con Dios añadidos a la figura de Jesús.
Dirán algunos que quizás tampoco habría sido protestante, pero esto a los verdaderos protestantes no nos importa, ya que defendemos que la etiqueta denominacional es sólo eso, una etiqueta. Que sólo la Escritura, la fe y la Gracia de Dios son las que nos salvan en Jesús y nos llevan a un reencuentro con Dios. Esa es la clave.
©Protestante Digital

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