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Finanzas Sanas (Parte II)

[Adonirán Díaz – Pastor y Máster en Administración (IESA)].-

En la Parte I, artículo anterior, de Finanzas Sanas, hicimos un esbozo de los casos en que las finanzas no son necesariamente sanas.
Existen varios casos en los cuales las finanzas no son sanas. Los que trataremos en estos artículos son como «botones de la muestra» mediante los cuales se manifiestan las «finanzas no sanas».
Los casos tratados en estos artículos son los que pudieran pasar, a la luz del público en general, como si fueran muy sanos y por lo tanto encajan, en la apariencia, como «finanzas sanas».
Los casos que no trataremos aquí son por sí solos «finanzas no sanas», como por ejemplo: tráfico humano (explotación de mujeres, explotación de menores, trata de blancas, personal sub-pagado [por indocumentado, por ignorancia del trabajador y otros]); tráfico de drogas, corrupción abierta (pública y notoria) dentro y fuera de las instituciones gubernamentales.
Aclaramos que la corrupción (dentro y fuera del Estado)  es una práctica generalizada no sólo en este país, sino en todo el mundo (países desarrollados, medianamente desarrollados, en vías de desarrollo y subdesarrollados). Esta práctica, casi sobreentendida y llevada a cabo de manera general, se ha metido profundamente en las finanzas venezolanas como algo común, esto se le llama, (muy mal llamado) un mal necesario.
Ahora pasamos a definir, como lo habíamos prometido, el Agiotismo y el Agiotista, no muy conocidos o usados en el idioma castellano que equivalen a Usura y Usurero, respectivamente. Cuando se habla de un «usurero» se entiende que es aquel que explota a los demás en todo lo que tiene que ver con lo financiero (vende más caro que todo el mundo, cobra intereses ilegales, y hace otras cosas).
La definición que usaremos está contenida en el libro Finanzas Sanas, de Adonirán Díaz, Edit. VIDABUN, Caracas, 2006, pág. 324:
«Agiotismo: El término viene del verbo agiotar, por cierto, en el idioma castellano no es muy conocido y por eso no es muy usado. Este término tiene su raíz en el latín, con degeneración en el italiano, en su raíz «aggio», que significa especular. El agiotista o agiotador es un especulador. Los italianos lo aplicaban a los fondos públicos.
El «agiotismo» también se le conoce como usura; así, el agiotista es igualmente un usurero. El agiotismo es la acción de obtener ganancias excesivas cuando se presta dinero a muy altos intereses, mucho más altos que los permitidos por las leyes correspondientes; o también cuando se venden mercaderías a precios exagerados, más allá de los establecidos por el mercado o por las regulaciones mediante leyes de cada país.
El agiotista, o usurero, es la persona que aplica el agiotismo, es un especulador sin ningún rubor; de ninguna manera se inmuta cuando lo hace, cobrando intereses muy altos al hacer préstamos a personas a las cuales les parece que mediante estos préstamos salen de dificultades financieras, cuando por el contrario se meten en dificultades mayores «tapando un hueco menor para abrir un cráter en sus finanzas».
En el próximo artículo (Finanzas Sanas III) ampliaremos el ejercicio del agiotismo, mediante la explicación de casos reales hechos en la República Bolivariana de Venezuela, es decir: «made in Venezuela».
diazcha@gmail.com

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