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El rol de los padres en el proceso educativo de los hijos durante la pandemia, Julio Almedo

 Es importante incorporarnos activamente en el proceso de enseñanza de nuestros hijos, tanto en lo natural como en lo espiritual

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La gran preocupación de los padres durante el presente período de pandemia, debido a la enfermedad del Covid-19, ha sido el nivel de formación educativa recibida por sus hijos y las consecuencias en su porvenir inmediato.
El uso de herramientas tecnológicas, adaptación al ritmo presencial por cuarentena, la entrega oportuna de actividades, entre muchas más, solo han traído una marcada distracción en el verdadero propósito al recoger las enseñanzas; por los diversos contratiempos presentados al momento de calificar cuantitativa y cualitativamente el nivel de conocimiento adquirido por el estudiante y su aplicación a la vida diaria. Aunque cabe destacar el valioso esfuerzo en conjunto realizado por el personal educativo y directivo en algunos casos, la gran mayoría se ha visto afectada.
Por esta razón, los padres debemos tomar participación protagónica, conscientemente y entender lo importante de nuestra participación constante en el proceso educativo de los hijos, de manera equilibrada con el maestro y la institución. Sigamos la orientación dada al respecto por nuestro Padre celestial en su Palabra, en el libro de Proverbios 22:6, “Educa a tu hijo desde niño, y aun cuando llegue a viejo seguirá tus enseñanzas” (TLA). Los hijos deben enseñados primeramente en casa, hasta que cumplan la edad escolar para poder asistir a un centro educativo. El Señor nos orienta a educar, instruir al hijo, esto incluye reforzar toda enseñanza recibida, infundiendo valores éticos y morales en todas las áreas del conocimiento.
Adicionalmente, nos recomienda hacerlo desde niño (temprana edad). Luego, nos da a conocer una hermosa promesa: Esa enseñanza será llevada en su corazón durante toda su vida, recalcando que pueden llegar ser anciano (larga vida). Gracias Señor, porque permites a nuestros hijos poder alcanzar una larga vida, si los educamos desde niños.
Así mismo ocurre en la casa de Dios. Nuestros padres espirituales nos llenan del conocimiento y sabiduría de las escrituras (Proverbios 1:7), desde nuestro nuevo nacimiento espiritual en Cristo (2ª Corintios 5:17), para aplicarlo y vivirlo en el diario caminar, con fe y obediencia, indicándonos hacerlo en amor (2ª Pedro 1:7) y guardando la Palabra de Dios (Juan 14:23).
Solo así, al final de cada período, los padres podamos estar satisfechos, llenos de gozo, por las metas alcanzadas por los hijos, lo significativo de cada vivencia para su porvenir, el fruto recogido en cada cosecha y los testimonios de vida manifestados. Por esto es importante incorporarnos activamente en el proceso de enseñanza de nuestros hijos, tanto en lo natural como en lo espiritual, buscando siempre primeramente el Reino de Dios y su justicia para poder disfrutar las añadiduras futuras (Mateo 6:33). Para ser hallados aprobados cuando nos toque estar frente a nuestro Señor.
Así como el Padre celestial nos instruye por su Palabra en amor, de igual manera debemos educar a nuestros hijos.

Julio Almedo
Articulista

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