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Iglesia, Estado y Dios

Desde tiempos antiguos Dios ha intervenido en el mandato de los reyes y gobernantes en general. La Biblia dice que «Dios pone y quita reyes»; que nada ocurre ni se mueve en este planeta sin el consentimiento suyo, porque «la tierra es del Señor y todo lo que hay en ella; el mundo y todos sus habitantes le pertenecen» (Salmo 24:1. NTV). Desde esa premisa es propicio que analicemos el tema de la intervención divina en la conducción de un planeta que Él hizo para regocijarse en su creación.
Dios ha dirigido a cada rey y gobernante de su pueblo Israel desde siempre, así como a todos los demás reyes y gobiernos que les rodean. Aunque hoy gran parte de las naciones del mundo son democráticas, aún así Dios dirige la intención del voto en el corazón de los electores; y si eso es así, ¿cómo hay algunos que pretenden separar al Señor y su pueblo escogido representado por su Iglesia de la conducción de este mundo y de quienes lo gobiernan?
Otros preguntan: ¿Cuál debe ser la raya que marque la injerencia de Dios sobre los hombres, sus instituciones y la Iglesia?, si a la Biblia nos remitimos, ninguna. Dios es soberano y dirige la soberanía de cada nación, si algún gobernante es ateo o enemigo del Señor y su pueblo, sencillamente Dios lo juzga y lo mete en cintura, o sencillamente lo quita. En Venezuela ha pasado en varias ocasiones los últimos 150 años, siendo la más reciente el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez, y esperemos que no vuelva a pasar jamás.
Al igual que el caso del rey y el pueblo de la antigua Nínive -hoy Irak- (lea al profeta Jonás en la Biblia), Dios nos llama al arrepentimiento, a la justicia, a la gobernabilidad en paz y equidad; si los reyes y gobernantes junto con sus gobernados lo hacen, serán perdonados y restaurados como a Nínive.
En ese orden de ideas, hace unos días fuimos sorprendidos por la siguiente información:
«Carlos Molina, alcalde de la ciudad de Arecibo en Puerto Rico, ha sido cuestionado por decretar 40 días de ayuno y humillación que abarcarán hasta mediados de abril. Esta actividad está dirigida por líderes cristianos y ciudadanos en general. El portavoz de prensa del municipio, el relacionista Waldo Díaz, indicó que el decreto es uno simbólico y que la actividad es privada. “No es un documento del municipio”, no es nada oficial, aunque sí cuenta con el apoyo municipal.
Sin embargo, el portavoz de la organización Puerto Rico Para Todos, David Román, calificó de “inaceptable” el decreto del alcalde de Arecibo, pues a su juicio esa acción viola la disipación constitucional que establece una separación entre la Iglesia y el Estado».
Resulta inaudito que algunos ateos y líderes regidos por intereses contrarios a la salud espiritual de una nación esgriman la tan cacareada «separación entre la Iglesia y el Estado» como excusa opositora; ¿acaso orar y ayunar a Dios por la paz, prosperidad y desarrollo de cualquier región o país afrenta la autonomía gubernamental? ¿Algún líder cristiano o la Iglesia en sí pretenden manejar los gobiernos cuando convoca al pueblo a orar y ayunar? ¿A qué le temen? Ni Dios ni su Palabra contenida en la Biblia tienen algo así como una «sharía» (ley islámica de gobierno).
Sépanlo de una vez los políticos del mundo: Sin Dios y la intercesión de la Iglesia de Cristo el planeta está perdido, y eso incluye a los gobiernos del mundo también. Es IMPOSIBLE separar a Dios de su creación y a la injerencia divina en los gobiernos, puesto que es Él quien los pone y los quita cuando quiere, este es su mundo señores y Él lo quiere llevar a su redención final. La Iglesia del Señor tiene su papel divino bien definido y nada tiene que ver con tomar los reinados y gobiernos del mundo, porque como se lo dijo Cristo a Pilatos «mi reino no es de este mundo» físico y temporal, sino espiritual y eterno.
Los cristianos pertenecemos a un reino eterno, pero somos ciudadanos con deberes y derechos en nuestras naciones, hemos sido llamados a interceder y cubrir al mundo y sus gobernantes, pero cualquier cristiano puede aspirar a ser gobernante de su región o nación, lo que no significa que la Iglesia como institución espiritual y eterna se entrometa en ello. La Iglesia está llamada a ser imparcial, de manera que sobra la ya gastadita frase de la «separación entre la Iglesia y el Estado», eso ya lo tenemos bien claro… ¡A otro con ese hueso!

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