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Fe activa: Un consejo en amor, Hamilton Tovar

dueño o dueña de lo que tienes y lo que eres, consolidas el carácter que DIOS quiere forjar en ti

Aprendí hace algún tiempo, algo que me ha sido de mucha utilidad y quiero compartirlo.
No es un consejo de alguien ‘consagrado a DIOS’, ni mucho menos, pero que tiene, como dice Pablo a los Colosenses, «cierta reputación de sabiduría en el culto voluntario» (2:23).
Se trata de este consejo:
No entregues a NADIE tu estado mental. Por supuesto, exceptuamos al Dueño de nuestra vida, y algunas veces a nuestra pareja sentimental y/o nuestros seres queridos –si es que pueden de alguna manera empatizar con nosotros o entender una pizca de lo que decimos nos está pasando.
Hace tiempo escuché algo jocoso que te comparto: «Un hombre le dice a su madre: ‘madre, no quiero ir más a esa iglesia…’. Ella, sabia, como todas las mujeres de cierta edad, le dice: ‘Dame dos razones para no ir más a la iglesia’. A lo que él le responde: ‘Ellos no me quieren a mí, y yo tampoco a ellos…’. La madre argumenta: ‘Bueno, te voy a dar dos razones por las que tú sí tienes que ir a la iglesia: 1°) Tienes más de 40 años, y 2°) ¡Tú eres el pastor…!».
No entregues tu estado mental: No des a otros un arma para atacarte en ese momento cuando estás más débil, o en un futuro cuando ya no sea tu amiga, o amigo. «Ah, sí, yo sé cómo es él o ella…». Y, te vende… o te regala. No sé cuál de las dos sea peor.
Lo cierto es que, siendo dueño o dueña de lo que tienes y lo que eres, consolidas el carácter que DIOS quiere forjar en ti. Este verbo, ‘forjar’ expresa todo el calor del fuego en la prueba, en la soledad, en la incomprensión.
Bien dice Jacobo, o Santiago, alias ‘rodillas de camello’ (por las marcas de su oración constante y de rodillas):
«Bienaventurado el varón que soporta la tentación, pues cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que DIOS ha prometido a los que Le aman» (Santiago 1:12).
Muchas veces, nuestra mayor tentación consiste en ‘correr ‘a decirle a otros cómo nos sentimos. Esto es insensato. Pero, tranquilo, siendo parte de tu Equipo, quiero decirte que yo también lo hice muchas veces. Hoy día, he aprendido a pensarlo mucho antes de decirle a una tercera y ajena persona mi situación, ¡y eso incluye al chismoso del Facebook…!
¿Qué hacer entonces…?
Ya sabes lo que voy a decirte…

ORAR

«Por Nada estés afanoso, sino sean conocidas tus peticiones delante de DIOS, en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de DIOS, que sobrepasa todo entendimiento, guardará tu corazón y tus pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6-7).

CONFIAR

Lo que sientes ahora, y por cierto, vivimos por fe y no por vista, puede deberse a un desequilibrio bioquímico que ha sido llamado, el mal del siglo: el estrés. Si lo dejas, te devora y consume; te derrota vilmente y deprime. Parece que no hayas salida… Vuelve al paso número 1…

«¿Te sientes triste? ¡Haz oración!; ¿alegre? ¡Canta alabanzas!» (Santiago 5:13).

RECHAZA

– Esos pensamientos tóxicos que vienen a tu mente en primera persona: «Nadie me ama»; «no sirvo para nada»; «mi problema no tiene ‘ni pies ni cabeza’, no hay solución posible…», y así por el estilo.
– Esas actitudes infantiles y de regresiones neuróticas, inaceptables para tu figura, edad y nobleza. ¡Párate firme! ¡Levanta tu cabeza, tu redención está cerca…!

REPROGRÁMATE

En cambio, comienza a introducir lo que DIOS dice, en primera persona amada:
«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).
«Pero nadie ha hecho el arma que pueda destruirme. Dejaré callado a todo el que me acuse. Esto es lo que YO doy a los que Me sirven: la victoria. El Señor es Quien lo afirma» (Isaías 54:17. DHH).

APRENDE

Aprender implica cambio de conducta. Hasta que no cambiamos nuestra forma de hacer lo que hacíamos, no hemos aprendido la lección.
Una de las armas más poderosas del aprendizaje, para mí, es el silencio. Es decir, hablemos solo cuando sea necesario –cuando sientas que la tormenta está en su máxima expresión e intensidad. Sabemos que, si ‘nos tocan’ en ese momento, estamos propensos a estallar. Mejor callamos. JESÚS lo hizo ante su verdugo, Poncio Pilato, y éste se maravilló (Marcos 15:5).
Apliquemos todo nuestro empeño, nuestras fuerzas, enfocando nuestros pensamientos, retomando el triple consejo paulino:
«No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.
Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Filipenses 3:12-14).
1°) Prosigo para atrapar aquello que DIOS tuvo en mente cuando me atrapó a mi: DIOS tiene un Plan conmigo, ¡voy a descubrirlo!
De ñapa: Prosigo a la Meta… ¡Nada me detendrá…!
2°) Olvidaré mi pasado, ya perdonado.
3°) Me extenderé a lo que está adelante. De mi presente en DIOS, a mi futuro en Él: ¡VICTORIA!

Hamilton Tovar
Misionero movilizador
hamilton777@gmail.com

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