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El Éxito

(George Laguna – Periodista y teólogo).-

Esta es una época en la cual escuchamos mucho acerca del éxito. Libros acerca del tema se escriben prácticamente todos los días. Clínicas, seminarios y reuniones para motivar a otros hacia una vida exitosa pueden encontrarse en muchas ciudades. Leemos sobre éxito, escuchamos y trabajamos duro para lograrlo. Pero, ¿qué es el éxito?
Para muchos el éxito es una olla de oro al final del arcoíris. Hay quienes consideran que lo alcanzan si logran acumular muchas posesiones y riquezas, otros también igualan el éxito con el poder, el privilegio, el reconocimiento y el prestigio o fama.
Para algunas personas el éxito constituye ascender en la escala social o en una organización; pero ¿qué enseña el libro más exitoso y publicado del mundo acerca del éxito?
En el Antiguo Testamento encontramos un pasaje en la historia de la salida del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto; una nueva generación de israelitas entraba en la tierra que Dios había prometido a sus antepasados que les daría por heredad Génesis 12:6-7 y Génesis 15:18-21. Josué y Caleb, líderes de esa nueva generación conquistaron con éxito la tierra prometida. Josué, discípulo y sucesor de Moisés, recibió la siguiente instrucción: «Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, (la Biblia) sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes (atesores en tu corazón) y hagas (obedezcas) conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien» (Josué 1:8).
Si se aplican los principios bíblicos en la vida, el éxito involucra el logro continuo de ser la persona que Dios quiere que uno sea, y el logro continuo de las metas establecidas que Dios ayuda a fijarnos y que beneficien también a otros. Es un proceso diario, de hora tras hora, momento tras momento; se relaciona con la actitud personal, no es algo externo. El éxito involucra estar bien con Dios, lograr el máximo potencial del talento que Él te ha dado para que lo honres Mateo 25:14-29.
El éxito se define como alcanzar un resultado favorable y satisfactorio. La sociedad, no obstante, tiende a interpretar la palabra éxito o exitoso con próspero o prosperidad como si fueran sinónimos. Ambas palabras aparecen en la Biblia «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma» (3ª Juan 2); pero el estudio hermenéutico del texto sagrado resulta en un significado distinto al que le atribuye la sociedad, porque se puede ser muy próspero y miserablemente nada exitoso, Jesucristo lo enseñó cuando dijo: «Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Marcos 8:36).
En la Biblia también encontramos personas que Dios les proveyó de grandes riquezas y poder político, el ejemplo más notorio fue el rey Salomón. Después de ser ungido y proclamado rey de Israel, Dios se le apareció en sueños a Salomón y le dijo: «Pide lo que quieras que yo te dé» (1 Reyes 3:3-14) y Salomón le pidió al Señor sabiduría para gobernar, corazón entendido para juzgar y para discernir entre lo bueno y lo malo, petición que agradó a Dios y le dio mucho más que eso, le dio riquezas, gloria, vinieron reyes de naciones vecinas para escuchar su consejo, fue el rey más rico y sabio de la tierra.
En los primeros años de su reinado Salomón obedeció los principios de Dios expresados en la Escritura Sagrada, pero a pesar de contar con más de lo que había pedido, comenzó a desviarse de los principios y a experimentar todo los placeres que deseaba. El libro de Eclesiastés detalla sus vivencias y terminó su vida reconsiderando su conducta con una de las frases con las que culminó el libro «Teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre».
La Biblia enseña claramente que la perspectiva escritural del éxito es ser todo lo que Dios propuso que seamos; que le conozcamos, le amemos, le adoremos y le sirvamos con toda la energía que poseemos (Colosenses 3:23).
El éxito siempre se relaciona con Dios y sus principios revelados a la humanidad a través de su Palabra, está conectado con su voluntad, con esto en mente ni la persona, ni las metas errarán el blanco. El éxito no es ausencia de fracasos, quien nunca ha fracasado es porque nunca emprendió nada. Thomas Alva Edison intentó fallidamente cientos de veces lograr que funcionara la bombilla eléctrica, ahora usted sólo oprime el interruptor y disfruta de la luz.
Para finalizar cito las últimas palabras de Jesucristo en su crucifixión, ante un ambiente de sufrimiento en el Gólgota dijo: «Consumado es» (Juan 19:30). Cumplió su propósito y fue exitoso al dar su vida por ti y por mí.

georgelaguna@gmail.com

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