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Helmer Idrobo, de ateo a portavoz del evangelio

(Verdad y Vida – REDACCIÓN).-

Helmer Idrobo Quintero, conocido como el ‘Comandante Gerónimo’, fue un guerrillero que se inició en el Ejército Popular de Liberación Brazo Armado del partido comunista marxista leninista, en Colombia. Desde niño fue entrenado y enseñado a conductas por los comunistas, marxistas, leninistas, y ellos sembraron una semilla de odio, de rencor en su corazón.
«Desde mis 13 años comencé a hacer mi ejercicio violento, vinculándome inicialmente al Ejército Popular de Liberación en el cual estuve 10 años adoctrinado severamente por los marxistas. Ellos me obligaban a odiar, odiaba muchas cosas: La sociedad, el Estado constituido, todo lo legal», explicó.
Indicó que le enseñaban una filosofía muy fuerte con respecto al ateísmo, era practicante del materialismo histórico y materialismo dialéctico, lo hacían leer y aprender de Carlos Marx, Federico Engels y «todas esas personas que declararon su servicio siniestro a la orden de Satanás, al servicio del adversario, en contra de un pueblo».
Creció en las filas de la guerrilla colombiana y en poco tiempo, lo hicieron comandante, de allí su apodo: ‘Comandante Gerónimo’. Su doctrina era sencillamente odiar a Dios. «Crecí con ese odio y ese rencor hacia todo lo que sea de Dios, allá hice un trabajo tremendamente violento en contra de las comunidades cristianas: Cerré iglesias, congregaciones, expulsé pastores, asesiné a mucha gente porque ellos predicaban el evangelio».
Su vida ha sido comparada con la de Saulo de Tarso, quien pasó de perseguir a los cristianos a ser uno de los apóstoles más influyentes en la historia bíblica. «Es muy bonito lo que ocurre, dolorosamente hermoso, porque Saulo era un hombre de poder y al convertirse en Pablo pasa a una transformación y se vuelve humilde. Ciertamente es difícil el proceso de cambio, cuando uno es soberbio, de un comandante a luego querer ser un humilde servidor de Cristo», comentó el ex líder guerrillero.
Su transición fue algo sorprendente, «es donde entra lo hermoso de las cosas de Dios», porque siendo un perseguidor del evangelio y vivir en un ambiente donde se desarrollan operativos de la fuerza pública del Estado, se inician guerras con otros movimientos armados como el Ejército de Liberación Nacional, los paramilitares y demás grupos guerrilleros, le abre su corazón a Jesús y se ve y se siente como aislado de toda esa situación. «Me vi solo, muy solo, literalmente solo, pero allí pude ver la mano del Señor porque su pueblo me acogió, me dio un abrazo muy especial, el amor de Dios», aclaró.
Recomendó que las personas lleven ese abrazo a los guerrilleros o grupos terroristas, porque él es el claro ejemplo de que ningún corazón puede resistirse al amor de Dios. «Hermanos colombianos y venezolanos, abracemos a un terrorista pero abracémoslo con el corazón y verán los resultados que van a tener, ellos también tienen corazón, eso me paso a mí, yo fui abrazado por la misericordia de Dios, abrazado por una madre evangélica que perdió un hijo en mis manos, abrazado por un pastor que un día me dijo que Cristo quería salvarme, quería ayudarme, pero finalmente, abrazado por el mismo Jesucristo, por el mismo Dios de los cielos que no le importó lo sucio que yo estaba, lo cochino que yo estaba y decidió abrazarme y darme un beso celestial y decirme que me amaba, esa es la transición», recordó de su propia experiencia.
Idrobo, motivado por el rescate de las almas para Cristo admite que el amor de Dios vence todo obstáculo, «Dios le quiere cambiar el corazón de piedra por un corazón de carne a todas las personas, por eso a veces cuando derramo lágrimas -de alegría-, de verme ahorita vestido como el Señor me ha vestido, de haberme quitado un camuflado y haberme puesto un vestido blanco para la gloria de Él, sé que con Dios todo es posible».

Entrega de armas
La fuerza pública colombiana, los guerrilleros y demás grupos terroristas de Colombia han visto el cambio de Helmer e inclusive ellos establecen que él ha sido el único que no se ha movido del lugar, sino que entregó las armas letales y tomó el arma poderosa de Dios, «yo cambié las armas, por el amor a las almas», comentó.
Su objetivo son los no alcanzados. Busca llegar a las selvas y montañas de Colombia para llegar hasta estas personas que han sido olvidadas, desplazadas y hasta juzgadas por sus prácticas violentas, «yo quiero alcanzar a los guerrilleros, decirles que los amo, yo personalmente los amo en el amor de Jesucristo y sé que para ellos también hay salvación».
Explica cómo en algún momento le pidió al Señor que le quitara el corazón de guerrillero que le habían obligado a tener, pero que le dejara un corazón de guerrero para continuar llevando el mensaje de salvación.
Idrobo aseguró que va «a las montañas y llego hasta donde puedo, y donde no, el Señor extiende su brazo y envía su palabra por otros medios. Hoy podemos decir que muchos guerrilleros han abandonado las armas, han dejado la lucha armada, la lucha violenta y se han unido al ejército de Jesucristo, al ejército de Dios para venir a pelear la buena batalla» de la fe.

Frontera con Venezuela
Helmer conoció casos de violencia contra Venezuela y aunque reconoce que en el país no hay violencia como en Colombia, comparten la frontera y la Iglesia Cristiana venezolana debe entender que como siervos de Dios tienen una misión importante.
«Juan el Bautista fue elegido para llevar el mensaje de la venida de Jesucristo, hoy ese mensaje, esa misión le ha sido encomendada a la Iglesia de Dios, no podemos ser ajenos a eso, la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo la tiene que anunciar la Iglesia; por lo tanto, siervos que están en la frontera colombo-venezolana yo les pido en el amor a Cristo que sigan adelante en esa misión hermosa de llevar la Palabra de Dios, yo sé los conflictos que pueden tener, pero hay un Dios en los cielos mirándonos, hay un Dios que va delante de nosotros como poderoso gigante derribando obstáculos, abriendo caminos, quitando espinas y Él es el que nos llama a este combate final a prepararnos para este combate final, no desmayen que la Iglesia de Dios no es para asustarse, la Iglesia de Dios es para prepararse».
En la actualidad, Helmer Idrobo Quintero recuerda su pasado y siente pena por el daño que ocasionó, «pero más que asesinar a las personas, el dolor que hubo en mi corazón es el haber hecho que otras personas que estaban firmes en los caminos del Señor fueran llevadas hacia otro camino, fueran arrastradas hacia otro camino, por eso hoy mi empeño, mis ganas de evangelizar y de trabajar en la obra de Dios, para recuperar esas vidas que se perdieron, física y espiritualmente, que el Señor las ama porque son de Él», concluyó.

“Estoy dedicado a dar a conocer la Palabra de Dios y llevar su abrazo a los guerrilleros” / VyV
“Estoy dedicado a dar a conocer la Palabra de Dios y llevar su abrazo a los guerrilleros” / VyV

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