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Hecatombe progresiva

Señales y más señales del cumplimiento de las profecías bíblicas. Cada día son más feroces y letales las catástrofes naturales que arrastran tras sí años de edificaciones y miles de vidas. Todavía no nos reponemos de un embate natural cuando nos sobreviene otro. El mundo mira impávido cómo antes de terminar de remover los escombros y edificar lo destruido llega otra catástrofe y deja desolación y muerte a su paso.

Muchos dirán que a lo largo de la historia estas catástrofes se presentaron, tratando estas de alejar la atención de lo predicho por nuestro Señor Jesucristo que se presentaría ante la inminencia de la llegada de los tiempos del fin; pero si somos sinceros jamás como en este último siglo los terremotos, tormentas, huracanes, volcanes, hambre, pestes, guerras, entre otras se habían presentado con tanta frecuencia y con la letalidad devastadora de ahora.
Tras una poderosa y reveladora exposición de la Palabra de Dios, Jesucristo «estaba sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron por separado, y le dijeron: “Dinos, ¿cuándo sucederá todo esto, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?”. Jesús les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, y dirán: ‘Yo soy el Cristo’, y engañarán a muchos. Ustedes oirán hablar de guerras y de rumores de guerras; pero no se angustien, porque es necesario que todo esto suceda; pero aún no será el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y habrá hambre y terremotos en distintos lugares. Todo esto será sólo el comienzo de los dolores…”» (Mateo 24:3-8).
En esta cronología profética Cristo nos permite ver que vendrán manifestaciones catastróficas naturales e inducidas por el hombre, como el caso de las guerras, de manera progresiva hasta que vengan aquellas que se describen en el Apocalipsis, las cuales coincidirán con la manifestación de la unificación religiosa -alrededor de la persona del «falso profeta»- y del gobierno mundial del anticristo, cuando las catástrofes alcanzarán el nivel de una gran hecatombe.
Entendiendo por hecatombe: «Mortandad de personas, desgracia, catástrofe…» (DRAE), pero en grados superlativos. Esto significa que la frecuencia y potencia que se darán los fenómenos naturales, incluyendo señales en el aire, la luna -las cuatro lunas de sangre incluidas-, el sol y elementos incandescentes -posiblemente asteroides- que impactarán la tierra; así como la aparición de nuevas y letales enfermedades diezmarán la población mundial, no sólo de seres humanos, sino también de animales, irá cada día en aumento, mostrando una dramática y escalofriante progresión.
Por otro lado, Cristo también aseguró que «este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin» (Mateo 24:14). Nunca antes como en este tiempo se había predicado la buena nueva de salvación a la humanidad como en la actualidad, pues gracias al avance de la ciencia, la tecnología y el transporte están ayudando de manera grande a la difusión del evangelio; esa es la buena noticia en medio de tanto caos, catástrofes, guerras y muertes.
Mientras más se acerque la hecatombe mayor cantidad de personas serán alcanzadas con la gracia salvadora de Jesucristo; esa es la manera de Dios Padre mostrar su amor por la humanidad hecha a su imagen y semejanza. Por esa razón fue que Cristo aceptó ser «el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo» y morir voluntariamente para salvar a todo aquel que acuda a Él de manera arrepentida…
¿Vendrá una hecatombe?, por supuesto que sí, pero no sin darle la oportunidad a los hombres de asirse del evangelio para escapar a lo inminente; así como usted la está recibiendo en este momento. Así mismo, todos y cada uno de los seres humanos tienen la oportunidad de escoger a Cristo y su vida eterna, o de rechazarle y perder la única opción de salvación eterna que Dios le da a cada quien…

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