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Huertos familiares para sembrar alimentos y esperanza en Venezuela

Un proyecto solidario busca formar a familias venezolanas con problemas de desnutrición para que se conviertan en productoras de sus propios alimentos

A la izquierda Samuel Perdomo, uno de los coordinadores locales, junto a un pastor de una iglesia evangélica, cultivando su terreno / Alianza Solidaria

(Protestante Digital).-

La pandemia no solamente ha afectado las condiciones sanitarias en la gran mayoría de países a los que ha golpeado, sino que también ha agravado situaciones de desnutrición, falta de acceso a alimentos o riesgo de exclusión social en aquellas regiones en las que se venían dando previamente. De hecho, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) prevé un aumento del número de personas desnutridas de entre 83 y 132 millones para este año.
Es el caso de algunas localidades en Venezuela, como Guacara, Maracay, Barlovento o San Joaquín, en los estados Miranda y Carabobo, donde la epidemia de la Covid-19 ha aumentado la urgencia de muchas familias por el acceso a bienes básicos y de primera necesidad.
En este contexto es que se ha puesto en marcha, con el impulso de Alianza Solidaria, un proyecto de formación agrícola básica para capacitar a las familias para que produzcan sus propios alimentos. El objetivo es “capacitar a familias con problemas de desnutrición y a líderes de iglesias en las localidades para que adquieran conocimiento y habilidades para la producción de sus propios alimentos mediante el cultivo de hortalizas y legumbres para ellos y su comunidad”.
La iniciativa pretende abordar el problema de la falta de alimentos a largo plazo, superando los límites de la asistencia puntual, y empoderando a familias y comunidades especialmente afectadas por la falta de nutrientes esenciales en su dieta diaria. Para ello, se cuenta con el esfuerzo coordinado entre un técnico agrícola, Orlando Obando, que será el responsable de la formación y una red de coordinadores locales encargados de cada comunidad.
Según los responsables del proyecto, que también cuenta con el respaldo del Consejo Evangélico de Venezuela, “la iniciativa ya ha contado con la participación de 20 familias previamente seleccionadas. Por medio de este proyecto, Dios puede cambiar la realidad de muchos niños y niñas en Venezuela”, asegura la coordinadora del proyecto y trabajadora social, Rebeca Bravo.
Este 1 de diciembre, coincidiendo con la jornada conocida a nivel popular como ‘Giving Tuesday’, tanto desde el proyecto como desde Alianza Solidaria animaron a colaborar con la iniciativa. Se puede consultar más información sobre el proyecto, así como la forma de poder ayudar, en la web de Alianza Solidaria.

ENTREVISTA A REBECA BRAVO, COORDINADORA DEL PROYECTO Y TRABAJADORA SOCIAL

Ya era conocido que, en los últimos años, la situación en Venezuela era delicada en cuanto al acceso a alimentos básicos en grades sectores de la población, a lo que ahora hay que sumar las consecuencias de la pandemia. Teniendo esto en cuenta, ¿por qué es importante este proyecto?
– Este proyecto es importante porque, de acuerdo con estudios que han realizado médicos independientes, se ha podido evidenciar que la población no solamente esta sufriendo por la falta de alimentos, sino también por la carencia de nutrientes esenciales como vitaminas y minerales. Este proyecto, inicialmente busca producir hortalizas y vegetales que enriquezcan la dieta de la familia, igualmente se busca producir proteína vegetal para complementar la dieta de harinas que es la que generalmente tienen. Para los niños es muy importante que puedan recibir estos nutrientes que les ayudan a tener un desarrollo y crecimiento saludable.

Se habla mucho de asistencia, en general, pero este proyecto se basa sobre todo en la formación y capacitación. ¿Cómo se ajusta esto a las necesidades del momento para las poblaciones de Venezuela?
– Inicialmente se pensó que la crisis de Venezuela se podía resolver en corto plazo. Ahora se cree que esta podría extenderse por varios años, por lo que es importante introducir soluciones que sean sostenibles como la capacitación para la producción de alimentos en huertos caseros. Igualmente, estamos promoviendo la producción de alimentos para autoconsumo con una duración de 3 meses para la primera cosecha.

¿Cuál es el objetivo, al final?
– Que las familias lleguen a ser auto-generadoras de los productos necesarios para su dieta y que también puedan compartir y socializar los aprendizajes obtenidos con más familias en sus iglesias y comunidades locales, para que puedan reproducir y poner en práctica la experiencia.

¿Qué impacto prevén que puede llegar a tener en la población?
– Esperamos que se pueda suplir el déficit de vitaminas, minerales y proteínas, especialmente en la dieta de los niños y niñas de las familias participantes en el proyecto. También esperamos que muchas más familias aprendan de la experiencia de las familias participantes y se animen a iniciar sus propios huertos caseros.

