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Fe activa: Lo que la gente dice y lo que decimos los hijos de Dios, Hamilton Tovar                                              

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La gente en la calle, a diario y frecuentemente, menciona al enemigo de las almas. Lo tienen a flor de labios.
Alguien podría pensar que esto es normal. Sin embargo, quiero contarles lo que me pasó hace poco tiempo.
Mientras iba de pasajero en un automotor, una señora sentada justo a mi lado, dice al conductor y a todos nosotros: «Nos va a llevar el día…». Respondo de ‘ipso facto’: «¡No, yo reprendo eso en el nombre de JESÚS!».
La doña insiste con mórbida insinuación: «Ah, no, ‘esto se lo llevó Dios’…», y añade: «porque es que aquí no se va a poder hablar…». Replico condescendiente: «señora, sí se puede hablar, todo lo bueno…».
Para rematar, la mujer lleva en sus manos una bandeja de comida abierta, brindándonos a todos, pero solo el olor de los patacones y de la carne de cerdo frita, impregnando el reducido ambiente del vehículo con aire acondicionado. Acto seguido, come un buen trozo de su almuerzo y dice: «lo que entra a la boca no hace daño, ¿verdá?». «¡Exactamente», le digo, «lo que entra a la boca no es lo que contamina, sino lo que sale…!».
La mujer bajó del carro con su plato y su indignación, dándonos a mí y al resto de los pasajeros la oportunidad de comentar lo sucedido. Una de las pasajeras, junto al chofer, hizo referencia al hecho de que el enemigo de DIOS tiene al mundo destruido.
Aproveché nuevamente para introducirles la Palabra: «La Biblia dice que el mundo entero está bajo el maligno… Hay una marcada diferencia entre los hijos de DIOS y los hijos del diablo…».
Por cierto, ¿sabe usted la diferencia entre los hijos de DIOS y los que no lo son…?
1.-  Somos nacidos de DIOS (1a Juan 3:9), «…y todo el que es nacido de DIOS, no peca». Quizá para quien no haya tenido esta experiencia, la de conocer a DIOS, mejor dicho, de «ser conocido por Él» (Gálatas 4:9), le parezca inaudito, imposible y hasta risible. Sin embargo, para nosotros los que le conocemos, esto es extraordinario y maravilloso.
Es la verdad: No tenemos el deseo de pecar. Sí, claro, podemos ser tentados en todo –y el enemigo y sus secuaces de carne y hueso-, antes amigos tuyos y míos, por cierto, van a intentarlo hasta cansarse. Sí, mejor que se cansen ellos o ellas, pero no tú que has nacido de nuevo. ¿Te diste cuenta? ¡Ya no quieres fallarle a Él!
2.- Estamos en el mundo, pero NO somos del mundo. ¿Cómo puede ser eso? Ya dije anteriormente, por la Escritura: «Sabemos que somos hijos de DIOS, y que el mundo entero está bajo el control del maligno» (1a Juan 5: 19. NBLH). Sí, el mundo entero está bajo el control del maligno… Y, ¿cómo los controla? Espiritualmente. Dice Efesios 2:2, «en los cuales anduvieron ustedes en otro tiempo, según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia»; (subrayado mío).
Con el fin de contrarrestar el control y operación diabólica y demoníaca, es necesario vivir por el Espíritu:
– Haciendo morir por el Espíritu las obras de la carne (Romanos 8:9).
– Seguir siendo llenos del Espíritu Santo, «hablando entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor; dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre» (Efesios 5:18-19).
Los verbos subrayados son elocuentes: Hablar entre nosotros; Cantar y Alabar en nuestros corazones (cuando y donde nadie nos ve); Dando Siempre Gracias Por Todo.
La pregunta devocional y obligatoria sería:
¿En qué medida y con cuánta frecuencia hablamos con nuestra familia y hermanos en la Fe la Palabra de DIOS, que tiene poder para dar vida?
Hagamos un experimento interesante, a fin de evaluar si nuestro interlocutor es o no un verdadero hijo o una verdadera hija de DIOS –este es mi concepto personal–. Escúchalo(a) hablar durante una hora, o menos, y detecta cuántas veces menciona las cosas espirituales, el Nombre del SEÑOR, o la Palabra de DIOS. No importa el título eclesiástico que ostente… ¿Te diste cuenta? «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34)
Otra pregunta del mismo tenor sería: ¿Propiciamos un ambiente espiritual favorable a nuestro alrededor…? O dicho en otras palabras, ¿tomamos autoridad espiritual como hijos e hijas de DIOS doquiera que estemos, o simplemente nos ‘dejamos llevar por la corriente’…? No, amados y amadas mías. El llamado de DIOS es el siguiente, y sigue siendo éste:
«Examinen qué es lo que agrada al SEÑOR, y no participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascárenlas (repróchenlas). Porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto» (Efesios 5:10-12. NBLH).
Final y reiterativamente, en los labios de JESÚS, «El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios» (Juan 8:47).
Y de parte de Simón Pedro, discípulo fiel: «El que habla, que hable conforme a las palabras de DIOS; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén» (1a Pedro 4:11).

Hamilton Tovar
Misionero movilizador
hamilton777@gmail.com

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