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El reino de los cielos sufre violencia

¿Cómo podría sufrir violencia el reino de los cielos? Por la imposibilidad de este hecho, es evidente que el Señor Jesucristo está usando figuras terrenales, para elevar nuestro pensamiento a lo espiritual. La esperanza de Israel no era vivir en el reino de los cielos, sino esperar al Mesías prometido, y que fuera restaurado el reino de David. Ellos ni pensar en la posibilidad de ser hijos de Dios, por esa razón crucificaron al Señor Jesús, veamos: «¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?» (Juan 10:36). Acusaron a nuestro Señor de blasfemo por decir que era Hijo de Dios. Pero cuando el Señor empezó a predicar al pueblo que el reino de los cielos estaba cerca, que ya no era algo impensable, sino que estaba al alcance de la mano, la respuesta de la gente sencilla fue inmediata. Ellos creyeron y se apasionaron por el ofrecimiento de Dios, por eso el Señor dijo: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» (Mateo 11:12).
 ¿Qué connotación tiene para nosotros esta revelación del Señor Jesús? El mensaje es el siguiente: muchos quieren entrar al reino de los cielos, pero sólo aquellos que lo procuran con pasión lo lograrán. No se trata de que alguien hizo una oración de aceptación hace tanto tiempo atrás, y va a la Iglesia de vez en cuando y piense que ya por eso es salvo. Como sabemos, no se trata de religión, sino de relación con Dios. Pero el Señor Jesús nos está diciendo que no se trata de una relación pasiva, sino activa, con pasión, por eso la asocia con violencia: «los violentos lo arrebatan». ¿Cuánto te costará entrar al reino de los cielos? La respuesta es: TODO, no tenemos que pagar con dinero porque no tiene precio, pero el Señor nos pide que le amemos sobre todas las cosas. Esto es tenemos que despojarnos de todo, sacar de nuestros corazones todas las cosas y allí sólo debe estar nuestro Señor Jesús. El Señor lo explicó así: «Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo» (Mateo 13:44).
El reino de los cielos es «un tesoro escondido», no todos lo hallan; sino los escogidos, a los que el Señor les quiera revelar. Cuando a una persona le es dada la revelación «va y vende todo lo que tiene», pues sabe que no hay nada más valioso, y que además todas aquellas posesiones le impedirán o estorbarán alcanzar la meta. Así, el que es llamado por Jesús se despoja de todo para que nada le estorbe en su meta de alcanzar el reino de los cielos. Pero no es una tristeza despojarse de todo lo que hasta ese momento había atesorado, pues ha encontrado lo que realmente lo llena y le da paz, así que: «gozoso por ello va y vende todo lo que tiene». Es un gozo despojarse de todo porque sabe que el galardón es sobremanera grande.
El apóstol Pablo es un buen ejemplo de esto, pues él se despojó de todo lo que tenía y de lo que él era, para poder conocer a Cristo. Tenemos que vaciarnos de nosotros para que Cristo pueda reinar en nuestros corazones, veamos: «Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.  Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» (Filipenses 3:7-8). Pablo tenía mucho de que sentirse orgulloso y a lo que aferrarse tenía una gran reputación y el respeto dentro de los gobernantes y del pueblo de Israel. Pablo tenía el reconocimiento como hombre de Dios que desde pequeño había sido celoso de las tradiciones. Podemos decir que tenía un futuro hecho dentro de la comunidad judía, era lo que soñaba alcanzar cualquier judío. Pablo al igual que Moisés, despreció lo que él era para ser lo que el Señor quería que fuera. El pudo decir por amor al Señor Jesús: «lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo». Apenas confesó el nombre de Cristo, todo lo que había construido toda su vida se vino abajo, fue despreciado por todos. La Palabra nos enseña que al Seguir a Cristo, seremos aborrecidos por el mundo, esto no es selectivo, es una regla, veamos: «¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas» (Lucas 6:26).
El Señor Jesús no repitió parábolas, pero la que vimos anteriormente la enseñó de nuevo con otra figura, veamos:  «También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró» (Mateo 13:45-46). Este mercader aquí nos representa a alguien que está en busca de la Verdad, buscando sabiduría, y entre todas las cosas interesantes que consigue, encuentra una perla que sobrepasa a todas las que había visto hasta ese momento. El capital que usa para su negocio no es suficiente para comprarla, era tal la atracción por aquella perla que: «fue y vendió todo lo que tenía, y la compró», esa perla dice el Señor Jesús que simboliza el reino de los cielos, y aquí vuelve a decirnos que nos costará todo entrar en él. Realmente para hacer lo que hizo este comprador de perlas, hay que estar apasionado por Jesús, sólo los apasionados lo dejan todo por Jesús.
El punto principal del propósito del evangelio, es que Dios está buscando adoradores, veamos: «Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren» (Juan 4:23). El Señor está reuniendo un pueblo para la alabanza de su Gloria, está buscando un linaje que sea agradecido, que valore en toda su extensión lo que Él hizo por nosotros en Cristo Jesús. Estos adoradores tienen que ser apasionados de amor por Jesús, son personas que saben, que entienden de qué clase de castigo eterno los salvó el Señor. Estos adoradores han entendido la clase de sacrificio que Jesús hizo por ellos, que no fue solamente la cruz, sino también estar en el hades tres días. Estos adoradores tienen un cántico que los ángeles no pueden cantar, es un cántico de redención, de ser salvados del lago de fuego. Los ángeles seguirán adorando al Señor por siempre, pero cuando los redimidos estemos en la patria celestial, pienso que tomaremos la dirección del ministerio de alabanzas, porque estableceremos el tabernáculo de David en el cielo; pues en la tierra están las sombras de las cosas que están en los cielos.
Es necesario, examinarnos a la luz de esta enseñanza de la Palabra de Dios. ¿Somos adoradores apasionados? ¿Dedicamos tiempo para adorar al Señor? ¿Apartamos tiempo para dedicarlo a la comunión con el Señor? ¿Realmente tenemos esa relación con el Señor? «El que tiene oídos para oír, oiga» (Mateo 13:9).
¡A Dios Sea La Gloria!

Fernando Regnault
Articulista
elabcdelabiblia@hotmail.com

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