¿Cómo se va a hacer el seguimiento de las familias y las personas a las que se forme para comprobar los resultados?
– Actualmente tenemos un equipo de tres tutores o coordinadores locales que están acompañando el proceso con las familias, visitándoles semana a semana y recogiendo evidencias audiovisuales, testimonios y aprendizajes de cada una de las etapas del proceso.
Se pensó en la figura del coordinador porque ellos conocen la realidad de la población y además están pasando por las mismas necesidades que ellos. Es el caso del pastor de una iglesia que, a pesar de no tener para comer, lo poco que tiene lo comparte con la congregación. Él nos cuenta: “He visto la necesidad de cerca y sé que ésta puede ser una gran oportunidad para utilizar el principal recurso que tenemos, la tierra, para poder subsistir. Cuando digo que he visto ‘la necesidad de cerca’ me refiero no sólo a la de nuestra propia familia, sino a la de las personas que solemos ayudar en nuestra comunidad. En algunas ocasiones hemos recogido alimentos y los hemos preparado para entregárselo, a través de comedores sociales, a los niños y ancianos que han quedado desamparados en nuestras calles. Los hijos de estos ancianos se han tenido que marchar del país, dejándoles, además, a sus nietos para que los cuiden. Claramente, muchos de estos familiares que se van del país no mantienen la comunicación con estos ancianos, y la mayoría del tiempo quedan en un estado de abandono total. Al final, los niños terminan en las calles tratando de conseguir alimentos para ellos y para sus abuelos”.

ENTREVISTA A ORLANDO OBANDO, TÉCNICO AGRÍCOLA

¿Cómo se va a realizar el proceso de formación a las familias que se beneficien del programa?
– La formación la va a impartir el técnico agrícola a los coordinadores locales y estos a las familias. Dadas las circunstancias actuales de limitación de la movilidad, especialmente en Venezuela por escasez de combustible añadido al confinamiento, parte de la formación va a hacerse utilizando la plataforma Zoom con los coordinadores locales y familias que puedan tener acceso a ella. Los coordinadores locales serán los que impartan la formación directamente a las familias. En todo momento habrá una línea telefónica abierta para resolución de dudas o formación adicional, si se precisara.

¿Cuáles van a ser los pasos?
– De forma esquemática:
1- Desarrollo de un manual. El técnico agrícola prepara el manual con los 6 pasos fundamentales para el desarrollo de huertos caseras. Este Manual se pasará a los coordinadores locales y las familias participantes.
2- Desarrollo de 6 clases virtuales, cada 15 días, con los coordinadores locales y las familias que puedan conectarse, para brindar la explicación y despejar dudas de lo manifestado en el manual. Se espera hacerlo cada 15 días para dar tiempo a que apliquen lo aprendido en la clase anterior.
3- Acompañamiento continuo a los coordinadores locales y las familias a través de Whatsaap, para despajar dudas y situaciones que se les presenten. Por ejemplo, en caso de que se presenten plagas o enfermedades, guiarlos para ejecutar lo aprendido en clases 3 y 4 de “manejo de plagas” y “enfermedades”.
4- Visitas de evaluación y seguimiento a las familias, cada 15 días, a partir del momento de la entrega de los insumos. Estas serán realizadas directamente por los coordinadores locales, los cuales además de la formación, deberán recopilar de forma escrita, a través de un formato de evaluación, lo observado en las huertas.
5- Revisión y retroalimentación con las familias y coordinadores cada 15 días de lo observado en las visitas de seguimiento realizadas.
6- Evaluación final y retroalimentación con las familias.

¿Qué es necesario para desarrollar este proyecto de formación teniendo en cuenta que se trata de familias que quizá no tengan ninguna noción de agricultura?
– Hay que tener disponibilidad y disposición de aprender y seguir las recomendaciones por parte de las familias.
También conseguir y proveerles los insumos adecuados (tierra en estado óptimo para sembrar, buena semilla, fertilizantes e insecticidas y fungicidas orgánicos), todos estos elementos les permitirán a las familias tener lo fundamental para desarrollar una buena siembra.
Y, por último, acompañarlos y dar seguimiento al desarrollo de lo aprendido y ejecutado por las familias en materia de siembra.

Uno de los requisitos para ser candidato al programa es disponer de un trozo de terreno fértil y acceso a agua ¿cómo se va a valorar esto?
– A través de las visitas exploratorias realizadas previamente por los coordinadores locales se confirma:
1- Que el terreno escogido para sembrar sea óptimo. Para ello, los coordinadores en compañía de las familias realizaron una prueba física que consistió en realizar un hoyo en el suelo del terrero de 20x20x20 cm. En él se verificó que el suelo fuese óptimo para la siembra de hortalizas. También se pudo reconocer la granulometría del suelo y el color, que es el indicador de presencia de materia orgánica, lo que garantiza la calidad del suelo y la efectividad de la siembra.
2- También se evaluó a través de pruebas de observación directa que contaran con disponibilidad de agua para el riego y que el sitio de siembra tuviera la facilidad de ingresar luz solar y aireación.

Rebeca Bravo, coordinadora del proyecto hablando con algunas familias. Todas ellas recibirán formación y acompañamiento en el proceso / Alianza Solidaria
Los terrenos ya cuentan con los permisos necesarios para ser cultivados / Alianza Solidaria

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