Home / Opinion / El secreto para tener un corazón agradecido, Liliana González de Benítez

El secreto para tener un corazón agradecido, Liliana González de Benítez

Cuando damos gracias por todo, y en toda situación, la paz de Dios inunda nuestros corazones

Los seres humanos por naturaleza somos malagradecidos. Cuando la tribulación nos golpea con fuerza tendemos a ser olvidadizos e ingratos; nos comparamos con los sanos y vigorosos, con los que disfrutan de un buen empleo o con los que tienen las cosas que nosotros no tenemos.
La falta de agradecimiento es un pecado que nos arrastra a otros pecados como la envidia, el egoísmo y la amargura. En la Biblia vemos que Dios instó a su pueblo a mantener su corazón limpio: «No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo» (Éxodo 20:17).
En su carta a Timoteo, el apóstol Pablo lo instruye diciendo: «Nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos» (1ª Timoteo 6:7-8).
Aunque Pablo sufrió numerosas vicisitudes a lo largo de su vida y ministerio, se mantuvo siempre contento. «He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad» (Filipenses 4:11-12).
Si eres cristiano y sientes deseos de quejarte por las calamidades que afrontas, no te turbes. El agradecimiento se aprende. Pablo dijo: «He aprendido a contentarme…» ¿Cómo aprendió Pablo a estar contento en medio de la tribulación?
Él mismo lo explica en Colosenses 3:16: «Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón» (NVI).
El secreto de Pablo para mantener su corazón agradecido fue que aprendió a descansar en la gracia de Dios. El apóstol se alegraba al ver al Señor día tras día cubrir sus necesidades básicas. No se quejaba por sus problemas, al contrario, se sentía satisfecho con la provisión divina, y no anhelaba más.
Los cristianos sabemos que Dios cuida de nosotros. Su gracia es todo lo que necesitamos. Su amor produce un gozo tan grande que vivimos llenos de gratitud. «Dad gracias al Señor, porque Él es bueno; porque para siempre es su misericordia» (1 Crónicas 16:34). Cuando damos gracias por todo, y en toda situación, la paz de Dios inunda nuestros corazones.
Nosotros no podemos cambiar las circunstancias adversas, pero si tenemos la capacidad de gobernar nuestras mentes y corazones. Cada día determinemos elevar ofrendas de gratitud a nuestro amoroso Señor. Aunque la situación sea desesperada, hagamos sacrificios de alabanzas. El Salmo 50:23 dice: «El que ofrece sacrificio de acción de gracias me honra; y al que ordena bien su camino, le mostraré la salvación de Dios».
Bíblicamente hablando, un sacrificio es una ofrenda de gratitud que honra a Dios. Pablo enseñó que podemos sentirnos «entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo» (2ª Corintios 6:10).
El apóstol tuvo que aprender a buscar cada día el rostro de Dios para mantenerse en gozo. Si dejamos de ver nuestras penosas circunstancias y fijamos la mirada en Cristo y en las riquezas espirituales con las que Él no ha bendecido en los cielos, viviremos siempre contentos.
«Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, para alabanza de su gloriosa gracia, que nos concedió en su Amado» (Efesios 1:4-6. NVI).
¡Qué hermosa realidad disfrutamos los creyentes! Sea cual sea las circunstancias que estemos afrontando, demos gracias a Dios.
Yo estoy inmensamente agradecida por el sacrificio de Cristo en la cruz, por el perdón de mis pecados y la salvación de mi alma. Doy gracias a Dios por Sus bondades que son nuevas cada mañana, por Su Palabra que me instruye, por mi hermosa familia y hermanos en la fe, por los talentos que el Señor me ha confiado, por ayudarme a servirle y por Su gran amor e infinita misericordia.
Y tú, ¿por qué cosas puedes dar gracias hoy?

Liliana González de Benítez
Periodista
lili15daymar@hotmail.com

About Verdad y Vida

Check Also

¿Tú en qué lugar habitas? (Tehilim/Salmo 91), Edson Contreras

Hay promesa de rescate para el que habita en su lugar de morada, hay sentencia …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *