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¿En quién confiamos, en Dios o en el petróleo?

(Edgar Rojas  – Periodista y motivador).-

A raíz de la caída de los precios del petróleo, principal materia prima de exportación y primordial producto que garantiza los ingresos económicos para que nuestra nación sostenga su economía, se ha generado diversas opiniones con señales de preocupación por lo que nos depara este año en el ámbito económico.
La llamada renta petrolera nos ha permitido tener ingresos excepcionales sobre los cuales el estado ha sostenido la inversión social, y a lo largo de los últimos años el presupuesto nacional ha estado cotizado en 60 dólares por barril de petróleo. Sin embargo, el oro negro venía descifrándose en mercado internacional sobre los 100 dólares por barril, generando ingresos extraordinarios y blindando la nación con más de 35 millones de dólares en reservas internacionales.
Éstas vacas gordas permitieron que muchas «empresas» se lucraran del boom petrolero dejándole a la nación enormes pérdidas por la fuga de divisas y la alimentación de un mercado distorsionado mayormente conocido como paralelo o negro.
Con la caída del precio de nuestro oro negro, debido a políticas y estrategias de países como Arabia Saudita y EE.UU, actualmente el abismal precio del crudo ronda los 50 dólares, es decir, 10 dólares por debajo de lo presupuestado por la Asamblea Nacional para este año 2015.
Aunado a ello, las reservas internacionales netas de la república registran un saldo poco mayor a 21 mil millones de dólares. El portal web del Banco Central de Venezuela, señala que el Fondo de Estabilización Macroeconómica mantiene su saldo en 3 millones de dólares.
«Se insiste internamente en que las reservas líquidas del instituto emisor registran un saldo de US$ 1.600 millones, recursos que apenas alcanzan para financiar cerca de una semana de importaciones», según publicación del Diario El Impulso.
El economista José Toro Hardy, concluye en una de sus columnas de El Universal: «Todo indica que los precios permanecerán bajos por un rato». El portal banca y negocios anuncia que petrolera argentina YPF advierte que «2015 va a ser un año complicado».
En la primera columna de este año del periodista Eleazar Díaz Rangel, director del diario Últimas Noticias, afirma: «Si 2014 fue un año duro, quizás muy duro, las expectativas en torno a 2015 no son nada mejores». El analista internacional Carlos A. Montaner destaca «Colapso en Venezuela Faltará todo: 190% d inflación y conmoción social para el 2015».
El director de Econométrica, Ángel García Banchs, explica en una entrevista en Venevisión, que se prevé un colapso económico durante el primer semestre del año 2015, a pesar de las medidas aplicadas por el Gobierno nacional. «Vamos por un río turbulento, a toda velocidad y a 100 metros esta la más alta de todas las cascadas, de todas las caídas de agua, viene un colapso…», afirmó.
Ante todas estas afirmaciones catastróficas de analistas y expertos en el área económica, financiera y petrolera, me pregunto: ¿En quién confiamos, en Dios o en el petróleo?
En las Sagradas Escrituras abundan innumerables consejos que nos instan a refugiarnos en Dios Todopoderoso, quien a diario nos provee no solamente protección en el área espiritual sino también en lo social y en lo económico.
«Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver» (Hebreos 11:1, TLA).
Sigue el sabio consejero marcando pauta: «Porque a Dios no le gusta que no confiemos en él. Para ser amigos de Dios, hay que creer que él existe y que sabe premiar a los que buscan su amistad» (Hebreos 11:6, TLA).
Tenemos una poderosa herramienta en la oración, y pidamos al Señor sabiduría y sensatez para que guíe a los gobernantes en la aplicación de medidas económicas acertadas para que todos vivamos quieta y reposadamente.
«En primer lugar, te ruego que ores por todos los seres humanos. Pídele a Dios que los ayude; intercede en su favor, y da gracias por ellos. Ora de ese modo por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos tener una vida pacífica y tranquila, caracterizada por la devoción a Dios y la dignidad. Esto es bueno y le agrada a Dios nuestro Salvador» (1ª Timoteo 2:2-3, NTV).

edgarrojas50@hotmail.com

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