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El petróleo, ¿bendición o maldición

La gran pregunta que muchos se hacen es: ¿puede una bendición terminar en maldición? Más allá de las concepciones teológicas podemos ver que es perfectamente posible que algo que es de bendición (palabra compuesta que significa «bien decir» o «bien desear») pueda convertirse en maldición («mal decir» o «mal desear»).

Todo lo que Dios creó es bueno, hecho para bendecir a sus criaturas. El libro de Génesis revela que una vez que Él creó «vio Dios que era bueno». Ante esta declaración Dios bendijo su creación desde el mismo inicio, ahí quedó demostrada la intención de nuestro Creador ante sus criaturas, de manera más específica, el hombre, hecho «a su imagen y semejanza», a saber, el único con capacidad racional, comunicativa y constructiva.
Todo estuvo «bueno» hasta que este ser pensante de la creación desobedeció a Dios y pecó haciendo morir con él a todos sus futuros congéneres hasta el fin del mundo; los animales y la tierra entera cayeron también bajo maldición, se volvieron feroces a la par de que el planeta poco a poco iba sucumbiendo ante la deformación de su modelo divino y original. Lo demás es historia.
Entre las bendiciones creadas está el petróleo, conocido primigeniamente desde los mismos tiempos de Noé, quien calafateó el arca de la salvación con brea (componente deribado del petróleo). Vemos así cómo el llamado «oro negro» fue de mucha utilidad para el avance de la humanidad, y lo es hasta hoy.
Dios distribuyó el petróleo por muchas naciones del mundo, siendo Venezuela una de las más agraciadas, puesto que el Creador le dio las más grandes reservas de crudo conocidas sobre el planeta. Tanto el petróleo como el resto de los minerales, agua, mares, tierras fértiles, entre otras bondades divinas, conforman las más grandes bendiciones; sólo que aquí, como en el Edén, el administrador de estos recursos le ha fallado a Dios.
El petróleo venezolano tiene la intención divina de proveer recursos para la construcción y distribución equilibrada y justa de la renta del oro negro en favor de todos los habitantes de este bendecido país llamado Venezuela. ¿Qué ha pasado entonces? ¿Por qué la gran mayoría de los gobiernos de los últimos 100 años no han transformado nuestra nación en un poderoso y justo país, modelo de equilibrio socio económico? ¿Por qué mientras más alto se ha vendido el petróleo más pobreza ha plagado a Venezuela? ¿Por qué en vez de usar este recurso no renovable para sembrar, construir un potente parque industrial y traer el mayor cúmulo de bendiciones y felicidad en la población, hoy estamos entre las naciones más pobres y abatidas del planeta?
Nuestros gobernantes desde Juan Vicente Gómez hasta la fecha, han hecho poco o casi nada con los exhorbitantes ingresos petroleros, pues ha sido milmillonario el ingreso en contraste con la poca retribución e inversión social. ¿Dónde ha quedado el resto de la renta petrolera no invertida en el pueblo tal y como Dios manda? ¿En las cuentas de quién están todos esos miles de millones?, porque a saber no hay un solo culpable por ese motivo en 100 años de historia patria.
¿Olvidan acaso quienes han tenido en sus manos las importantes decisiones que un día no muy lejano tendrán que dar cuentas a Dios por lo que Él puso en sus manos para que lo administraran pulcra y justamente? Crean o no que Dios existe, ante Él comparecerán, sin más excusas y abogados que su propia conciencia y manos manchadas con lo que el Señor dio como bendición, pero que dilapidantes e impías manos transformaron en maldición.
¡En cuanto a ti Venezuela…!, ha dicho el Señor, vendrán tus mejores días, tiempo en que lo que han convertido en maldición será vuelto en bendición, días de justicia, paz y retribución; porque Él será entronizado sobre esta nación y se dirá en los confines de la tierra: «¿No era ésta la Venezuela dilapidada y saqueada?, qué oímos y vemos hoy, pues está plena de prosperidad y bendición y la justicia campea de norte a sur y de este a oeste de su territorio». Tiempo cuando al unísono se dirá: «¡Jesucristo es Señor de Venezuela…!».
Las tinieblas, la brujería y hechicería serán derribadas a tierra y nunca más serán, el trono del diablo será desarraigado de este territorio y el Lucero de la mañana resplandecerá con toda su plenitud… Tu maldición será pisoteada y sobre ella la bendición del Altísimo levantará su estandarte, y como nunca veremos que el petróleo y las demás riquezas del país no sólo serán usadas para bendecir al venezolano, sino que habrá en abundancia para compartir con muchas naciones menos privilegiadas… ¡Ese día se acerca amada Venezuela…! Tus ojos llenos de lágrimas y tus manos levantadas al cielo alabarán y agradecerán la grandeza de la gracia y la misericordia del Señor…

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