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El dinero, el mejor esclavo y el peor amo, Jaime Fernández

Howard Hughes fue un multimillonario americano que se dedicó a la producción de películas y a otros cientos de negocios más. Primeras figuras como Bette Davis, Ava Gadner, o Liz Taylor trabajaron para él. Murió en su avión privado: «Puedo comprar todo en la vida, menos la muerte», había dicho. Y así fue.
Siempre me gusta decir que el dinero puede ser nuestro mejor esclavo, pero es siempre el peor amo. Si dejamos que tome las decisiones en nuestra vida, estamos perdidos. Si todo lo que queremos es tener más, somos miserables. «El dinero no hace la felicidad» han dicho muchos, otros han añadido: «La compra hecha» pensando que al tener mucho dinero uno puede permitirse cualquier cosa, y no es así.
Cuando lo tienes todo, pierdes la capacidad de agradecer, la belleza del proceso de conseguir y la fascinación de admirar.
No hace mucho tiempo leí la historia de un hombre que quería ser rico y pidió al destino un periódico del año siguiente para ver los valores de la bolsa. Invirtió todo su dinero en lo que iba a darle riqueza, y descansó al saber que en muy pocos meses sería multimillonario. Pero todo terminó cuando al seguir leyendo el periódico descubrió en él su propia esquela.
Muchos «Acumulan riquezas y no saben para quién las recogen» (Salmo 39:6) viven su vida entera intentando tener y aparentar… para pasar al otro mundo tan vacíos como llegaron. Y bueno, cada uno es dueño de lo que hace y sabe (o cree saber) el porqué de sus actos. Ya tiene quien le juzgue.
Desgraciadamente muchos que han querido luchar contra la opresión y favorecer a los pobres y necesitados, terminaron de la misma manera que aquellos a quienes criticaban. ¡Qué difícil es tener dinero y saber utilizarlo! ¡Qué complicado es seguir siendo el mismo cuando la ceguera del materialismo te impide ver la necesidad de los demás¡ ¡Cuántos han caído esclavizados en el consumo y la ambición, destrozando sus propias vidas!.
Mientras tanto, hay muchos que mueren. Muchos que no pueden terminar este día porque a lo largo de las últimas semanas no han tenido qué comer. Casi la mitad de la población del mundo no ha tenido la oportunidad de ir a la escuela ni una sola vez en su vida. Más de dos mil millones de personas no tendrán un techo bajo el cual cobijarse cuando tu estés durmiendo esta noche.
La próxima vez que te levantes para tomar un vaso de agua, recuerda que hay dos mil millones de personas en el mundo que no pueden hacerlo. Y no olvides que Dios ama a aquellos que ayudan al que no tiene.

Jaime Fernández
Pedagogo, músico y escritor

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