Home / Opinion / El movimiento apostólico y profético

El movimiento apostólico y profético

(Alberto M. Delgado – Apóstol y comunicador).-

Mucho se ha hablado en estos últimos tiempos de un llamado “mover profético”. Sin embargo, permítanme hablarles de este tema a la luz de las Escrituras. La Biblia nos habla en Efesios 4:11 de los cinco cargos ministeriales: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros; éstos son los cinco cargos principales de liderazgo en la Iglesia. Todos tenemos un llamado de liderazgo, por eso Jesús dijo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones”. El discípulo, una vez es entrenado, se convierte en un líder ejerciendo de una manera u otra uno o varios de los cinco cargos ministeriales.
El apóstol y el profeta son los dos primeros, los cuales marcan un punto de gobierno. Esto a veces lo llaman “movimiento”, pero yo no lo veo como un movimiento, lo veo como algo que es básico en las Escrituras. Los movimientos vienen por un período de tiempo y después se pierden cuando aparecen otros movimientos. Por eso, para mí simplemente es el desarrollo a una mayor intensidad de los dos principales cargos ministeriales, los cuales Cristo dio a la Iglesia.
Mientras exista una iglesia, un evangelista, un pastor y maestro, tienen que existir a la par apóstoles y profetas. Esto que llaman “Movimiento Apostólico y Profético” lo que nos deja ver es que en este tiempo se ha despertado algo que la Iglesia, por su ignorancia, dejó que se durmiera. Por años, muchos hombres de Dios, teniendo sobre su vida un llamado a ser apóstoles y otros profetas, lo escondieron por temor a ser tildados de arrogantes, y aún cuando sus vidas demostraban este llamado, no eran reconocidos por la Iglesia, es decir, no recibían este nombramiento.
Para mí esto es importante, ya que en el Nuevo Testamento vemos ejemplo de ello. Timoteo fue ordenado mediante la imposición de manos del presbiterio (lea 1ª Timoteo 4:14). Esto le da a la persona ordenada reconocimiento ante la iglesia local o iglesias de su área, y a la vez es un acto de obediencia y responsabilidad en el desarrollo de este llamado. Recuerdo el día cuando fui ordenado. Para ese entonces yo sabía cuál era mi llamado y ministerio, pero fue algo especial cuando ante grandes hombres de Dios, y mediante la imposición de manos, me declararon ministro del evangelio de Jesucristo. El aceptar yo ese nombramiento, hizo que se abriera una unción especial y específica en mi vida, la cual se ha manifestado hasta el día de hoy.
Lamentablemente muchos hombres se han autoproclamado apóstoles y profetas, y esto no sólo en los Estados Unidos sino también, y quizá en mayor amplitud, en Latinoamérica. Esto, vuelvo y repito, por la ignorancia y la falta de conocimiento. Sin embargo, no debe sorprendernos, porque la misma Biblia nos alerta de que en los últimos tiempos “se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos”. Por eso, hoy más que nunca, la Iglesia debe estar alerta y con sus oídos afinados para no ser engañados y llevados por todo viento de doctrina que se levante contra la verdad y pureza del evangelio. No sólo dentro de la Iglesia, sino también dentro de la sociedad en que vivimos.
Recientemente escuchamos las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, apoyando el matrimonio homosexual. Y aunque éste no es el tema que estamos tratando, quiero dejarles saber que el oficio del apóstol y del profeta es llamar a las naciones al arrepentimiento y que el corazón de los hombres se vuelva a Dios. Por eso, en estos tiempos, la labor del profeta y del apóstol se desarrollará a un mayor nivel que en años anteriores. La palabra apóstol en los tiempos de Jesús, cuando gobernaba el Imperio Romano, era usada para denotar a un alto militar que estaba a cargo de una misión específica y ordenada gubernamentalmente. Así que, el apóstol no es simplemente uno que es enviado, sino uno que es enviado con una misión de conquista, conquista de naciones y territorios.
Los apóstoles del Nuevo Testamento tenían un nivel de gobierno en las iglesias que ellos fundaban, las cuales estaban bajo su cobertura espiritual. Estas iglesias se sometían voluntariamente a este apóstol reconociendo que éste era guiado por el Espíritu Santo de Dios, y esa unción apostólica descendía a los demás cargos ministeriales, equipándolos para la obra del evangelio.
La Iglesia, en este tiempo en que vivimos, tiene que estar sometida a una cobertura espiritual que la supervise y la equipe para llevar a cabo la Gran Comisión de una manera efectiva, desarrollando saludablemente los cinco cargos ministeriales que Dios ha establecido en su Palabra, evitando que el enemigo tome ventaja y pisotee la verdad del evangelio.

Vida Cristiana

About redaccion

Check Also

¿Andas en luz o en oscuridad?, Liliana González de Benítez

Una persona se encuentra en oscuridad espiritual cuando vive apartada de Dios Hubo un tiempo …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *