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Jesús Alfredo Pérez, de las calles a servir a Dios

(Verdad y Vida – REDACCIÓN).-

Jesús Alfredo Pérez se encuentra en la actualidad sirviendo Señor como pastor y predicador de Su Palabra. Pero no siempre fue así. Desde muy pequeño, realizó diferentes actos vandálicos en su ciudad natal en el estado Táchira.
Desde los 9 años de edad, Pérez vivió en las calles de San Cristóbal, estado Táchira y desde esa edad perteneció a diferentes bandas o pandillas, liderada por hombres pero su tamaño y edad les servía para que Jesús Alfredo irrumpiera en los hogares y abriera la puerta para que ellos pudieran robar y cometer sus fechorías. A cambio de esta tarea, los pandilleros protegían a Jesús y resolvían sus asuntos.
Así, fueron aumentando sus participaciones en la pandilla y a la edad de 12 años, ya se había visto envuelto en un homicidio. A pesar de no haber sido él quien le quitó la vida a una persona –que lo atribuye a la misericordia de Dios-, tuvo que huir junto a los asesinos.
«Durante casi 18 años de mi vida, estuve pagando tiempo en prisión. Estuve en todas las masacres que ha habido en el Centro Penitenciario de Occidente», dijo Jesús Alfredo. «No llegué a participar en la última masacre de hace cuatro años porque conocí al Jesús como mi Señor y Salvador», agrega.
«Llego a la delincuencia porque me crié en diferentes hogares. Mi madre tenía que salir a buscar el sustento y me dejaba en casa de tíos, luego mis tíos me sacaron de ese lugar y me tenía que ir a vivir a casa de amigos. Mis amigos también me sacaban hasta que empecé a dormir en las calles. No considero que haya sido culpa de mi madre, ella debía trabajar. A mi padre nunca lo conocí, sino hasta mis 19 años y fue como conocer a cualquier persona porque nunca tuvo amor hacia mí, yo siempre quise tener un padre pero no lo tuve hasta que verdaderamente conocí el amor de Dios. Ahora tengo a mi padre Jehová de los ejércitos y a mi amado apóstol (Dodamir Mora) que me recibió y me adoptó como hijo aquí en la tierra», explica Pérez.

Ambiente carcelario
Jesús Alfredo describe la cárcel como la «antesala al infierno». Un lugar donde cualquier cosa o malentendido puede ser detonante de violencia y muerte. «Yo tuve casi 19 años de estar pagando prisión, tuve 57 entradas siendo menor, tuve 46 fugas y el resto me mandaron a pagar 2 años en el cuartel de prisiones cuando hicieron una cárcel para menores», cuenta.  «Pero sobrevivir en una prisión es por obra y gracia de Dios, no hay otro que nos guarde, no es por la valentía de nosotros, no es porque nos paremos a pelear con un cuchillo o porque saltemos la malla para que no nos maten o arrebaten la vida, ¡no!, es porque el Señor nos ha guardado», afirmó el ex-pandillero.
El Padre celestial me utilizó grandemente en el Centro Penitenciario de Occidente, y me llevó a salvar vidas y ganarlas para Cristo en aquel lugar. Allí fui muy conocido por el hampa porque las personas que mandaban en el reclusorio trabajaban para mí.
Hace cuatro años recibí al Señor en ese mismo centro penitenciario y también fui ungido como pastor por el apóstol Dodamir Mora aun estando en prisión.
Sobre el cristianismo en la cárcel, comenta que son muy pocos los cristianos que están dentro. El testimonio de un hijo de Dios en una prisión debe ser impecable y si realmente usted muestra un buen testimonio de que le sirve al Señor, puede sobrevivir en un lugar como ese.
«Sólo por obra y gracia del Señor fui instrumento para rescatar a los perdidos y llevarlos a la iglesia, también me usó para evitar homicidios que pudieron haber sucedido. De esta forma, gané el respeto de los delincuentes más temibles y también se logró que respetaran las cosas del Señor y llegaran a temerle a Dios», comentó Jesús Alfredo.

Cooperación con la Iglesia de Cristo
De acuerdo a Jesús Alfredo, no hay mayor ayuda por parte de las autoridades gubernamentales hacia los prisioneros cristianos. Este tema se viene tratando desde hace varios años y se han hecho llamados a los responsables a que abran las puertas a los miembros de la Iglesia de Cristo para que alcancen a los presos y les den a conocer la verdad sobre las Sagradas Escrituras para acabar con la delincuencia, la violencia y mejorar la situación carcelaria y del país.
Pérez hace un llamado a la ministra de los Asuntos Penitenciarios e informa que hay muchos hombres que «verdaderamente quieren buscar al Señor, personas que el Señor ha rescatado del «lodo cenagoso», de la oscuridad, del homicidio, de la violación, de todo pecado y que deberían recibir ayuda de las personas encargadas de todas las cárceles de Venezuela».
A pesar de todos los altibajos en la vida de Jesús Alfredo, este hombre se ha mantenido firme y de la mano de Dios para poder ayudar a los demás a llevar una vida libre de adicciones y fechorías. Hoy en día es un ejemplo para todos aquellos que fueron sus compañeros de pandilla, pues lo ven y desean ser diferentes. «Yo siempre les digo que hay un Dios vivo, yo creía en un Dios que había que respetar, mi ideología era que Dios estaba muerto y que había que respetarlo porque fue un Dios que creó los cielos y la tierra, pero no tenía mucho entendimiento de que es un Dios vivo y eterno, ahora estoy seguro de eso», dijo.

FUNDARECOR
En la actualidad, Jesús Alfredo trabaja en la Fundación Restaurando Corazones (FUNDARECOR), organización que se encarga de restaurar a personas con problemas de adicción a las drogas y el alcohol. El mismo Jesús Alfredo fue atendido por este grupo de personas comprometidas con la obra de Dios hace unos años cuando se encontraba en el mundo de la delincuencia. Ahora, forma parte de la fundación y ayuda a hombres a superar sus problemas y a tener un encuentro personal con Cristo Jesús para obtener la salvación.
A pesar de haber recaído en el mundo de la delincuencia este hombre y siervo de Dios, logró retomar los caminos del Señor y se ha dedicado a tiempo completo a predicarle a los demás. «Mi mayor anhelo es estar en las calles predicando la Palabra de Dios. Tengo un megáfono con el cual predico en el puente viaducto hacia abajo, luego doy la vuelta, bajo y rescato a los hombres que están ahí», comparte Pérez.
«Ya no soy cautivo, soy un hombre libre, un hombre renovado, nací de nuevo, cambiar no cuesta nada, es nacer de nuevo lo que marca la diferencia. Soy feliz y estoy agradecido con mi Señor y ahí estaré para servirle grande y eternamente», Jesús Alfredo Pérez.

Jesús Pérez está agradecido por el gran amor que el Señor ha tenido a su vida, aquí junto a su padre espiritual, el apóstol Dodamir Mora / VyV
Jesús Pérez está agradecido por el gran amor que el Señor ha tenido a su vida, aquí junto a su padre espiritual, el apóstol Dodamir Mora / VyV

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