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El plan original, Otoniel Font

La enfermedad y la muerte no eran parte del plan de Dios para nosotros… vemos claramente que la muerte y la enfermedad son problemas de la desobediencia del hombre

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Todos tenemos que batallar con la muerte y con las enfermedades; vamos envejeciendo. Pero tenemos que estar claros que estas dos cosas son resultado de la desobediencia del hombre en el huerto del Edén. Tú no fuiste creado para tener enfermedades ni para tener la clase de muerte que hoy tenemos. Ese no era el plan original en el huerto del Edén; en la Biblia vemos gente que vivió novecientos años.  Abraham, luego de que Sarah murió, se volvió a casar y tuvo otros seis hijos; tenía ciento treinta y cinco años. Y tomó mucho tiempo en lo que la degeneración de nuestro cuerpo nos trajo al lugar donde estamos hoy.
Así que, la intención de Dios era que el hombre viviera mucho más tiempo. ¿Qué habría pasado entonces? ¿No moriríamos? Tal vez, nos pasaría como a Enoc. Él no murió, sino que fue traspuesto a la presencia de Dios. Podemos pensar que, cuando nuestro trabajo en la tierra se hubiera culminado, de alguna manera, hubiéramos sido traspuestos delante de la presencia del Señor. Así que, la enfermedad y la muerte no eran parte del plan de Dios para nosotros.
“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:15-17).
Aquí vemos claramente que la muerte y la enfermedad son problemas de la desobediencia del hombre. Es interesante que el mismo Jesús, en ciertos momentos, conectó enfermedades con pecado; vemos momentos en que él conecta la condición física de una persona al pecado. Hubo momentos en que dijo: Tu fe te ha sanado, tus pecados te son perdonados.  Cuando un paralítico fue llevado ante Jesús por sus amigos, Él les preguntó: ¿Qué es más fácil decir: tus pecados te son perdonados, o levántate y anda? Ante un muchacho ciego, le cuestionan a Jesús quién pecó, si este o sus padres. Y Jesús dice: No importa quién pecó, esto es para la gloria de Dios.
Así que, la enfermedad y la muerte son producto del pecado, pero como raza humana. O sea, el que tú estés enfermo no quiere decir que tú hayas pecado. Como raza humana, en nuestros cuerpos entró el pecado y trajo enfermedad, pero tú no puedes llegar al punto de pensar o sentir que si estás enfermo es porque estás en pecado o porque pecaste. Tú tienes que cambiar esa consciencia.
Hay pensamientos en la iglesia que nos limitan de experimentar la plenitud en nuestros cuerpos. Cuando una persona se enferma, hay quien piensa que es porque no tiene suficiente fe. Hay quien dice que si no te sanas es porque no has tenido suficiente fe. Pero eso no es cierto. La enfermedad no es un barómetro de tu fe, como tampoco lo es tu prosperidad. En otras palabras, el que tengas pobreza hoy no quiere decir que tengas menos fe. Y el que tengas riqueza no quiere decir que tengas más fe. Pablo decía: Sé estar en poco y sé estar en mucho; porque los creyentes vamos a tener momentos de poco y momentos de mucho. La raíz original de la enfermedad y de la muerte sí es el pecado, pero no el tuyo, sino la desobediencia original del hombre. La Biblia sí dice que la maldición nunca vendrá sin causa, pero eso no significa que tú hayas provocado la causa por la cual vino. Puede que tu sistema inmunológico haya estado bajo, que hayas entrado en contacto con una persona contagiada; no quiere decir que fue pecado. Pero versos como esos los usan para condenar. El que te enfermes no significa que no tengas fe.
Cuando tú no entiendes esto, piensas que Dios te abandonó cuando te enfermas. Piensas que Dios no te ama, que te está castigando. A través de la historia, se ha dicho que Dios usa la enfermedad para castigar al hombre. Y la verdad es que a través de la enfermedad, todos podemos aprender algo, pero eso no quiere decir que Dios la mandó para enseñarte algo. A través de un problema que llega a tu vida, puedes aprender, pero no quiere decir que Dios te lo mandó. Dice la Palabra que, si nosotros siendo malos sabemos dar buenas dádivas a nuestros hijos, cuánto más nuestro Padre que está en los cielos. Tú no le pondrías un cáncer a tu hijo para enseñarle a respetar; eso sería una locura. Dios tampoco tiene que ponerle un cáncer a una persona, una diabetes, un problema cardíaco para enseñarle a obedecer; pero de repente llega el problema, la situación y, a través de eso, Dios te puede enseñar. Puede enseñarte fortaleza, paz, sabiduría; es en momentos de enfermedad donde te vuelves resiliente; son momentos que sacan lo mejor de tus familiares.  Tus hijos se ponen a hacer algo, tu esposo también, tu familia se compenetra. No quiere decir que Dios lo hizo para eso; pero Dios, en su infinita misericordia, es capaz de transformar toda maldición en bendición.
Sería contrario que pensaras que Dios te envió algo para castigarte, y que después ores para que te sane. Si Él te lo hubiese enviado, entonces aprende la lección y ya. Pero sabemos que Él no te lo envió; por lo tanto, puedes orar para que Él te sane, sabiendo que, en medio de todo, algo Dios va a hacer, Él se va a glorificar y Él va a hacer algo en tu vida.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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