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El internet de José (la tentación no razona), Carlos Javier Sivira

Cuando Ted Bundy comenzó a ver pornografía conseguirla era complicado, había que ser mayor de edad para entrar a un teatro, comprarla en el kiosco exponiéndose a que lo viera un familiar adulto o que el kiosquero le contara a su familia, etc., etc. Incluso para quien fuera mayor de edad conseguir material de este tipo era un acto muy público, cuando él estaba en el corredor de la muerte a punto de sufrir la pena de muerte por haber violado y asesinado (algo que empezó con la pornografía, según el mismo contó) estaba aterrado de que menores de edad pudieran ver el contenido que a él le costaba encontrar en sus propias casas a través de la TV por cable…
Hoy en día el material es mucho más fuerte y está en el bolsillo de cualquier niño o adulto…
José no tenía internet, ni kiosco ni teatros de mala muerte, él tenía a la esposa de su jefe insinuándosele día a día, su lucha no era no entrar a algunas páginas, seguir a ciertos “influencer” o ver ciertas cuentas de Twitter; su lucha era no caer en adulterio con una mujer que seguramente olía y se veía bien, su tentación pudo haber sido pensar que nadie se enteraría, nadie lo vería y nadie sospecharía, la veía todos los días como parte de su trabajo, pero, sin embargo, no cayó.
En un episodio de su vida y ante la misma petición: “acuéstate conmigo”, vemos que usó dos estrategias, una mejor que la otra, por cierto.
Primera estrategia: La esposa de su jefe le pidió que tuvieran relaciones íntimas y su respuesta fue negarse y explicarle las razones; el resultado fue que la mujer se le acercó más, trató de quitarle la ropa y le pidió nuevamente que tuvieran relaciones… allí fue cuando usó la segunda “estrategia”: SALIÓ CORRIENDO COMO PUDO. Y esa fue la estrategia que resultó
Algunos están luchando con contenido sucio en internet, otros con personas de carne y hueso que le dicen que se acuesten (o se vuelvan a acostar), otros están lidiando con ser inmorales, chismosos, malhumorados, soberbios, etc. Solo quiero dejarte este pensamiento: la tentación no razona, no puedes discutir y ganarle, no puedes hacerle entender, si te quedas frente a ella te atacará, te seducirá y te hará caer. La tentación no razona solo sé lo suficientemente valiente para huir.
«Pero él dejó su ropa en las manos de ella, y salió corriendo de allí» (Génesis 39:12b).

Carlos Javier Sivira
Comunicador

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