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Evangélicos en Latinoamérica ¿un poder desperdiciado?

Nuestros pueblos no seguirían siendo lo que son si fuéramos humildes y, cada uno desde su lugar de influencia, formáramos un cuerpo político poderoso para transformar nuestras naciones

Hace ya algunos años que en América Latina, la coyuntura empujó al pueblo evangélico a tomar un protagonismo pocas veces visto. Y no estoy haciendo referencia al estudiado crecimiento numérico de las iglesias, sino a la decisión de involucrarse en el peligroso terreno de la política.
Es muy larga la lista de hermanos en la fe que se animaron a ser candidatos en puestos políticos relevantes, desde presidencias hacia abajo, creo que hubo un evangélico en casi todas las listas.
Son muchos también los que ocupan lugares importantes en los tres poderes del Estado. En algunos países, se animaron a más, con mucha valentía y algo de desconocimiento inocente, armaron algo que la Ciencia Política en general afirma que no funciona. Me refiero al hecho de crear partidos confesionales, abiertamente “partidos evangélicos”, casi todos de lo que se conoce como centro derecha.
Ninguno puso un presidente, pero si senadores, diputados y lo cierto es que golpearon fuerte a los partidos tradicionales, mostrando un poder de convocatoria más que interesante.
Por otro lado, se han abierto cursos de política que permiten al nuevo actor político contar con una capacitación básica en un campo científico que desconoce casi por completo. Varias Universidades y Seminarios están considerando seriamente de ofrecer esos cursos.
Sin duda, que las estrellas en este nuevo paradigma de participación, es la extraordinaria participación de la masa evangélica en los movimientos Pro Vida.
Siendo Perú el mejor ejemplo, en casi todos los países se ha sorprendido a la prensa poniendo cientos de miles de evangélicos en la calle para manifestar su enérgica decisión de defender la vida y la familia.
Las exposiciones de científicos cristianos de todas las ramas de la ciencia en los lugares de debate sobre aborto son realmente extraordinarias, fundamentadas, serias y llenas de pasión. De hecho los pobres ideólogos de la muerte no saben cómo responder a tanta firmeza tanto académica como espiritual.
O sea, que, los evangélicos, empujados a una batalla que no teníamos tan en claro que había que enfrentar, estamos ejerciendo y demostrando un poder mas que interesante. ¿Por qué? Porque estamos mostrando poder político.
Mi pensamiento de estos días es si sabremos aprovecharlo. Creo que la tremenda falta de unidad histórica nos ha hecho desperdiciar ese poder por muchos años. Nuestros pueblos no seguirían siendo lo que son si fuéramos humildes, y cada uno desde su lugar de influencia, formáramos un cuerpo político poderoso para transformar nuestras naciones.
La unidad nos llevaría a apoyar con mayor contundencia y compromiso a los hermanos que participan de distintos espacios políticos, para que desde ese espacio brillen como el sol del mediodía.
Tenemos una gente increíble. Profesionales increíbles. Un pueblo que cuando es bien guiado sale a la calle como multitud con energía arrolladora. Pero… corremos el riesgo, otra vez, que la falta de unidad haga de este tiempo solo un buen momento de participación y nos perdamos la oportunidad de ejercer autoridad política sobre nuestras naciones. Corremos el riesgo otra vez de desperdiciar el poder que Dios nos ha dado.
Propongo un Pacto de Moncloa evangélico continental.
Protestante Digital©

Marcelo Díaz
Politólogo y asesor del Senado argentino

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