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Elegir con quien casarse, José Luis y Silvia Cinalli

¿Cómo elegir la pareja?
Después de recibir a Cristo en tu corazón, elegir la persona con quien pasarás el resto de tus días, es una de las decisiones más trascendentales de la vida.
Según los Dres. Minirth y Meier, existen cuatro factores importantes que deberás considerar al buscar pareja:
1. Que esté creciendo espiritualmente. Si ama profundamente a Dios, te amará a ti. Busca a una persona que desee la excelencia y que tenga pasión por Cristo.
2. Que trate a los demás con respeto. Observa su comportamiento. ¿Es cortés y amable con sus padres? ¿Cómo se relaciona con los profesores, las autoridades o su jefe? El trato que tenga hacia los demás es una muestra de la manera en que te tratará a ti.
3. Que haya conquistado su propia vida. Esto se relaciona con el dominio propio. Una persona indisciplinada en la soltería, será indisciplinada en el matrimonio. No esperes cambios extraordinarios.
4. Que muestre actitudes saludables. Si es una persona con una actitud continua de disconformidad y crítica, ¡alerta roja! Si fácilmente discute y todo le cae mal, con el tiempo te criticará por todo y buscará motivos para disentir, porque es el modo en que siempre se ha manejado. Si eliges a una persona iracunda y pendenciera, tu futuro estará plagado de discusiones y dolores de cabeza.6

El secreto de un buen matrimonio, más que buscar a la persona correcta, es ser la persona correcta

¿Cómo puedo evaluar mi noviazgo? 
Las respuestas que des a los siguientes interrogantes, te harán saber si tu noviazgo tiene futuro o no:
– ¿Te motiva a crecer espiritualmente o ha enfriado tu vida espiritual?
– ¿Te ha llevado a un mayor servicio a Dios o te ha alejado del ministerio?
– ¿Te inspira para estudiar y mejorar en todo lo que haces o te conduce a la mediocridad?
– ¿Saca lo mejor de ti o, por el contrario, lo peor de tu persona aflora cuando están juntos?

Noviazgos desiguales, matrimonios con problemas

«No se unan ustedes en un mismo yugo con los que no creen…» (2ª Corintios 6:14. DHH).
Un ejemplo bíblico desafortunado de yugo desigual es el de Sansón, quien buscó esposa entre las mujeres filisteas, en contra de la voluntad de Dios y del consejo de sus padres, Jueces 14:3. Esa decisión desató terribles consecuencias en su vida:
– Sufrió en su propia luna de miel. Jueces 14:17 dice que su esposa lloró los 7 días del banquete de su boda. Si ella lloró, Sansón no disfrutó.
– Padeció un rápido divorcio. Su mujer fue dada en matrimonio a un amigo suyo, Jueces 14:20.
Sin embargo, las consecuencias más graves en la vida de Sansón vinieron por no aprender de esa experiencia. En su segunda relación, también desigual, los problemas se hicieron más graves. Sansón fue traicionado y entregado por su propia esposa Dalila, Jueces 16:18-19. Perdió la familia, la libertad, sus ojos y hasta la vida.
Sansón estaba destinado a ser un libertador y terminó siendo un esclavo. Nunca pudo alcanzar su máximo potencial. Si uno lo observa bajo esta óptica, es patético. ¡Cuánto perdió por elegir parejas desiguales!
¿Puede existir yugo desigual entre creyentes?
Amós 3:3 dice: «Cómo andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo». No solo es importante confesar la misma fe, sino tener proyectos de vida similares. Si él tiene un profundo llamado misionero a la India y ha comenzado a prepararse para ir a ese lugar, pero se casa con una chica creyente que, aunque está enamorada de él, por nada del mundo lo acompañaría en semejante empresa, surgirán problemas inevitablemente.
Que una persona sea creyente no es razón suficiente para que te cases con ella. Del mismo modo, el casamiento, por sí solo, no es un pasaporte a la felicidad. El matrimonio es una relación en la que ambos, además de mirarse a los ojos, deben mirar juntos hacia adelante. Cuantas más cosas en común tengan, más fuerte será la relación y más difícil será que ésta se rompa. No significa que tengan que estar de acuerdo en todo, pero sí en cosas que son trascendentales, como por ejemplo la fe y el llamado.
Si quieres un matrimonio que funcione, tómate tiempo para cultivar la amistad y conocer a fondo a esa persona. ¿Puedes charlar con tu pareja sobre temas importantes? ¿Qué cosas tienen en común? ¿Encuentras en ella un oído que te escuche? ¿Puedes hablar de ‘todo’? ¿Son amigos? Elegir con sabiduría disminuye el porcentaje de errores. Busca consejos, ponte en oración, consulta con Dios y escucha a tus líderes.
José Luis y Silvia Cinalli
Pastores, consejeros y escritores
consultas@placeresperfectos.com.ar

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